El reto más complicado de José Manuel Ruiz, el maestro de la pala

El granadino se lesionó el tendón de Aquiles a cinco meses de Tokio, pero se ha recuperado a tiempo para competir en la capital nipona, donde igualará a Puri Santamarta, Kike Soriano y Xavi Torres con siete Juegos Paralímpicos.

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José Manuel Ruiz estará en los Juegos de Tokio tras superar una lesión en el tendón de Aquiles. Fuente: RFTEM

Una mañana de verano de 1996, a José Manuel Ruiz le comunicaron que preparase la maleta porque iba a viajar a Atlanta para disputar los Juegos Paralímpicos. Aquel imberbe granadino de 17 años pensó que se trataba de una broma, llevaba menos de un lustro jugando al tenis de mesa. El seleccionador nacional por entonces, Manolo Casas, confió en él y le dio la oportunidad a través de una invitación. “Aquello me pareció un parque de atracciones”, confiesa. En la ciudad estadounidense comenzó a esculpir una dilatada y exitosa trayectoria repleta de logros.

Ahora, con 43 años, este maestro de la pala y la mesa azul hará historia en Tokio, al igualar a Puri Santamarta, a Kike Soriano y a Xavi Torres con siete Juegos. Aunque el sueño casi se esfuma por la única lesión grave que ha tenido en toda su carrera, la rotura del tendón de Aquiles de su pierna derecha de la que se ha recuperado a contrarreloj. En marzo pasó por el quirófano y a las dos horas de la operación ya empezó su lucha titánica contra el tiempo. “No había segundo que perder. Fue un momento crítico, se me vino el mundo encima. Con lo dura que fue la clasificación, ves que todo ese esfuerzo y trabajo de casi cinco años se derrumbaba. Lo pasé mal, pero enseguida vimos que había una luz de esperanza y me agarré a ella”, explica.

El accitano dedicó ocho horas diarias en la rehabilitación, alternando los cuidados de la herida -19 puntos le dejó la cirugía- y de la pierna con fisioterapia y ejercicios para mantener la forma física. Y sin dejar la pala para no perder el toque, primero sentado sobre un pupitre, luego apoyando el pie con una férula. “Lo afronté desde el principio como un aprendizaje y con paciencia, como un escollo más en este difícil camino para llegar a Tokio. Lo más duro ha sido estar lejos de casa, sin mi mujer y mis hijas”, afirma. Por ello, después de varios meses en el CAR de Madrid, la última parte de la recuperación la hizo en Granada, necesitaba sentir el aliento de los suyos.

“Quería salir de la rutina y cambiar de aires me vino muy bien. Mis sensaciones en estas últimas semanas están siendo buenas, se están cumpliendo los plazos y el tendón está respondiendo bien. Estoy a un 75% de mis posibilidades, pero en Tokio espero estar lo más cerca posible de mi mejor versión”, recalca Ruiz, quien gracias a su tenacidad y al trabajo del equipo médico del Comité Paralímpico Español, del preparador físico José Ángel Espejo y de la psicóloga Manuela Rodríguez ha desatado su particular nudo gordiano y ha recobrado la libertad en la mesa.

Tres décadas golpeando la pelota

Lleva tres décadas hechizado por la destreza, la velocidad y el sonido que repiquetea la ligera pelota. Lo descubrió un día en el Polideportivo de Guadix, que hace unos años fue rebautizado con su nombre. “Había practicado un amplio abanico de deportes como fútbol, baloncesto, tenis, ciclismo, balonmano e incluso llegué hasta cinturón naranja en judo. El tenis de mesa fue el último que probé y me enganchó, descubrí que tenía un talento oculto, asimilaba los gestos y golpes muy rápido. Pasaba más horas en el pabellón que en casa. Me ayudó en mi desarrollo personal y en la toma de decisiones ante cualquier dificultad o reto”, afirma.

Juan Requena fue el primero que moldeó su figura en el Club ADA, también aprendió en el Club La Raqueta al lado de Manuel Robles, uno los pioneros del tenis de mesa adaptado, y dio un salto de calidad en las filas del CajaGranada, el club nacional más laureado. “Allí empezó a entrenarme Vladimir Choubine, al que le debo mucho. Para mí fue una suerte que me abriesen las puertas, supe sacarle el máximo provecho a los recursos que me ofrecieron. Y siempre midiéndome a gente sin discapacidad”, dice el andaluz, que nació con agenesia congénita en el brazo derecho, algo que no fue óbice para disfrutar de su pasión y codearse con los mejores.

Con determinación, estoicidad e inagotables recursos se ha labrado un palmarés excelso. Desde la plata en el Campeonato de España de 1995 en Valencia hasta la plata en el Open Costa Brava de 2020, las vitrinas de Ruiz superan con creces el centenar de medallas. Casi 30 las ha conseguido en mundiales y en europeos, y de ellas, hay dos que tiene grabadas con punzón dorado. “La de París 1998, en la que fui campeón del mundo por equipos junto a Enrique Agudo, formamos un tándem espectacular. Y también el oro individual en categoría Open en el Mundial de Corea 2010. Mi tío había fallecido unos meses antes y lo pasé muy mal, no tenía motivación ni ganas de entrenar, pero él empujó desde donde estuviese y pude dedicarle la victoria”, reconoce.

Aunque las más especiales para él son las cinco que ha conquistado en los seis Juegos Paralímpicos disputados y que resume de forma somera: “En Atlanta 1996 era un adolescente y pagué mi inexperiencia y juventud. Estar allí ya era un premio, fue una sorpresa. En Sídney 2000 llegó la confirmación del trabajo y la evolución, saqué un bronce por equipos y una plata individual, la más importante para mí. A Atenas 2004 fui bien preparado, pero caí en semifinales y también en el partido por el bronce por pequeños detalles”.

“Pekín 2008 fue una mezcla de sensaciones, era número uno del mundo y no supe gestionar las altas expectativas, perdí en cuartos. Pero me levanté dos días después del golpe anímico y por equipos logramos la plata frente a los chinos, fue inolvidable. En Londres 2012 aparecieron jugadores como el polaco Patryk Chojnowski o el indonesio David Jacobs, que me arrebató el bronce. Con Jorge Cardona volví a ganar por equipos un bronce. Y en Río de Janeiro 2016, además de la plata por equipos rozando el oro ante China, fui el abanderado español en el estadio olímpico de Maracaná, algo único e irrepetible”, prosigue.

Siete Juegos Paralímpicos

El palista accitano, profesor de Educación Física, añadirá ahora otro hito en su carrera, ya que en Tokio se convertirá en el español en activo con más Juegos Paralímpicos -junto al nadador Xavi Torres-, igualando las siete citas de Puri Santamarta y de Kike Soriano. “Entrar en ese selecto club es un gran orgullo y una recompensa a tantos años manteniendo la regularidad y también al trabajo de las personas que me rodean”, asevera.

Para Ruiz, esta ha sido la clasificación que más le ha costado de todas. “Tuve que sudar mucho para lograr el billete. Viví varios episodios muy complicados que me afectaron anímicamente: el ictus que sufrió mi entrenador Vladimir Choubine, del que ya está recuperado, y la eliminación en la fase de grupos en el Europeo de 2019. Pero si algo tenemos los deportistas es capacidad para superar situaciones adversas”, explica. Y para más inri, a cinco meses de los Juegos llegó el mazazo de la lesión que casi le deja en casa.

El granadino aterriza en la capital japonesa con una ilusión tremenda para afrontar su desafío más difícil y siendo consciente de que solo con estar allí ya es un logro. “Una medalla es súper cara y más aún en mis circunstancias, pero soy muy competitivo y cuando salgo a la mesa intento siempre ganar. Quién sabe, quizás ahora que voy con menos presión pueda conseguirla. Lo más importante es quedarme tranquilo habiendo dado lo mejor de mí”, subraya Ruiz, un jugador incombustible que no descarta llegar a París 2024: “A la vuelta nos sentaremos y tomaremos decisiones. Necesitaría que el cuerpo responda, seguir teniendo motivación y contar con apoyo para jugar con las mismas cartas que mis rivales”. Mientras tanto, saborea cada golpe como si fuese el último. Pase lo que pase, ‘que le quiten lo bailao’.

TEST TOKIO 2020. Conociendo a José Manuel Ruiz

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