Cada día acompañaba a un amigo al gimnasio de su instituto para ver los entrenamientos del Club de Tenis de Mesa Móstoles. Eduardo Cuesta pasaba horas sentado en un banco, cautivado y sin mover un músculo de su cara, un día tras otro, viendo a los chicos golpear aquella minúscula bola. Hasta que decidió dar el paso y le preguntó a Adolfo Gómez -su entrenador- si podía probar. Desde aquel momento no se ha separado de una pala. Tenía 12 años y una discapacidad intelectual del 40%. Disciplinado, porfiado y con una zurda eléctrica, lleva dos décadas en la élite de este deporte con una carrera plagada de éxitos. En unos días disputará en Tokio sus segundos Juegos Paralímpicos.
“Jugaba al fútbol en el parque como cualquier niño, pero al ver el tenis de mesa me enganchó, aunque hasta el tercer día no me atreví a probarlo. Me sorprendió mucho por la rapidez de movimientos, los reflejos y porque me divertía. En la mesa me sentía igual que el resto de chicos. Eso sí, al principio no le daba a ninguna bola”, recuerda entre risas. Apenas llevaba dos años practicando y se plantó en el Mundial de Lisboa, donde quedó subcampeón. “No me lo esperaba, veía que destacaba en algo y fue un impulso para continuar”, relata.

Cuesta también ha tenido que esquivar piedras a lo largo de su camino, como quedarse fuera de los Juegos de Londres 2012, en los que se levantó el veto a los deportistas españoles con discapacidad intelectual, castigados por el fraude de Sídney 2000, cuando España ganó el oro arrasando a sus rivales en baloncesto con 10 jugadores sin ningún tipo de discapacidad. No jugó durante el año 2011 por “una falta de entendimiento” entre la Federación Española de Deportes para Personas con Discapacidad y la Federación Española de Tenis de Mesa.
“Mi nombre no aparecía en los listados de ninguna de las dos y no me llamaron para disputar torneos. Pasé de ser el número uno del mundo al siete y a los Juegos solo iban los seis mejores. Me fastidió mucho, había trabajado duro para ir a Londres y lo tuve muy cerca. Pero me dio fuerzas para seguir y pensar en los siguientes”, asevera. Los de Río de Janeiro 2016 no se los perdió: “Fue un sueño hecho realidad, disfruté de la experiencia. Es lo más grande que le puede pasar a un deportista”.
El madrileño, que figura en el Top 5 del ranking, tendrá que lidiar en Tokio con rivales como el belga Florian van Acker, el húngaro Peter Palos, el francés Lucas Creange, el australiano Samuel Philip von Einem y el surcoreano Tae Kim Gi. “Puedo hacerles frente a los favoritos, ya sé lo que es ganarles y puedo repetirlo. Me siento fuerte y capaz de competir con los mejores, estoy con mucha ilusión y con ganas de darlo todo en cada partido. Mi objetivo es mejorar lo que hice en Río, que sería pasar la fase de grupos, y conseguir la medalla paralímpica, la única que me falta en mi palmarés y voy a pelear por ese sueño”, añade Eduardo Cuesta.