No ve la vía, pero no le hace falta. Porque Javier Aguilar escala desde un lugar más profundo: la voluntad, la memoria, la pasión intacta. En Seúl, en el corazón de Corea del Sur, este madrileño de Monachil (Granada) se ha proclamado subcampeón del mundo de escalada en la categoría B1, para ciegos totales.
El deportista español sigue sin bajarse del podio internacional, abonado a la plata. Acumula 12 metales consecutivos de ese color. Siempre rondando la victoria, el oro que no llega porque enfrente tiene a una sombra constante, la del japonés Sho Aita, invencible hasta ahora.
Se presentaba con ilusión y ambición en el muro instalado en el emblemático KSPO Dome de la capital surcoreana. En la modalidad paralímpica, únicamente se compite en formato de dificultad, donde los escaladores deben enfrentarse a rutas desconocidas y alcanzar la mayor altura posible antes de caer.
Una vía muy técnica entre desplomes y presas
La vía es una tortura técnica de unos 15 metros que serpentea entre desplomes, presas engañosas y vacíos sin redención. Un solo intento. Seis minutos para desafiar a la gravedad y a la tensión. Conforme se asciende, la dificultad crece, el oxígeno escasea y el margen de error se reduce a cero.
Abajo, su guía, Víctor Esteller, le dicta el camino como un susurro de cordura en medio del vértigo: “Mano derecha a las dos en punto… pie izquierdo a la altura del ombligo…”. Juntos son uno. La palabra que ve y el cuerpo que obedece, siente, sube. Cada movimiento se decide en un segundo y se ejecuta en la oscuridad, con la precisión de quien no tiene margen para la duda.
En la final, alcanzó la medalla de plata al obtener 36 puntos. El japonés, su ogro personal, el único que se interpone entre él y la gloria dorada, ganó el oro con 38 puntos. El bronce fue para el francés Nicolas Moineau.
De la piscina a la escalada
La historia de Aguilar no empezó en la roca. Comenzó en el agua. Fue nadador, medallista continental y diploma paralímpico en Sídney 2000. En 2013 descubrió la escalada y, desde entonces, ha conquistado cimas, podios, ha empujado los límites y ha reinventado su propia idea del deporte y del cuerpo.
Ahora, a 28 años de su debut paralímpico, sueña con regresar a unos Juegos. Esta vez, en la roca artificial de Los Ángeles 2028, donde la escalada debutará como disciplina. Y él, que ya ha hecho historia, quiere ser el primero en escribir su nombre con una medalla.
En cuanto al resto de españoles, en la categoría B2 (discapacidad visual) Guillermo Pelegrín ha sido cuarto. En categoría AL2 (discapacidad en extremidades inferiores), Iván Germán séptimo, Urko Carmona octavo y Albert Guàrdia noveno. En la clase AU2 (discapacidad en extremidades superiores), Ana Gómez ha acabado octava y María Cabezas undécima. Y en la categoría AU3, cuarto puesto para Paula de la Calle.
