La escalada paralímpica, un deporte que exige fuerza, técnica y capacidad de adaptación, avanza firme hacia la cita histórica de Los Ángeles 2028, donde debutará en los Juegos Paralímpicos. Lo hará en la modalidad de dificultad, aquella en la que los deportistas deben resolver una vía desconocida y superar el mayor número de presas antes de caer. Y España ha iniciado el ciclo con una temporada cargada de resultados que invitan al optimismo.
Entre los protagonistas brilla con luz propia Javier Aguilar, referente en la categoría B1 para personas con ceguera total. Madrileño afincado en Monachil (Granada), ha vuelto a demostrar por qué está instalado en la élite. Guiado por Víctor Esteller, se proclamó subcampeón del mundo en Seúl a finales de septiembre, confirmando su regularidad.
En este mismo Mundial, la delegación española firmó actuaciones destacadas, aunque no pudo lograr más metales: Guille Pelegrín rozó el podio con un cuarto puesto en B2 (discapacidad visual), mientras que en AL2 (discapacidad en extremidades inferiores) Iván Germán fue séptimo, Urko Carmona octavo y Albert Guàrdia noveno. En AU2 (afectación en extremidades superiores), Ana Gómez fue octava y María Cabezas undécima; y en AU3 (discapacidad en la mano), Paula de la Calle terminó cuarta.
Podios en todas las Copas del Mundo
La temporada de Copas del Mundo, compuesta por tres pruebas, refrendó el momento dulce de la escalada española. Aguilar volvió a erigirse en la figura más destacada con tres platas en Salt Lake City (mayo), Innsbruck (junio) y Laval (octubre).
Con estos resultados, ya acumula 13 platas internacionales seguidas, en una pugna permanente por un oro que se le resiste por la presencia del japonés Sho Aita, rival imbatible hasta el momento. Aguilar, que ya compitió en unos Juegos -en Sídney 2000 como nadador-, aspira a regresar a la gran cita paralímpica 28 años después, ahora como escalador.
No fue el único español en destacar en el circuito. Guille Pelegrín, guiado por Toni Curiel, encadenó tres bronces en las tres Copas del Mundo, consolidándose como uno de los grandes referentes de la categoría B2. La prueba de Innsbruck resultó especialmente fructífera para España, ya que además de los metales de Aguilar y Pelegrín, llegaron las platas de Albert Guàrdia, Júlia Castelló y Paula de la Calle.

Nuevas medallas como broche final
El broche final del año llegó en Laval, donde, además la plata de Aguilar y el bronce de Pelegrín, la delegación española sumó nuevos éxitos: el debutante Daniel Morante sorprendió con un oro en categoría B2; Andrea Sánchez se hizo con el bronce en RP1, categoría que reúne a deportistas con afectación funcional grave, y el veterano Urko Carmona volvió al podio con una plata que alimenta sus aspiraciones de competir en Los Ángeles.
El barcelonés, que perdió la pierna derecha en un accidente de tráfico a los 16 años, es uno de los nombres históricos de la escalada paralímpica, siendo tres veces campeón del mundo y con más de 20 podios internacionales.
A menos de tres años del sueño angelino, la escalada española ha demostrado que llega a este ciclo con un bloque sólido, competitivo y capaz de abrirse hueco entre las potencias mundiales. Un inicio prometedor para un deporte que está a punto de escribir una de las páginas más importantes de su historia.




