Del accidente que le cambió la vida a ser motivo de superación para muchos

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Alejandro Fernández quedó parapléjico cuando tenía apenas 11 años. Representó por una década a la selección nacional de básquet sobre silla de ruedas y hace cuatro años compite en ciclismo adaptado, desde donde intenta lograr una mayor inclusión para las personas con discapacidad.

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Alejandro Fernández y su bicicleta (Facebook Alejandro)

Clarín.com.- Aquel accidente que sufrió cuando su padre chocó en la ruta un domingo por la noche y él apenas tenía once años le dejó a Alejandro Fernández otras secuelas tan profundas como la paraplejia que lo condenó a una silla de ruedas. Porque a pesar de que nunca dejó que su discapacidad se interpusiera en su búsqueda de progreso académico y profesional, no supo durante varios años todo el potencial que tenía. Fue recién a los 28 cuando descubrió que podía hacer mucho más de lo que pensaba. Primero gracias al básquet en silla de ruedas, en el cual representó por una década a la Argentina. Y luego por el ciclismo adaptado. Ahora, mientras se destaca arriba de la bicicleta, intenta incentivar a chicos discapacitados para encontrar en el deporte herramientas de superación.

Alejandro representa desde hace cuatro años en ciclismo adaptado al Centro de Inclusión Libre y Solidario Argentina (CILSA), la misma ONG que ofrece programas para discapacitados y en la que antes jugó al básquet (participó, entre otros torneos, de los Juegos Panamericanos de Río de Janeiro 2007). «Busco demostrar que un discapacitado puede entrenarse y enseñarles a amigos o padres de chicos con discapacidad que hay otra cosa para hacer, no quedarse en la casa», le cuenta a Clarín antes de ponerse a pedalear con sus manos en el KDT sobre una Shimano. Luego, añade: «Yo me relaciono con padres de discapacitados y les digo: ‘¿no quiere hacer un deporte tu hijo?'»

La promoción del deporte que hace Alejandro en su trato diario con otras personas o también al dar charlas al respecto tiene que ver con su experiencia personal. «Cuando comenzás a hacer un deporte la mente se abre, por eso les insisto. El deporte me hizo darme cuenta de que lo hacía bien, de que no era un bicho raro como muchas veces puede parecer». También apunta: «Ves que hay gente que se cuida de determinada manera, con determinada disciplina y te ayuda a cuidarte».

Pasaron 13 años desde que un amigo de su madre la consultó para llevarlo a jugar al básquet y la vez en la que efectivamente comenzó a hacer picar la pelota sobre el parqué. «Los chicos con discapacidad viven muy sobreprotegidos, en una burbuja, porque los padres tienen miedo. El deporte les ayuda a conocer su cuerpo, a interactuar y a saber que pueden», apunta Alejandro, quien agrega que también, gracias al deporte, se conocen las vivencias de otras personas con discapacidad. «Sobre todo, con el deporte estás más abierto a recibir información».

«En CILSA, a un chico de 15 años lo traía el papá, le armaba la silla de ruedas, le daba el almohadón, le buscaba la silla de ruedas de básquet que estaba a 50 metros. Si el pibe puede jugar básquet, ¿cómo no va a ir a buscarse la sillla?'», ejemplifica. «Ese padre al menos lo había traído al club, otros no quieren sacar a sus hijos de la casa», aclara. «Con CILSA doné una silla de ruedas en una escuelita de Villa La Angostura en 2013 y me di cuenta de las falencias que hay con la gente con discapacidad. Se limitan mucho y me di cuenta de que podés ayudar un montón con el deporte», considera Alejandro, quien dice que intenta «hacer volar la imaginación de los chicos».

Un espíritu competitivo que sorprende a los demás

Alejandro se entrena martes, jueves y sábado sobre su bicicleta en KDT y lunes, miércoles y viernes realiza gimnasio cerca de su casa, en San Martín, donde trabaja junto a su hermano en una gráfica. Allí, en el circuito porteño, Fernández busca superar sus marcas con el anhelo de ser olímpico. Aunque, admite, le falta camino por recorrer. «Nuestra próxima meta junto con Andrés Biga Vidal (también corredor de ciclismo adaptado) es competir en una carrera convencional de Argentina, no en la modalidad adaptada», ambiciona. Ambos ciclistas estuvieron el año pasado en la etapa del Tour de France que se realizó en Córdoba en la modalidad adaptada y dejaron varias sorpresas. «Al llegar a una pendiente, en la cual muchos cruzaban caminando con sus bicicletas de lo empinada que era, había gente que me decía que ya había hecho suficiente. Yo la pude subir con los brazos y no lo podían creer», recuerda, mientras remarca sus agradecimientos a su esposa Cecilia y a su entrenador Jony Inhurrart.

 Entre sus metas inmediatas está volver, como en 2014, a realizar los 110 kilómetros de la Carrera de los Siete Lagos, organizada por la Unión 7 Lagos. Y sabe que, además de vivirlo como una superación personal, será un testimonio para muchas personas de lo que puede hacer alguien con discapacitados. Algo sobre lo que asegura que existen muchos prejuicios.

«Al entrenarme en KDT me cruzo con mucha gente y ellos se dan cuenta de mi esfuerzo y de que puedo ir rápido», explica antes de ponerse la indumentaria de Coach Argentina para entrenarse. También recuerda una de las competencias de running de 10 kilómetros en la que participó sobre su silla de ruedas. «Un señor me dijo que como llovía pensó en no ir. Y que cuando me vio se dijo ‘¿cómo no iba a venir?, menos mal que vine'».

Para Alejandro, sus metas no pasan solo por ser cada vez más veloz. Él lo resume con claridad: «Quisiera motivar a la gente, a los discapacitados y a los no discapacitados, a que hagan cosas, a que no se queden en el lugar».

CILSA, el gran responsable

CILSA es una ONG que apunta a «promover la inclusión plena de personas provenientes de sectores marginados de la sociedad como niños, niñas y adolescentes en situación de vulnerabilidad social y personas con discapacidad».

Fue en esta organización, nacida en 1966, en la cual Alejandro se desarrolló en el básquet hasta alcanzar el seleccionado nacional y es la misma que apoya cada uno de sus viajes para competir en el país. «CILSA hace conocer que hay un montón de cosas que puede hacer un discapacitado, como ponerse a estudiar o hacer deporte. Ellos ayudan a resolverle la vida a gente con discapacidad», explica.

 

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