En la misma nieve donde el 20 de febrero de 1992 Blanca Fernández Ochoa hizo historia con su bronce olímpico, otro equipo español escribía, apenas un mes después, una página menos conocida pero igualmente heroica. Entre el 22 de marzo y el 3 de abril, en la estación francesa de Tignes se celebraron los Juegos Paralímpicos de Albertville, la tercera cita invernal para España. Mientras el país contenía la respiración ante la inminente llegada de Barcelona 92, un grupo de deportistas compitió lejos de los focos, pero con la misma determinación.
Aquellos Juegos reunieron a 365 atletas de 24 países, que disputaron 79 pruebas en esquí alpino, biatlón y esquí de fondo. Por primera vez, los paralímpicos compartieron instalaciones e infraestructuras que semanas antes habían ocupado los olímpicos. El 25 de marzo, el presidente francés François Mitterrand inauguró oficialmente la competición junto al presidente del COI, Juan Antonio Samaranch. Alemania acudía reunificada; Estonia, Liechtenstein y Corea del Sur debutaban en una cita invernal; y también competía un equipo de la antigua Unión Soviética.
España llegó con una delegación amplia y mejor preparada que nunca. Por primera vez en la historia del deporte paralímpico nacional, los deportistas contaron con apoyo económico de la Fundación ONCE. Entre enero y marzo realizaron concentraciones y entrenamientos específicos, incluida una semana en Sierra Nevada antes de viajar a Francia.
La villa paralímpica se instaló en Val Claret, en los Alpes franceses. El recibimiento fue gélido: una gran nevada sorprendió a la expedición el primer día y obligó a la organización a modificar el calendario de pruebas. Pero la nieve no enfrió el ánimo.

Miguel Ángel Pérez Tello, constancia sobre esquís
El andaluz Miguel Ángel Pérez Tello, doble amputado tibial, ya sabía lo que era subir al podio: venía de conquistar dos platas en Innsbruck 1988. En el circuito de Tignes volvió a demostrar su resistencia y logró el bronce en los 5 kilómetros de esquí de fondo, además de un meritorio cuarto puesto en los 20 kilómetros.
“Cuando a mis rivales les comentaba de dónde era, como no sabían situar Granada en el mapa, les decía que vivía al lado de Málaga. Allí veraneaban todos y se llevaban las manos a la cabeza”, recuerda entre risas. Aquel 1992 sería irrepetible para él, ya que en septiembre, en Barcelona, también conquistaría un bronce en ciclismo en ruta (categoría C3), confirmando su versatilidad y ambición.
Magda Amo, juventud sin miedo
Si Pérez Tello aportó experiencia, Magda Amo puso la osadía de sus 19 años. La esquiadora catalana, con discapacidad visual (categoría B2), afrontó el reto de disputar dos Juegos Paralímpicos en apenas cinco meses. En Albertville, con Lluis Luc de guía, conquistó el bronce en la prueba de gigante y fue cuarta en supergigante.
“Eran mis primeros Juegos e iba muy ilusionada, pero con el freno puesto. Al ser un evento más serio me daba mucho respeto, tenía más responsabilidad. Pese a los nervios pude sacar una medalla”, rememoraba.
Las condiciones técnicas distaban mucho de las actuales: “En aquella época todo era más rudimentario. No existía el sistema de comunicación vía bluetooth y el guía me marcaba la dirección agitando los brazos y a gritos. Solo veía un bulto entre la nieve y, a ciegas, alcanzaba una velocidad punta de 115 kilómetros por hora. Había que estar perfectamente coordinados: un error e ibas al suelo”.
Meses después, en el Estadio Olímpico de Montjuïc, Magda ampliaría su cosecha con una plata paralímpica en salto de longitud, compitiendo incluso con un vendaje en el muslo por lesión.

Dos medallas más para España
Las otras dos preseas españolas llevaron la firma de Manuel Buendía, plata en supergigante B2, y Marcos Manuel, bronce en gigante B2. Ana Barrinaga rozó el podio con un quinto puesto en gigante y un séptimo en supergigante. En esquí de fondo, Javier Domínguez fue 14º en 10 y 30 kilómetros.
Entre los esquiadores con discapacidad física, el mejor resultado correspondió a Manuel Abat, sexto en gigante y undécimo en slalom (LW11). Ramón Bailón fue 16º en descenso (LW7); Juan José Bombillar, 14º en slalom (LW1); Rafael Llatser firmó un 16º en gigante, 17º en slalom y 19º en descenso (LW2); Alfredo Spínola, 17º en gigante (LW2), y Javier Pascual no acabó sus pruebas.
Cuatro medallas -dos bronces y una plata en alpino, más el bronce en fondo- que confirmaron el crecimiento del deporte paralímpico español en el invierno europeo.
