Hace unos días tuvo lugar la Semana de la Discapacidad. No quiero entrar a juzgar cómo la reivindican, conmemoran o visibilizan algunas personas o entidades; solo quiero contar mi visión y explicar qué puedo aportar yo a esa reivindicación, conmemoración o visibilización durante estos días. Vaya por delante que siempre será mejor hacer algo que no hacer absolutamente nada.
El Real Betis Balompié, a través de su Fundación, organiza diversas actividades en torno al 3 de diciembre, Día Internacional de las Personas con Discapacidad. En lo que a mí respecta, desde el año pasado nuestro equipo de fútbol para ciegos de la ONCE forma parte de los equipos inclusivos de la Fundación, junto al conjunto de amputados y al equipo de personas con discapacidad intelectual.
En estos dos años hemos vivido actos similares. Uno de ellos es la visita al entrenamiento del primer equipo masculino. El año pasado, por circunstancias del calendario, la experiencia fue algo más completa que esta vez. También el año pasado tuvimos la oportunidad de salir al campo junto al Betis antes del partido de Liga contra el FC Barcelona.
Este año no salimos con el equipo, pero sí que estuvimos, junto con los otros equipos de la Fundación, en el círculo central cantando el himno ante los casi 65.000 espectadores presentes en el Estadio de La Cartuja. La casualidad -o los “algoritmos” del calendario- ha querido que el partido más cercano al 3 de diciembre haya sido un Betis-Barça en dos años consecutivos, con la visibilidad internacional que eso conlleva.
En esta ocasión, durante el descanso del partido, mi compañero Pancho (Juan José Garrido) lanzó un penalti a nuestro portero Joni (Jonathan Ramírez). Sinceramente, me pareció de lo mejor que hemos vivido en estos actos. Al final, somos deportistas con discapacidad, y esta semana existe para reivindicarlo, pero no me gusta exagerar ni romantizar lo que hacemos. Algunas personas nos ven como héroes; otras, quizá, con condescendencia. A mí me gusta que la gente nos vea practicar deporte y forme su propia opinión, sin adornos.
En goalball -deporte en el que soy mucho más determinante que en el fútbol para ciegos- me encanta cuando vienen institutos o grupos universitarios. Jugamos con ellos, les lanzo penaltis, ellos viendo y yo con las gafas y sin visión. Siempre les digo que sería casi un insulto al equilibrio de la humanidad que, solo por ver, pudieran ser mejores que yo en un deporte al que he dedicado 23 años.
Sería tan ilógico como pensar que, por tener dos pies y una cabeza, cualquiera puede ser Messi. La verdad es que, salvo algún portero -como los de mi equipo- que ya me tiene cogido el truco, le gano a casi todos. Y sí, a veces me permito bromear un poco, para equilibrar esa balanza y que nadie piense que todas las personas con discapacidad somos seres de luz.
Volviendo al Betis: sin duda, el evento que más nos ha gustado este año fue el entrenamiento con el equipo femenino. Allí sí tuvimos tiempo para estar con ellas, explicar cómo funcionan nuestros deportes y hacer algunas prácticas de lanzamiento y defensa para que pudieran experimentar el fútbol para ciegos de una forma más real.
Como bético, siempre temí que fuera mi propio equipo quien nos acogiera. Cuando amas un club desde pequeño, cualquier decepción duele más que si viniera de un equipo cualquiera. Pero, hasta ahora, solo puedo agradecer al Betis todo lo que ha hecho por nosotros. Prefiero vivir el momento, disfrutarlo y guardarlo. Y, si algún día nuestros caminos se separan, lo que ya hemos vivido -que es mucho- no nos lo va a quitar nadie.