Israel Blanco sigue empeñado en dejar huella en el tobogán helado. Lleva más de una década lanzándose por pistas de hielo a más de 120 kilómetros por hora, a los mandos de un bólido sin frenos, con una precisión milimétrica y una confianza forjada a base de experiencia, riesgo y perseverancia. Es el precursor del bobsleigh adaptado en España y un referente internacional en una disciplina donde compite contra países con muchos más medios económicos e infraestructuras propias.
A sus 48 años, el asturiano inicia una nueva temporada en la élite con la misma ilusión del primer día. El bobsleigh, considerado la ‘Fórmula Uno’ del hielo, es un deporte extremo. A diferencia de la modalidad convencional, los deportistas salen sentados y son impulsados por una máquina. Los ‘bobs’ -una especie de vagón de montaña rusa dirigido por el propio piloto- son de un solo ocupante y cuentan con mayores medidas de protección.
El control se realiza mediante dos mandos con palancas, similares a las manillas de una cometa. Las cuchillas traseras son fijas, mientras que las delanteras giran en función de la dirección que marca el piloto. Para igualar condiciones, se colocan lastres en los trineos de los deportistas con menor peso corporal.

En el tobogán de hielo desde 2014
Para Israel, cada descenso es una descarga de adrenalina pura. Se enganchó a este deporte a finales de 2014, cuando Javier Pintado le propuso sumarse al proyecto del ‘Spanish Bobsleigh’. Nunca había pisado la nieve. Pero fue amor a primera vista.
Antes, su vida deportiva estaba ligada al balonmano. Jugó en Corvera durante su juventud, hasta que a los 21 años un accidente laboral cambió su rumbo. Mientras trabajaba como soldador, sufrió una caída desde una estructura metálica que le provocó graves daños en la pierna izquierda. Tras varias operaciones, los médicos no pudieron salvarla y tuvo que ser amputada.
Años después, Israel encontró en el bobsleigh una nueva forma de competir. Sus inicios estuvieron marcados por el esfuerzo y el sacrificio: miles de kilómetros recorridos por carretera para entrenar y disputar competiciones en países europeos, escasez de recursos y rivales respaldados por potentes equipos. Aun así, fue moldeándose como piloto hasta hacerse un hueco entre los mejores.
Los resultados no tardaron en llegar. El español acumula una docena de medallas en pruebas de la Copa del Mundo y numerosos puestos destacados en pruebas internacionales. “La espinita que tengo es poder subir al podio en un Europeo y un Mundial. Mi mejor puesto ha sido quinto. Ojalá este año se pueda lograr”, comenta.

Nueva temporada ilusionante
Enero llega cargado de competiciones: tres pruebas de la Copa del Mundo en Lillehammer (Noruega) y Sigulda (Letonia), sede también del Campeonato de Europa, y como colofón, el Mundial en Saint Moritz (Suiza).
“Intentaré estar ahí en la pelea por las medallas. Mantengo la misma ilusión del primer día, con ganas de competir con gente de otros países, que es lo que más me motiva de este deporte, ante rivales que tienen pista propia para entrenar. Pero mientras siga peleando con ellos, trataré de continuar”, asegura.
En lo deportivo, el bobsleigh apenas ha cambiado en la última década. Donde sí ha notado la diferencia es en las condiciones de viaje y competición. “Antes podías estar dos horas en el bob, al aire libre, a menos de diez grados, y era una tortura. Ahora, cuando haces tu bajada, te meten en una furgoneta, te llevan a vestuario y esperas a que los mecánicos te pongan de nuevo el bob en la pista”, cuenta.
También ha mejorado la logística. Ya no recorre Europa por carretera, desde unos años viaja en avión gracias al apoyo económico de la Real Federación Española de Deportes de Hielo.
Actualmente, Israel es el único español que compite a nivel internacional en esta disciplina. En las temporadas 2022 y 2023 tuvo compañía con el gallego Miguel Ángel Rebouras y el catalán Ángel Piñol, pero el presupuesto no permite sostener a más deportistas. Aun así, mantiene intacta la responsabilidad y el orgullo de representar a España.

Sin Juegos Paralímpicos de Invierno
El golpe más duro llegó fuera de la pista. El bobsleigh volvió a quedarse fuera del programa de los Juegos Paralímpicos de Invierno y no estará presente en Milán-Cortina 2026. “Fue un palo. El Comité Paralímpico Internacional nos había puesto unos deberes para entrar en Milán: que en la competición hubiera diez países de tres continentes durante cuatro años. Lo cumplimos. Pero luego, en la votación para aceptar el deporte en los Juegos, dijeron que no. Es duro”, lamenta.
Pese a la decepción, Israel no pierde la esperanza. “Nosotros seguimos cumpliendo los criterios y esperamos entrar para 2030, en los Alpes Franceses”, añade. Mientras tanto, seguirá lanzándose por el hielo con la misma determinación de siempre, empeñado en dejar huella allí donde pocos se atreven a competir.
