El atletismo paralímpico, regulado por el Comité Paralímpico Internacional (IPC) a través de World Para Athletics, se ha consolidado como la disciplina más numerosa y emblemática. Pensado para atletas con discapacidad física, visual, intelectual o parálisis cerebral, este deporte mantiene la esencia del atletismo tradicional mientras incorpora adaptaciones para garantizar la seguridad, la accesibilidad y la igualdad competitiva.
Modalidades y normas del atletismo paralímpico
El programa paralímpico abarca pruebas de pista -desde los 100 metros lisos hasta los 10.000-, relevos, medio fondo y fondo; competiciones de campo como salto de longitud, salto de altura, lanzamientos de jabalina, disco o peso; y una exigente maratón de 42,195 km.
Muchas de estas pruebas integran elementos específicos como sillas de ruedas de competición, prótesis diseñadas para la velocidad o guías para corredores ciegos, que compiten unidos por una cuerda y deben cruzar juntos la meta, siempre con el atleta primero.
Clasificación por discapacidad
Para equilibrar el nivel competitivo, los deportistas se agrupan por clases según tipo y grado de discapacidad. Cada clase se identifica con una letra (T para pista, F para campo) y un número de dos dígitos. El primero de los cuales indica el tipo de discapacidad funcional que tiene. La segunda cifra es el grado de afectación, que será más bajo cuanto mayor sea la lesión.
Clases 11-13: deportistas ciegos o con discapacidad visual severa o moderada.
Clase 20: deportistas con discapacidad intelectual.
Clases 31-38: personas con parálisis cerebral, algunas en silla de ruedas.
Clases 40-41: deportistas con acondroplasia.
Clases 42-44: atletas con afectación en las extremidades inferiores que compiten sin prótesis.
Clases 45-47: atletas con afectación en las extremidades superiores.
Clases 51-57: atletas que compiten en silla de ruedas (carreras o lanzamientos sentados).
Clases 61-64: atletas con afectación en las extremidades inferiores que compiten con prótesis.
Clases 71-72: deportistas con afectación muy grave o grave de la coordinación que utilizan andador deportivo.
Este sistema de clasificación pretende que compitan juntos quienes tienen un grado de discapacidad similar, de modo que el éxito dependa de la capacidad atlética, no de la magnitud de la discapacidad.

Historia y origen
El atletismo paralímpico nació como herramienta terapéutica tras la Segunda Guerra Mundial. En 1943, el neurólogo Ludwig Guttmann impulsó en el hospital de Stoke Mandeville (Inglaterra) programas deportivos para veteranos con lesiones medulares. Aquellas primeras competiciones en silla de ruedas derivaron en 1952 en el primer torneo internacional de atletismo adaptado.
El crecimiento fue imparable: en 1960, Roma acogió los primeros Juegos Paralímpicos, incorporando el atletismo como disciplina central. Con los años, el atletismo paralímpico ha multiplicado su número de pruebas, ha ampliado sus categorías y ha alcanzado una participación global sin precedentes.
En los Juegos de París 2024 tomaron parte 1.131 atletas, que disputaron 164 eventos con medalla, confirmando la fortaleza y expansión de este deporte.
Un impacto social profundo
El atletismo paralímpico es hoy un escaparate mundial de inclusión, igualdad y reconocimiento. Favorece la participación de personas con cualquier tipo de discapacidad, ofrece una vía de desarrollo personal y profesional tras una lesión o enfermedad, y rompe barreras sociales al visibilizar a deportistas de alto nivel que demuestran, día tras día, que el talento deportivo no entiende de limitaciones.
