La viguesa Judith Rodríguez regresó a la alta competición en la Copa del Mundo de esgrima en silla de ruedas disputada en Pisa, la ciudad de la torre inclinada, y lo hizo como saben volver los que están hechos para competir: sin excusas y entre las mejores. Quinta en florete. A un asalto de las medallas, aun suspiro del podio.
Ya lo había advertido antes de viajar: está al 70%. El hombro derecho -ese que sostiene el arma, que marca el ritmo del combate, que dibuja ataques y defensas- todavía recuerda la operación de hace un año. Las molestias están ahí, pero también persiste su carácter.
Desde su última aparición internacional, cuando conquistó una plata y un bronce en Indonesia en septiembre, la gallega contaba los días para volver a la tarima. Echaba de menos el choque metálico de las hojas, la tensión eléctrica del “¡Allez!”, la mirada fija en el rival. En Pisa volvió a sentirse esgrimista.
Décimo puesto en espada
Como cuarta cabeza de serie, Judith quedó exenta de la fase de poules en espada. Entró directa al tablón de 16. Allí la sorprendió la rusa Alena Evdokimova, que se impuso por 15-12 en un duelo intenso, de alternativas constantes y detalles milimétricos. La derrota fue un aviso, el ritmo competitivo no se recupera en un solo día.
En florete, sin embargo, apareció su mejor versión. Más suelta, más incisiva. En el tablón previo a cuartos firmó un duelo vibrante ante la tailandesa Thitirat Pengprasittipong. Punto a punto, tensión máxima. La viguesa supo sufrir y cerrar el asalto por un ajustado 15-13.
En el tablón de ocho esperaba la húngara Anna Nadasdy. Esta vez el combate se inclinó pronto hacia el lado magiar. El 8-15 final dejó a la gallega fuera de las medallas, pero dentro del top cinco en su vuelta a la competición. Un quinto puesto que sabe a punto de partida.
Un calendario exigente
Hace año y medio, en los Juegos Paralímpicos de París 2024, Judith firmó un bronce histórico. Aquella versión afilada, explosiva y valiente es el horizonte. Pisa ha sido el primer paso para volver allí. Ahora toca afinar, recuperar, dejar que el hombro gane fuerza y confianza. El calendario no se detiene: en abril competirá en la Copa del Mundo de Eger (Hungría), en mayo viajará a Florida, en agosto a Pattaya y en octubre llegará el Europeo de Cardiff. El circuito no espera, pero ella tampoco.
En Pisa también compitió el coruñés Iago Fernández, que dejó destellos de solidez en la modalidad de florete. Firmó una buena fase de poules, con tres victorias de mérito: ante el polaco Bartlomiej Balsam (5-4), el iraquí Hayder Al-Ogaili (5-1) y el húngaro Sandor Bujdoso (5-2). Cedió frente al francés Mathias Panisset (2-5) y al ruso Maxim Shaburov (0-5), pero su balance le permitió avanzar con buenas sensaciones.
En el tablón de 64, el alemán Clemens Cursiefen frenó su progresión (8-15). Fernández cerró su participación en el puesto 36, una experiencia más en el exigente circuito internacional.
