Más de veinte años empujando sueños sobre el asfalto. Más de dos décadas acumulando kilómetros, esfuerzo y gloria. Rafa Botello, el mejor maratoniano español en silla de ruedas de la historia, ha decidido poner fin a su carrera en la élite. Lo hará la próxima temporada, tras una vida deportiva que ha sido ejemplo de superación, constancia y amor por el deporte.
Lo anunció después de disputar hace unos días su decimoctava maratón de Nueva York, convirtiéndose junto al sudafricano Krige Schabort, en el atleta élite con más participaciones en la mítica cita de la Gran Manzana. Y fue allí, en el corazón de Central Park, donde el barcelonés no pudo contener las lágrimas.
“Estuve cuatro kilómetros llorando. Me vinieron todos esos recuerdos, los esfuerzos, los sacrificios y la felicidad. Para alguien que nunca había viajado ni cogido un avión, que no había salido de España más que para ir a Andorra, pasan los años y ves todo lo que has hecho… era impensable para mí. Estoy muy orgulloso de mi trayectoria, es mucho más de lo que creía cuando empecé en todo esto”, confiesa emocionado.

Del andamio al podio
Antes del accidente que le cambió la vida, Botello era albañil y deportista amateur. En 2002, un accidente en bicicleta le provocó una lesión medular a nivel dorsal D11-D12. Desde entonces, con el cuerpo inmovilizado desde la primera abdominal hacia abajo, se reinventó como atleta. “Mi vida cambió a mejor. Soy un afortunado”, asegura.
Convertido en un referente internacional, ha completado 176 maratones en una treintena de países y cinco continentes, con 77 participaciones en las World Marathon Majors (Nueva York, Boston, Chicago, Londres, Berlín y Tokio). En su palmarés figuran victorias en una docena de países, récords de España y un oro mundial indoor en Suecia 2006, entre otros.
Su mayor orgullo, sin embargo, no está medido en segundos ni metros: “Mi mayor victoria fue representar a España en unos Juegos Paralímpicos. Competí en Pekín 2008 y Londres 2012, y fui noveno en ambas maratones. Me siento muy orgulloso de ser español; no cambio eso por ninguna medalla ni récord”.
El final de una era
Con 46 años, Botello reconoce que su cuerpo y su mente le han pedido parar. “Ya está decidido. La salud física y mi mente han dicho se acabó. Soy parapléjico, y eso conlleva lesiones constantes, problemas de riñones, infecciones de orina. Los entrenamientos ya no tienen la misma continuidad y psicológicamente va costando”, explica.
Aún le queda camino por recorrer. En 2025 disputará la maratón de Shanghái, una carrera en Colombia y otra en Chile. Luego llegará 2026, su última temporada. “Será un año especial, con lugares distintos donde correr. Me duele en el alma decir no a carreras que llevo tiempo disputando, pero ya no puedo estar en todas las guerras. Espero que la salud me acompañe para retirarme en un alto nivel”, recalca.

Una retirada sin despedida en casa
Su adiós no incluirá, en principio, pruebas en España. “No me he sentido valorado en nuestro país, que es tercermundista en cuanto a maratón en silla de ruedas. No nos valoran como merecemos. La mentalidad de los organizadores es la de: ‘pobrecitos, les hace ilusión correr’. Pero gratis. Cuando en las grandes maratones te pagan viaje, hotel y dan premios en metálico”, lamenta.
Le quedan dos pequeñas espinas: correr alguna vez en Argentina y aquel quinto puesto que se le escapó en los Juegos de Pekín, cuando un japonés chocó con él y lo derribó. Pero incluso en la caída encontró una lección: “Caerse está permitido, pero levantarse es obligatorio”. Esa frase resume su vida y su carrera. Un atleta que ha hecho del tesón y la perseverancia su identidad. “Los sueños no se cumplen, se entrenan”, repite siempre. Su legado seguirá rodando más allá del asfalto.
