David Mouriz, el ‘cañonero’ del basket en silla que nunca se rinde ni caduca

El ferrolano (39 años), uno de los mejores triplistas de Europa, fue clave en la primera Copa del Rey conquistada por el Bidaideak Bilbao. “Es un milagro. Si alguien me hubiese dicho en septiembre que íbamos a ser campeones, le habría respondido que está loco”, comenta.

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‘Nunca choveu que non escampara’, o lo que es lo mismo, «pese a las malas rachas, sigue adelante que al final saldrán las cosas». Ese ha sido el mantra que ha guiado siempre a David Mouriz, un gladiador del baloncesto en silla de ruedas, un jugador con una muñeca prodigiosa, un cañonero que nunca caduca y que ha llevado al Bidaideak Bilbao, un club modesto, a conquistar de forma heroica su primera Copa del Rey pese a las adversidades con las que tuvo que lidiar. A base de triples, de carácter, entrega y de un infatigable rendimiento, el gallego ha sido una pieza indeleble del nuevo éxito de la escuadra vizcaína.

Ya ganó la Eurocup 1 en 2019 y la Liga de División de Honor en 2021, pero la marcha el pasado verano de gente como Jordi Ruiz, Jhon Hernández o Jannik Blair le obligaba a reinventarse otra vez. Y llegaron más problemas, lesiones y bajas por Covid-19 que impedían realizar entrenamientos de calidad. “Había días en los que entrenábamos cuatro personas y solo podíamos hacer sesiones de tiro o jugar un dos para dos. Ha sido un año muy complicado, después de todo lo que hemos pasado, ganar la Copa es un milagro. Si alguien me hubiese dicho en septiembre que íbamos a ser campeones, le habría respondido que está loco”, asegura entre risas el ferrolano.

Al inicio de la temporada, en sus cabezas no entraba el pensamiento de alzar un título por las dificultades con las que se topó la mermada plantilla. Llegaron las ausencias del argentino Albert Esteche, de Xabi Iragorri y, sobre todo, la de Asier García, el director de orquesta y líder de este equipo, uno de los mejores bases del mundo, que tuvo que pasar por el quirófano para operarse del hombro cuando apenas había disputado nueve partidos. “A veces llegaba a casa cabreado y frustrado porque no podíamos entrenar en condiciones al ser tan poca gente, pero seguimos aguantando y empujando por amor al club y a este deporte”, reconoce.

Con Asier en el dique seco, a Mouriz le tocó ser el mascarón de proa del equipo. “Me gusta asumir ese rol y responsabilidad, no siento presión, en los partidos importantes me crezco. Hubo una conjura, hablamos en el vestuario y teníamos claro que todos debíamos dar un paso adelante y trabajar para rendir. Mis compañeros mostraron su confianza y me hicieron ver que tenía que dirigir el barco, subir la bola, generar juego desde el espacio y el tiro”, dice. Y cumplió con las expectativas tras firmar sus mejores números: 18,3 puntos por partido y anotando 47 triples en 19 partidos de Liga, en la que Bilbao quedó cuarto a un solo triunfo del campeón, el Amiab Albacete.

Llegaron a la Copa del Rey sin nada que perder. En cuartos esperaba el CD Ilunion, club que monopolizó el baloncesto español en las dos últimas décadas, y que llegaba tras ser subcampeón de la Champions League. El gallego solo estuvo 12 minutos en la cancha ya que fue descalificado por dos técnicas tras un rifirrafe con Amadou Diallo, su compañero de selección desde 2015. “Me comí mucho la cabeza, estaba como un león enjaulado, ves que no puedes ayudar y lo pasé mal. Los jugadores estuvieron increíbles, Txema Avendaño tiró del carro, Biel Carbó mostró aplomo con 19 años, Luis Jasso, Manu Lorenzo y James MacSorley se partieron la cara y ganamos (69-63)”, relata.

Unas horas después pudo desquitarse en semifinales ante Mideba Extremadura (68-50), fue imparable cuando entró en ebullición, aportando 28 puntos. “Estaba con hambre, concentrado y con ganas. Sin embargo, empecé mal, con un 0 de 3 en triples. Fue crucial Adrián Yáñez, quien me miró y me soltó: ‘No dudes, este es tu trabajo y sabes hacerlo, el porcentaje va a salir’. Esa confianza que me brindó el técnico me dio seguridad y salió el talento, a partir de ahí lo enchufé todo”, recuerda.

En la final frente al Econy Gran Canaria (72-67) demostró su sangre fría para decidir más allá de los 6,75 metros. Mantuvo su idilio con los triples, convirtió siete, cinco de ellos en un ratito genial en el segundo cuarto que hizo despegar a los suyos. “Había fallado un par de tiros de dos e íbamos perdiendo de seis y me dije: ‘Tengo que aparecer’. Y así fue. Para algo han servido los 100 triples que suelo lanzar en cada entrenamiento”, bromea. Acabó con 25 puntos y en el quinteto ideal del torneo (junto a Avendaño, Gaz Choudhry, Arie Twigt y Jorge Sánchez) tras promediar 19,7 puntos, 4,7 asistencias y 3,7 rebotes.

“Con el mismo quinteto llevamos ganando 20 partidos seguidos, pero los del banquillo y los que no jugaron, también aportan mucho. Las claves han sido la ambición, el carácter, la unidad y la confianza que hay en el grupo. Todos los años entra y sale gente del club, pero el núcleo duro siempre está: Asier García, Txema Avendaño, José Manuel Centeno, Manu Lorenzo, Álex Mendiluce y yo. Somos una familia e intentamos siempre que los nuevos se adapten y se sientan cómodos. A ello se le añade que tenemos un gran entrenador, Adrián sabe motivarte y sacar la mejor versión de cada uno”, asegura.

A las puertas de cumplir los 40 años, no se intuye su ocaso. Quiere afrontar nuevos retos y seguir dando guerra. Tiene el gen competitivo en su ADN, eso le ayudó a sobreponerse al accidente de moto que sufrió con 15 años y que le dejó en silla de ruedas. Al poco tiempo de salir del hospital comenzó a cimentar su trayectoria para convertirse en una referencia del baloncesto español, ganando la plata con España en los Juegos Paralímpicos de Río de Janeiro 2016 y en el Europeo de 2019. Sus tres únicos trofeos a nivel de clubes los ha levantado con Bidaideak.

“Ya no soy un chaval y me cuesta recuperar más en lo físico, pero estoy en mi mejor momento, me siento muy cómodo en la pista. No sé si para mucho rato, pero aún tengo gasolina. Este verano, desgraciadamente, tendremos descanso con la selección al no clasificarnos para el Mundial, pero me servirá para recargar pilas”, apunta. De momento, dejará unas semanas el baloncesto para ponerse a los mandos de la handbike y debutar en un Campeonato de España. “Será en junio en Valencia, le estoy dando caña, me apetecía probar un deporte individual, quiero disfrutar y ser competitivo. Mi preparador siempre me dice: ‘O chapa o ambulancia’. Así que trataré de llevarme una medalla”, recalca.

No estará en la concentración del combinado nacional en Madrid a comienzos del próximo mes por decisión propia. “Le pedí a Abraham Carrión descansar. La mayoría de los que fuimos a Tokio y al Europeo tampoco irán al torneo amistoso de Italia. Fue un palo quedarnos fuera del Mundial, aunque estoy seguro de que vamos a volver con fuerzas. Se nos ha complicado el billete para los Juegos Paralímpicos, pero si jugamos a nuestro nivel podemos ganar el Europeo de 2023, esta generación es capaz de meterse en París 2024”, apostilla.

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