Raúl, amigo de Sergio: «Un coche aparcó en la zona rayada de su plaza PMR y estuvimos una hora sin poder entrar»

Raúl Gómez recuerda con precisión aquella tarde de sábado. Había quedado con su amigo Sergio para ver un partido en el centro y, a la vuelta, encontraron el coche de este último atrapado. No por la grúa ni por una avería, sino por un turismo estacionado sobre la franja rayada que acompaña a la plaza de aparcamiento para personas con movilidad reducida (PMR).

Sergio, de 41 años, sufrió la amputación de ambas piernas por debajo de la rodilla tras una infección grave. Tiene reconocido un grado de discapacidad del 65 % y un dictamen positivo de movilidad reducida. Aunque camina con prótesis en distancias cortas, para trayectos largos utiliza silla de ruedas, y necesita ese espacio lateral para pasar de la silla al asiento del conductor. “Estuvimos casi una hora esperando a que apareciera el dueño. Cuando llegó, nos dijo que como no había ningún coche en la plaza, pensó que ese hueco estaba libre”, relata Raúl.

La zona de transferencia también es la plaza

Esa franja pintada, conocida como zona de transferencia, forma parte de la plaza reservada. La normativa estatal de accesibilidad en los espacios públicos urbanizados, recogida en la Orden TMA/851/2021, establece que las plazas PMR deben contar con este espacio de aproximación lateral o trasero, señalizado y libre de obstáculos, para que la persona pueda acceder a su vehículo con seguridad. La misma norma fija una reserva mínima de una plaza por cada cuarenta o fracción.

Ocuparla, por tanto, no es un mal menor. Dependiendo de la ordenanza municipal, quien deja su coche sobre la zona rayada puede ser sancionado por estacionar en lugar prohibido o en plaza reservada, con multas que alcanzan los 200 euros, y el vehículo puede ser retirado por la grúa. “Mucha gente no lo sabe, y eso es lo preocupante. Hay que explicarlo mejor”, opina Raúl.

Un problema invisible para quien no lo sufre

Desde aquel día, Raúl mira los aparcamientos con otros ojos. Ha comprobado que el error se repite en supermercados, hospitales y centros comerciales. “Antes yo tampoco me fijaba. Ahora veo que la gente respeta el símbolo azul, pero no entiende que las rayas de al lado son igual de importantes”, explica.

Sergio, por su parte, prefiere tomárselo con humor, aunque reconoce que le genera ansiedad dejar el coche en algunos lugares. “Ahora, cuando aparco, siempre pienso en cómo voy a salir. Y si alguien me bloquea, me quedo tirado”, cuenta. Ese sábado, la Policía Local acudió a la llamada y formuló la denuncia correspondiente.

Los dos amigos coinciden en que la solución pasa por la información. “No hace falta ser mala persona para hacerlo mal. Basta con no saber. Por eso es tan importante que estas historias se cuenten”, concluye Raúl