A los 47 años, con más de dos décadas impulsándose sobre una silla de atletismo y miles de kilómetros acumulados sobre el asfalto, Rafa Botello continúa demostrando su resistencia y talento. El veterano atleta, considerado el mejor maratoniano español de la historia en categoría de silla de ruedas, volvió a dejar su huella en la maratón de Los Ángeles.
Esta vez lo hizo cruzando la meta en novena posición tras completar las calles angelinas en dos horas justas, sumando así la maratón número 179 de su carrera. Una cifra que impresiona. Una trayectoria que habla por sí sola.
En el año que marcará su despedida de la élite internacional, Botello sigue compitiendo con la misma determinación que le ha acompañado durante toda su vida deportiva. Esta temporada ya había ganado en la Toa Baja Maratón de Puerto Rico y también en Sevilla, en febrero.
Novena maratón en las calles angelinas
Los Ángeles, donde ya ha competido en nueve ocasiones, volvió a ponerlo a prueba. “Fue una carrera muy difícil, para mí es la maratón más dura del circuito que disputo cada año. Los Ángeles siempre es el último test de cara a los objetivos de la primera parte de la temporada, que son Boston y Londres, y toca ver cómo está uno ya con atletas de mucho nivel. Se me hizo eterno”, ha confesado.
La salida desde el Dodger Stadium marcó el inicio de un recorrido exigente desde el primer kilómetro. Botello afrontó la primera subida con prudencia, consciente de que el trazado guarda trampas incluso para los más experimentados.
“La gente sube a tope para luego ir frenando la bajada de casi un kilómetro. Llegué arriba en el puesto 11. Sé que iba a recuperar en la bajada sin esfuerzo. En el kilómetro 4 llegué con dos rivales mexicanos entre las posiciones cuatro y seis, y a veinte metros de los tres primeros”, ha relatado.
La carrera, sin embargo, terminó pasando factura. Cuatro atletas más lograron superarlo con el paso de los kilómetros. Lejos de rendirse, Botello optó por cambiar la mirada: convertir la maratón en un entrenamiento de máxima exigencia. A partir del kilómetro 36 rodó en solitario hasta la meta. La victoria fue para el estadounidense Miguel Jiménez Vergara, pero el español volvió a demostrar que su carrera sigue siendo una historia de resistencia.
“Hacía años que no me encontraba tan mal subiendo y vacío. Ahora toca descansar tres días y volver a entrenar para llegar a Boston en las mejores condiciones dentro de cinco semanas”, ha comentado Botello.
En Los Ángeles dejó hace seis años uno de los grandes recuerdos de su trayectoria, cuando logró la victoria en esta misma prueba. Ahora regresa en otro momento de su carrera. Uno más reflexivo, consciente de que el camino empieza a acercarse a su última línea de meta.

La temporada de su despedida
Botello ya ha anunciado que esta será su última temporada en la élite internacional. Quiere disfrutar cada escenario que pise, cada carrera, cada kilómetro. Porque su historia en el atletismo no empezó de la manera que imaginaba.
Antes del accidente que cambió su vida, trabajaba como albañil y practicaba deporte de manera amateur. En 2002, una caída mientras montaba en bicicleta le provocó una lesión medular a nivel dorsal D11-D12. Desde entonces, con el cuerpo inmovilizado desde la primera abdominal hacia abajo, tuvo que reinventarse.
Lo hizo sobre ruedas. Desde entonces ha ganado maratones en una docena de países, ha batido récords de España y consiguió un oro mundial indoor en Suecia en 2006. Pero, por encima de todo, guarda un logro que considera el más importante: haber representado a España en unos Juegos Paralímpicos. Compitió en Pekín 2008 y Londres 2012, siendo noveno en ambas maratones. Hoy, más de veinte años después de aquel accidente, Rafa Botello sigue avanzando kilómetro a kilómetro.
