Rosa Herrera pensaba que lo tenía todo en regla. Cada vez que salía con su hijo Daniel, de 17 años, colocaba la tarjeta de estacionamiento para personas con movilidad reducida en el parabrisas y aparcaba en la plaza reservada más cercana. Hasta que una agente de movilidad se acercó a su coche a la salida del hospital y le hizo una pregunta que no esperaba: “¿Sabe que esta tarjeta caducó hace dos meses?”.
Daniel tiene distrofia muscular de Duchenne, una enfermedad neuromuscular degenerativa. Su grado de discapacidad reconocido es del 85 % y cuenta con un dictamen positivo de movilidad reducida. Se desplaza en silla de ruedas eléctrica y viaja en una furgoneta adaptada. “Con todo lo que tenemos en la cabeza, citas médicas, fisioterapia, el instituto, se me pasó por completo. La agente fue comprensiva y nos dejó ir con un aviso, pero me llevé un susto enorme”, recuerda Rosa.
La tarjeta tiene fecha de caducidad
La tarjeta PMR no es indefinida. Su periodo de validez lo fija cada administración, ayuntamiento o comunidad autónoma, y suele estar vinculado a la vigencia del reconocimiento del grado de discapacidad y del dictamen de movilidad. Utilizar una tarjeta caducada equivale, a efectos prácticos, a no tenerla, por lo que el conductor se expone a la multa de 200 euros por estacionar en plaza reservada y a la posible retirada del vehículo.
Para obtenerla o renovarla, con carácter general, se exige residir en España, tener reconocido un grado de discapacidad igual o superior al 33 % y contar con un dictamen positivo de movilidad reducida, o bien presentar una agudeza visual muy limitada en los términos que marca la normativa. La normativa estatal prevé además una tarjeta provisional para personas con una movilidad gravemente afectada por razones de salud, aunque todavía no tengan reconocida la discapacidad. La solicitud se presenta en el ayuntamiento de residencia o en el organismo que este designe, y conviene iniciar la renovación con antelación, ya que los plazos de tramitación pueden alargarse.
Un recordatorio en el calendario
Desde aquel episodio, Rosa ha incorporado un pequeño ritual. Cada primer día de mes revisa la fecha impresa en la tarjeta y tiene una alarma en el móvil tres meses antes del vencimiento. “Ahora me parece obvio, pero nadie te lo recuerda. Igual que pasas la ITV del coche, hay que estar pendiente de esto”, explica.
También ha aprendido a defender el uso de la plaza cuando alguien la ocupa sin derecho. Si encuentra un vehículo sin tarjeta, llama a la Policía Local en lugar de discutir. “Para nosotros esa plaza es la diferencia entre poder ir a una cita o no. Daniel necesita bajar la rampa trasera de la furgoneta y eso solo es posible si hay espacio”, señala.
Su consejo para otras familias es claro: “Usad la tarjeta solo cuando vaya la persona titular, tenedla siempre visible y vigilad la fecha. Hacerlo bien también es una forma de reivindicar que estas plazas son necesarias”.
Caso ilustrativo basado en situaciones habituales. Los nombres de las personas que aparecen en este artículo son ficticios.