Sergio Ibáñez continúa rompiendo barreras en el tatami

El judoka aragonés, medallista de plata en los Juegos Paralímpicos de Tokio, gana la Copa de España absoluta ante rivales videntes en categoría -73 kilos.

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El pasado agosto, en el Nippon Budokan, ‘sancta santorum’ de las artes marciales, Sergio Ibáñez hizo historia tras conquistar la plata en -66 kilos, la medalla número 20 del judo español en los Juegos Paralímpicos. Ahora acaba de añadir otro éxito a sus vitrinas tras conquistar el oro en la Copa de España absoluta frente a rivales videntes. No hay barreras para el aragonés, que sigue rompiendo moldes sobre el tatami y desafiando cada obstáculo con llaves de inclusión.

Para el zaragozano de 23 años, que tiene un resto visual del 22% por un problema de nacimiento en el nervio óptico y es fotosensible a la luz, no es nada nuevo medirse a judokas que sí ven, ni tampoco ganar medallas. De hecho, ya acumula varias en su palmarés. En 2018 logró una plata y un bronce en dos pruebas de la Copa de España, ese mismo año también se colgó una plata en el Campeonato de España, una competición en la que repitió podio con un bronce en 2020.

Su última cosecha ha llegado en Marín (Pontevedra) tras ser el mejor deportista de los 34 participantes en -73 kilos, peso al que se ha visto obligado a subir este año ya que han eliminado su anterior categoría para los Juegos de París 2024. En primera ronda se deshizo del asturiano Alejandro González, en los siguientes combates se impuso a los portugueses Otarl Kvantizdze y Joao Crisostomo, en semifinales venció al vasco Aitor Goikoetxea y logró el oro tras ganar en la final al noruego Yoan Tutunarov.

Una gesta que reafirma que se trata de un gran ejemplo de inclusión en el deporte. El judoka español afronta la temporada con la ambición de demostrarse a sí mismo que también puede dominar en una categoría en la que necesitará más fuerza para aguantar las potentes acometidas de sus rivales y poder moverles. Ya tuvo que subir de peso hace un par de años por problemas de salud ya que lo estaba pasando mal para estar en 60 kilos por su envergadura. Era un cambio arriesgado porque estaba en mitad de la clasificación para los Juegos Paralímpicos, pero trabajó duro y llegó a Tokio en las mejores condiciones para alcanzar la plata.

El pupilo de Javier Delgado comienza a ofrecer un buen rendimiento en -73 kilos con un resultado que le otorga confianza de cara a las próximas pruebas internacionales. Ya debutó hace unos días con un bronce en el Egyptian Pyramids disputado en Alejandría. A finales de abril tendrá una nueva oportunidad para continuar creciendo y demostrar su ambición en el Grand Prix de Antalya (Turquía). Después afrontará el Grand Prix de Kazajistán, el Europeo en Cagliari (Italia) y el campeonato del mundo en Baku (Azzerbaiyán).

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