Miguel Luque, un bracista fiable que siempre cumple en el agua

Con la de Tokio, el veterano nadador acumulará seis participaciones en los Juegos Paralímpicos. En los cinco anteriores ganó siempre una medalla en 50 braza SB3. “Intentaré no romper la racha, voy a por la sexta”, dice.

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Miguel Luque durante una prueba de 50 braza, en la que ha ganado cinco medallas paralímpicas. Fuente: CPE

Lleva toda una vida a remojo, más de dos décadas destilando su talento, disciplina, tenacidad y ambición en el agua. Miguel Luque, veterano de ‘guerra’ con muchos años de servicio en la piscina, es un inconformista y apasionado de su deporte que mantiene un pulso con la genética para continuar al más alto nivel. A punto de cumplir 45 primaveras, el catalán acumulará en Tokio seis participaciones en Juegos Paralímpicos. En los cinco anteriores cazó medalla, una en cada edición y siempre en la misma prueba, el 50 braza SB3. “Voy a por la sexta”, dice con convicción.

Cada temporada vuelve a la carga con energías renovadas, la ilusión y las ganas son las mismas con las que irrumpió en la natación. “En algún momento pensé en dejarlo, pero la libertad que me aporta, la pasión y esa adrenalina por competir me hacen seguir dando brazadas”, asegura. Nació con atrogriposis múltiple congénita, que le produjo una malformación e inmovilidad en las piernas. “Nunca ha supuesto un problema para llevar una vida normal. Desde niño, en casa me enseñaron a desenvolverme y a valerme por mí mismo para hacer las mismas cosas que mis cuatro hermanos. La discapacidad me ayudó a desarrollar otras capacidades que me han permitido vivir grandes momentos”, explica.

Con cinco años comenzó a nadar como herramienta terapéutica para contener la degeneración, evitar dolores y mejorar su enfermedad. Y a los 12 años, en las pistas exteriores del Hospital de San Rafael (Barcelona) descubrió el baloncesto en silla de ruedas, llegando a jugar en la Liga Nacional. “Era un jugador del montón, ni bueno ni malo, me defendía. Jugaba de alero y allí tuve de compañero al gran Jaume Llambí, de los españoles más laureados. Lo compaginé con la piscina unos diez años, pero al final me decanté por la natación. Me lo tomé en serio a raíz de Barcelona’92, quería acudir a unos Juegos Paralímpicos, así que tenía que dedicarle más horas a nadar”, cuenta el de Parets del Vallès.

En un campeonato internacional en Sheffield (Gran Bretaña) en 1999 descorchó su potencial y desde entonces ha vivido instalado en el podio, cosechando más de una veintena de medallas en mundiales y europeos. “Una de las más especiales fue el oro en el Mundial de Glasgow en 2015. Habíamos formado un gran equipo de trabajo con el que desde entonces es mi entrenador, Joan Serra”, recalca. Aunque las que más brillan en sus vitrinas son las cinco preseas paralímpicas en 50 braza SB3, su prueba fetiche.

Cinco medallas en cinco Juegos

Su bautismo en unos Juegos fue por todo lo alto tras conquistar el oro en Sídney 2000, “era un novato, pero me comía la piscina de la ilusión que llevaba, ese logro fue el impulso necesario que me hizo seguir”. Retuvo su corona en Atenas 2004 con otro metal dorado y sumó un bronce en relevos: “Ahí di un salto de calidad, había trabajado muy duro y el sacrificio de tantas horas en la piscina valieron la pena”. En Pekín 2008 sacó el bronce “a pesar de que fue un año raro para mí por temas personales, no estuve a la altura, pero conseguí medalla”. En Londres 2012 ganó una plata, quedándose a dos centésimas del oro y en Río de Janeiro 2016 otra plata “haciendo una de las mejores carreras de mi vida”.

Con un tremendo nervio competitivo, Luque ha ido reinventándose cada curso, buscando cobijo en las técnicas más vanguardistas para optimizar su rendimiento, como el canal de flujo hidrodinámico del Tenerife Top Training, una especie de túnel del viento bajo el agua, o el análisis biomecánico en el Centro de Alto Rendimiento de San Cugat. “No me rindo todavía, puedo mejorar y rebajar mi marca, que está en 48.42 segundos. Cuando me lanzo al agua busco pulir la técnica en cada brazada y me he dado cuenta de que cada año entreno mejor. Ya no hago tantos metros como antes, pero sí entrenos de calidad para perfeccionar el estilo”, subraya.

El barcelonés también se multiplica en sus ‘Juegos’ de la vida diaria, en la que afronta tantos desafíos como le esperan en la piscina. Se levanta muy temprano y se acuesta agotado, pero el desgaste merece la pena cuando salen los resultados. “Ya no tengo 20 años, por eso ahora cuido más la alimentación o el descanso. Me he hecho más fuerte psicológicamente gracias a la gente que me rodea y que confía en mí, es el motor que me mueve. Y, por supuesto, una pieza clave es Joan Serra, mi entrenador, por su implicación. Él estudia y planifica todo y yo soy su reflejo en el agua. Somos una misma figura, remamos en la misma dirección, por eso las cosas me van bien”, añade.

En estos meses de preparación ha afinado su cuerpo y su mente para afrontar con garantías sus sextos Juegos Paralímpicos. “El trabajo ya está hecho, ahora toca disfrutar. No es fácil estar en el mayor evento deportivo, hay muchos que se quedan fuera, así que soy un privilegiado. No serán iguales que los anteriores por las restricciones obligadas por la pandemia de coronavirus, pero estoy con una ilusión tremenda”, comenta. El catalán confía en ponerle la guinda a su carrera con una nueva medalla, que tendría una dedicación especial para su amigo Sergi Mingote, alpinista que falleció el pasado mes de enero en el K2.

“Por desgracia, la montaña se lo llevó. Lo echamos mucho de menos, es un palo difícil de digerir, era una persona joven con tanta vitalidad que se prestaba a colaborar con cualquier proyecto solidario. Con él he compartido grandes momentos, uno de ellos el cruzar el Estrecho de Gibraltar para ayudar a los niños de la asociación APINDEP, que trabaja por la integración de las personas con diversidad funcional. Ojalá pueda subir al podio en Tokio y mirar hacia arriba para dedicárselo. Me veo fuerte y capaz de lograr buenos tiempos tanto en 50 braza como en 150 estilos. Me iría satisfecho si rebajo mis marcas, pero el objetivo es ganar medalla. Me he llevado una en cada cita, así que intentaré no romper la racha, voy a por la sexta”, finaliza Luque, un luchador que se supera en cada brazada, un valor seguro de la natación española.

TEST TOKIO 2020. Conociendo a Miguel Luque

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