Ariadna Edo, de la sorpresa a la consagración en la piscina

La castellonense irrumpió en Río de Janeiro 2016 con un bronce y se ha mantenido en la élite de la natación con medallas mundiales y europeas. En Tokio disputará sus segundos Juegos Paralímpicos.

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La castellonense Ariadna Edo durante una competición. Fuente: CPE

A Ariadna Edo aún se le eriza la piel cuando evoca su machada en su bautizo en unos Juegos Paralímpicos. Era la final del 400 libre S13 en el hectómetro de Río de Janeiro 2016 y a falta de 50 metros la alemana Naomi Schnittger le sacaba cuatro segundos. La castellonense no bajó los brazos y encaró el último tramo con entereza para conseguir el bronce con el que tanto soñaba. Cinco años después, con varias medallas europeas y mundiales bajo el brazo, su trabajo disciplinado y su determinación le han llevado a consagrarse en la élite y a ser considerada como una de las mejores nadadoras.

Apenas con tres años ya se lanzaba al agua, aunque al principio no le motivaba mucho la piscina. “Iba obligada, mis padres me apuntaban a muchas actividades, hacía patinaje, ballet, baile moderno, tocaba la guitarra y el piano, era muy activa”, cuenta. Hasta los diez años no entró en un club y comenzó a competir en natación. “En Castellón empecé nadando con gente sin discapacidad. Tenía que entrenar los sábados y me daba mucha pereza, pero le cogí cariño porque comencé a hacer amigos”, asegura.

En esa etapa ya se reflejaba en sus ojos el Síndrome de Stargardt, una dolencia genética que afecta a la retina. “En clase no veía bien la pizarra, fui al oftalmólogo y me pusieron gafas, pero seguía sin ver bien. Me hicieron pruebas y me detectaron la enfermedad, lloré mucho ese día. Tengo dañada la zona de la mácula, se van muriendo células y me dejan manchas que se convierten en zonas ciegas”, explica la joven. Aquello nunca mermó su forma de abordar la vida, siempre risueña y exhalando positivismo.

Por casualidad descubrió el movimiento paralímpico en 2014 en una actividad organizada por la ONCE y pasó de competir a nivel autonómico a brillar en pruebas internacionales. El Open de Berlín en 2015 sirvió de lanzadera para su carrera. “Era una novata, pero aquel campeonato fue el punto de partida, hice dos récords de Europa y la mínima para el Mundial de ese año en Glasgow, donde logré un bronce en 400 libre”, relata. Nada le ha frenado desde entonces, cosechó dos bronces en el Europeo de Funchal 2016, cuatro bronces en el Mundial de México 2017 y otros dos bronces en el Europeo de Dublín 2018.

Su mayor recompensa llegó en Río 2016 con ese bronce en 400 libre, una presea que cambió su vida y que guarda como un tesoro: “La tengo intacta en su caja y sin ninguna rozadura. Es la experiencia más bonita que he vivido. En la final, hasta los 350 metros nadie esperaba que podía ganar la medalla. Lo que me decepcionó fue la marca, pero con el tiempo supe valorar lo que conseguí, marcó un antes y un después en mi carrera. Lo difícil no es llegar, sino mantenerse. Llegué muy rápido a ser medallista, pero lo complicado es saber gestionar la presión y continuar entre las mejores”.

A sus 23 años, la nadadora que entrena en el Centro de Alto Rendimiento de Madrid a las órdenes de José Luis Vaquero, continúa creciendo con brazadas de tesón, compromiso y constancia. Ahora, con más madurez y recorrido afronta sus segundos Juegos Paralímpicos. “Cuando abandonamos Río de Janeiro ya me puse a pensar en Tokio 2020, quería disfrutar de unos nuevos Juegos. Pese a todo lo que ha pasado con el coronavirus, los de Japón serán especiales. En estos cinco últimos años he entrenado muy duro para ello y voy a darlo todo”, apunta Ariadna, que está cursando psicología.

En el Mundial de Londres de 2019 y en el Europeo de Funchal (Portugal) en mayo acabó quinta en su prueba, 400 libre, aunque en la piscina de Madeira no terminó contenta con sus marcas: “En el 100 mariposa me defendí bien, pero en las otras puedo hacer más. Lo preparé muy bien, sin embargo, volví a pecar a la hora de competir, no sé gestionar mi cabeza y ahí suelo fallar. Estoy trabajando esa parte psicológica para dar ese plus en Tokio”.

La castellonense confía en explotar sus virtudes para rendir en la capital japonesa. “Después de la temporada pasada, que fue muy complicada, estoy muy orgullosa de haberme clasificado para los Juegos. He entrenado bastante bien y estoy cumpliendo con lo previsto. La exigencia es máxima y las medallas estarán muy caras porque el nivel ha subido en mi categoría, en ningún momento pretendo vender humo, no voy con tanta presión y me encantaría subir al podio, aunque soy realista. Eso sí, voy a dar lo mejor de mí, en el deporte nunca se sabe, en Río ya di la sorpresa y se puede repetir”, añade.

TEST TOKIO 2020. Conociendo a Ariadna Edo

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