Pocas zonas de su cuerpo se han librado de las punzadas de la aguja. Cada tatuaje que luce Higinio Rivero representa algún momento importante de su vida. Un funeral vikingo en honor a su padre fallecido, el nacimiento de un río y una cascada, un cementerio con la fecha de su accidente o una columna vertebral en la espalda en alusión a su familia, dibujo que curiosamente se hizo poco antes del día que viró su rumbo. En 2013 una caída desde 15 metros de altura mientras escalaba le provocó una lesión medular. El piragüismo le permitió reflotar y ahora cumplirá el sueño de disputar sus primeros Juegos Paralímpicos.

Ocurrió en Ramales de la Victoria, una de las zonas de escalada más emblemáticas de la cordillera Cantábrica, un lugar al que ha vuelto en varias ocasiones con sus amigos. “Aunque ahora, más que escalar montañas, me arrastro por la pared”, bromea. Allí se truncó su sueño de ser piloto de línea aérea, llegó incluso a trabajar como instructor de vuelo, pero se le abrieron las puertas del piragüismo. “Recuperé la ilusión y la motivación y me enganchó porque me gusta estar en contacto con la naturaleza, por la tranquilidad que me da estar en el agua”, explica el vasco, 88 kilos de puro músculo.
Empezó en la modalidad de maratón y ganó los mundiales de 2016 y 2017, pero decidió cambiar a la disciplina de sprint porque le seducía la idea de estar en unos Juegos Paralímpicos. Y en apenas tres años se ha convertido en uno de los mejores palistas del mundo, consiguiendo en el Mundial de Hungría de 2019 el pasaporte para Tokio en categoría canoa VL2 200 metros. “Lo logré pese a estar con placas en las amígdalas y tomando antibiótico. A día de hoy aún no me lo creo. Tras el accidente la vida me regaló otra oportunidad a través del deporte y quería aprovecharla”, confiesa.
Primeras medallas en sprint
Esos cambios se han visto reflejados en el agua con resultados muy positivos. En la Copa del Mundo de Szeged (Hungría) en mayo se llevó el bronce y en el Europeo de Poznan (Polonia) en junio alcanzó la plata, sus primeros metales a nivel internacional en sprint. “Se va cumpliendo la previsión que teníamos, sabía que esta temporada estaría en un pico alto de forma, en mi mejor nivel. Estas medallas me han dado un plus de confianza, me veo muy fuerte y capaz de luchar con los mejores. En el canal húngaro estaban los más potentes, entre ellos el campeón del mundo, que se quedó fuera de la final. Y pude colarme en el podio como tercero”, explica.
Otro referente para él es el medallista olímpico Saúl Craviotto, abanderado español en Tokio. “He coincidido con él de vez en cuando en Trasona y me ha dado consejos. Que alguien como él, que ha cosechado tantos éxitos se interese por mí es una motivación extra”, subraya Rivero, cuyas últimas marcas de tinta que adornan su piel son un árbol de la vida con un templo japonés como guiño a Tokio, así como el símbolo del yin-yang entre dos alas, una del ave Fénix y otra de un dragón. “Representa el equilibrio y la célebre cita de Frida Kahlo: ‘Pies para qué os quiero si tengo alas para volar’. Esa es mi máxima, así me siento yo en la piragua”, afirma.
Con esa fe y determinación confía en navegar hasta el podio en los Juegos Paralímpicos. “De vacaciones no voy, quiero plantar batalla y luchar por las medallas. Estoy entre los primeros en el ranking mundial y habrá que estar concentrado desde que se levanta el cepo porque cualquier error te condena. El brasileño Fernando Rufino de Paulo es el favorito y está un escalón por encima del resto, es difícil ganarle. Luego hay un grupo de palistas muy parejos que pelearemos del segundo al quinto puesto. Sé que puedo dar la sorpresa y colgarme una medalla”, sostiene.