Se desliza con osadía y determinación sobre el manto blanco. Traza curvas limpias, desafía la velocidad entre peraltes y puertas, mientras el susurro de la tabla sobre la nieve marca el ritmo de cada bajada. Emilio Redondo, de 24 años, es uno de los grandes referentes del snowboard paralímpico español y está cada vez más cerca de cumplir su gran sueño: competir en los Juegos Paralímpicos de Invierno de Milán-Cortina 2026.
Natural de Villacañas (Toledo), una localidad manchega conocida por sus silos -construcciones subterráneas de arquitectura popular donde vivían las familias más humildes-, Redondo descubrió el snowboard en 2020 casi por casualidad, cuando lo probó con unos amigos en Sierra Nevada. Meses después, en julio de ese mismo año, su vida dio un giro radical tras un grave accidente de moto.
“Volvía del campo en mi pueblo cuando un coche, desde el carril contrario, quiso hacer un giro, invadió mi carril, el conductor no me vio y me impactó. Los motores de ambos vehículos aplastaron mi pie izquierdo. No pudieron salvarlo y tuvieron que amputarlo”, recuerda.

Una tabla a la que se aferró tras el accidente
No hubo tiempo para lamentaciones. En cuanto pudo, en noviembre de 2020, volvió a subirse a una tabla de snowboard, esta vez con una prótesis. Durante un clinic, los responsables del Centro de Deportes de Invierno Adaptados se fijaron en él, y poco después comenzó a formar parte de la selección española.
Su debut internacional llegó en 2022 en la Copa de Europa de Landgraaf (Países Bajos), donde firmó dos séptimos puestos en la clase SB-LL2, destinada a deportistas con amputación tibial. Un año más tarde disputó el Mundial de La Molina y logró su primera medalla: un bronce en Copa de Europa en el circuito indoor de Landgraaf en banked slalom, una modalidad de descenso técnico que combina peraltes, montículos, puertas y dubbies, y que exige precisión en cada giro.
El 2024 fue el año de consolidación, con dos platas en la Copa de Sudamérica disputada en Brasil y otro bronce continental en Landgraaf. Y 2025 se ha convertido en la temporada de confirmación definitiva. Redondo ha ganado en técnica y velocidad, lo que se ha traducido en resultados: oro en la Copa de Europa de Pyhä (Finlandia) en snowboardcross, dos oros en la de Kühtai (Austria) en banked slalom y otro oro en la Copa de Norteamérica. Además, firmó un Top 16 en el Mundial de Big White (Canadá).

Lesión en el hombro derecho
De allí regresó con una lesión en el hombro derecho, que se le salía con frecuencia, por lo que decidió pasar por quirófano. Tras la operación, estuvo en rehabilitación hasta septiembre. Durante ese periodo alternó el gimnasio del Centro de Alto Rendimiento de Madrid con entrenamientos en pumptrack -un circuito continuo de ondulaciones- sobre el skate, antes de volver a concentrarse en la nieve en Xanadú y en Austria.
Redondo forma parte del programa Promesas Paralímpicas de Invierno del Comité Paralímpico Español (CPE). “Tengo la suerte de contar con su apoyo: me pagan los viajes y las concentraciones; el material lo pongo yo”, explica.
El snowboard paralímpico es un deporte caro y exigente. “Hay que buscar nieve fuera de España y los viajes son costosos. El equipamiento también: una prótesis para hacer snowboard me cuesta 6.000 euros, más 5.000 del encaje. Gracias que tengo el apoyo del CPE y de pequeñas aportaciones de gente de mi pueblo. Este año ha apostado por mí la marca de prótesis Ottobock con un pie nuevo para competir”, cuenta.
Otro de sus deseos de cara a los Juegos es poder contar con un skiman, una figura clave encargada del encerado de las tablas. “Los rivales llevan fisios y skiman, y eso marca la diferencia. Para la cita de Milán me gustaría que me acompañase uno. He tenido que aprender obligado: pulir, rascar nieve, encerar… Necesitamos profesionalizarnos de cara a los Juegos”, subraya.

Un viaje hacia los Juegos Paralímpicos
Ya ha debutado en la Copa del Mundo junto a los mejores riders. Primero fue en Steamboat (Estados Unidos) y después, en noviembre, en Landgraaf, donde volvió a sufrir una luxación de hombro. Aun así, con el brazo en cabestrillo, continuó entrenando sin perder tiempo. El calendario aprieta y cada carrera cuenta.
“Estos años han sido un proceso difícil. Dejé mi vida a un lado, a la familia y a los amigos, para centrarme en el deporte. Pero me apasiona poder levantarme cada mañana y ver la montaña, la nieve. Estoy creciendo como rider y el año pasado recogí los frutos del trabajo que vengo realizando”, afirma.
Entre enero y febrero afrontará varias pruebas de la Copa del Mundo en Kühtai (Austria), Lenk (Suiza), Big White (Canadá) y Steamboat (Estados Unidos). Si nada se tuerce, en marzo se convertirá en el quinto español en competir en unos Juegos Paralímpicos de Invierno en snowboard, tras Urko Egea, Aitor Puertas, Vic González y Astrid Fina, medallista de bronce en Pyeongchang 2018.
“Estoy ilusionado y motivado. Ir a unos Juegos es un orgullo. Quiero hacer un buen papel, verme rápido, estar contento con mis bajadas y luchar por lo máximo”, concluye.
