«Es solo un momentito», «tardo dos minutos», «recojo al niño y me voy». Son algunas de las excusas más comunes de aquellos conductores que usan las plazas de aparcamiento para personas con movilidad reducida para evitar su desplazamiento. Un desplazamiento que las personas con movilidad reducida tienen muy complicado y que en algunos casos, le impide vivir su vida de manera autónoma.
Las plazas PMR necesitan un tamaño y una localización que permita que casi 2 millones de personas en España se puedan movilizar. La normativa pide 3,7 metros de ancho por 5 metros de largo. Estas medidas permite la apertura completa de las puertas para que una persona usuaria de silla de ruedas se pueda bajar o entrar al coche. En muchas ocasiones encuentran que esta zona, llamada de transferencia, también es ocupada por algún vehículo o moto.
Desde las diferentes entidades de discapacidad, influencers y personas autónomas, denuncian el constante mal uso que se hace de estas plazas. También de aquellos que usan la tarjeta autorizada de algún familiar e incluso, ya fallecido, para tener «un lujo» que para miles de personas que la necesitan, es vital.
Hay que recordar que el uso indebido de este documento, es un delito ley con penas de cárcel, retirada de la tarjeta y multa económica. En el caso de aparcar sin la debida autorización, la multa alcanza los 200 euros, aunque aún no hay retiradas de puntos, algo que reclama el CERMI Nacional a la propia DGT.