El premio de los paralímpicos

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    lne.es – Maravilla conocer los historiales de superación, en condiciones físicas disuasorias, de los participantes españoles en los recientes Juegos Paralímpicos de Londres. Verdaderos ejemplos de tesón personal que merecen ser difundidos en tiempos de tribulación y pesimismo como los actuales. Todos ellos -Chano Rodríguez, Richard Oribe, Sarai Gascón y los demás- atesoran en plena juventud biografías absolutamente admirables. Para glosar los méritos de todos, entre ellos varios asturianos, no bastaría un artículo de prensa.

    Tomemos el caso destacado de María Teresa Perales, abanderada de la selección, afectada de una neuropatía severa a temprana edad y postrada en una silla de ruedas, que ha conseguido en natación 22 medallas (oros, platas y bronces) en la Olimpiada londinense, récord histórico que la iguala al fenómeno Phelps y al que hay que sumar las ya conseguidas en Sidney, Atenas y Pekín, además de los Campeonatos de Europa y del mundo.

    El finalista del reciente premio «Príncipe de Asturias» del Deporte era, como es sabido, el Comité Paralímpico Internacional, ente colectivo (¿por qué no los propios participantes?) que fue derrotado por la candidatura de los futbolistas Iker y Xavi. A mi modo de ver, algunos jurados parecen pronunciarse con arreglo a determinadas tendencias, objetivos o presiones de la opinión pública, lo que rebaja el prestigio de los galardones.

    Mal pensamiento éste que se ha visto reforzado por el último discernimiento a favor, como digo, de estos dos jugadores de fútbol, muy glorificados ya en sus actividades deportivas y sociales. Sin poner en duda los méritos que los jurados estiman para respaldar su decisión (ejemplaridad, «filosofía de equipo», actitud conciliadora, compañerismo, amistad entre ambos premiados?), virtudes humanas sin duda deseables en la juventud pero que no suponen un hallazgo mundial digno de un premio que aspira a codearse con el Nobel.

    Entiendo que el jurado ha interpretado estos afectos personales como constitutivos de una destacable actitud deportiva, sin referencia al esfuerzo para la consecución de metas de superación personal, concepto clave que está en el reglamento. El comentarista no tiene nada contra los dos magníficos deportistas premiados, que además parecen buena gente, pero permítaseme que ponga en cuestión provisionalmente la justicia y la oportunidad del veredicto.

    Estos chicos, por otra parte, han sido generosamente dotados de facultades físicas por la madre naturaleza, hacen lo que les gusta y lo hacen bien, ganan dinero a espuertas, son idolatrados por las muchedumbres y, lo que es más llamativo, fueron ya galardonados por la Fundación misma en 2010 por haber ganado con su equipo para España el Campeonato Mundial.

    Tengo por cierto que en los jurados muy numerosos, como es el caso, suelen triunfar las minorías fuertes decididas a imponer su voluntad o la tesis oficial. Desconozco si ha sucedido así en el que nos ocupa, pero sospecho que la votación final no ha sido unánime, por lo que sería muy interesante conocer los resultados con nombres y apellidos.

    Acabo de leer la última entrevista con María Teresa Perales en la que concreta así su fértil pensamiento: «Nadie estará contento si pasa el tiempo quejándose y mirándose el ombligo? Yo soy feliz, creo en Dios y nunca le he echado la culpa a nadie de mi situación».

    Los paralímpicos no han recibido la distinción que hubieran merecido, pero con su actitud y la filosofía que resumen estas palabras nos han otorgado un premio a todos los demás.

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