En Melbourne, donde el verano aprieta y la historia se escribe punto a punto, el tenis en silla español vivió una jornada de contrastes. La alegría contenida de un finalista y la dignidad serena de un subcampeón. El Open de Australia dejó una puerta abierta al sueño para Martín de la Puente y un sabor agridulce para Dani Caverzaschi.
El vigués protagonizó una de esas gestas que desafían la lógica y reescriben las estadísticas. Frente a él estaba Alfie Hewett, número dos del mundo, campeón en Melbourne en ocho ocasiones y una de sus grandes bestias negras. Los números eran demoledores: 29 derrotas en 31 enfrentamientos. Pero el tenis, como la vida, a veces decide mirar hacia otro lado.
De la Puente salió a la pista sin complejos, enchufado desde el primer golpe. Rompió el saque del británico y se colocó 2-0, enviando un mensaje claro: no había viajado a Australia para ser un actor secundario. Hewett reaccionó con su habitual torbellino de potencia y carácter, remontando hasta el 2-3, pero el español no se descompuso. Con paciencia, solidez y una exquisita lectura del juego, volvió a tomar ventaja. Dejadas precisas, golpes profundos y una fe inquebrantable le llevaron a cerrar el primer set por 6-4.
Con confianza y un juego sólido
La confianza, ese bien tan frágil, se convirtió en aliada. De la Puente volvió a golpear primero en el segundo set (2-0), aunque Hewett, fiel a su condición de campeón, igualó la contienda (4-4) y tuvo tres oportunidades para ponerse por delante. Ahí emergió la versión más descomunal del vigués: sangre fría, temple y convicción. Salvó las bolas de break, se colocó 5-4 y, con su servicio, selló la sorpresa. Otro 6-4 y billete a la final.
Horas después de la gesta de Carlos Alcaraz en el cuadro masculino, otro español levantaba la mano en Melbourne Park. De la Puente está a un paso de su primer Grand Slam individual, tras haber conquistado ya dos grandes en dobles (US Open y Wimbledon). Ahora le espera un desafío mayúsculo: Tokito Oda, número uno del mundo, prodigio japonés de 19 años, dominador del circuito, siete veces campeón de Grand Slam y oro paralímpico en París 2024. Otro reto gigante. Pero si algo ha demostrado el gallego es que no se achanta ante nadie.
La cruz de la jornada llegó en el dobles. Dani Caverzaschi volvió a quedarse a las puertas del sueño. El madrileño, formando pareja con el neerlandés Ruben Spaargaren, disputó por segundo año consecutivo la final del Open de Australia. Enfrente, una pareja implacable, Tokito Oda y el argentino Gustavo Fernández. El duelo, en la pista Kia Arena, tuvo un claro dominador desde el inicio. El 6-2 y 6-1 final reflejó la superioridad de los campeones, pero no borra el mérito de un Caverzaschi que sigue llamando a la puerta de su primer Grand Slam con insistencia y valentía.
