Brincos de plata para Iván Cano sobre el foso de arena

El alicantino alcanza la medalla en salto de longitud T12 en los Juegos Paralímpicos de Tokio igualando su mejor marca personal con 7.04 metros.

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El alicantino Iván Cano en uno de sus saltos que le han dado la plata en Tokio. Fuente: CPE

Una de las paredes de su habitación está adornada por un póster del cubano Iván Pedroso, nueve veces campeón del mundo y oro olímpico. De vez en cuando Iván Cano recibe una master class de la leyenda caribeña sobre el foso de arena. Para él es su ídolo, del que se ha empapado para ser cada día mejor, aunque es Sergio Berbegal quien ha guiado sus pasos hacia la cima. En sus primeros Juegos Paralímpicos, el alicantino ha volado en el Estadio Nacional de Tokio para alcanzar una plata en salto de longitud T13. La muesca más importante de su carrera.

A sus 25 años, el español llegaba avalado por un buen currículum: plata en el Mundial de Doha 2015, dos oros europeos en 2016 (Italia) y en 2018 (Alemania), una plata continental en 2021 (Polonia) y un bronce en el campeonato del mundo de Dubai en 2019. Nunca saciado de éxitos, Cano ha desplegado sus alas para ofrecer su mayor brinco en su debut paralímpico. Veloz en la carrera, 18 apoyos hacia la tabla, ajuste al máximo en la plastilina de batida, elevación, vuelo largo y aterrizaje en el banco de arena húmeda.

El marcador indicaba 7.04 metros, distancia con la que igualaba su mejor marca personal en el primer intento. La medalla estaba asegurada. Solo se inclinó ante un inconmensurable Orkhan Aslanov, azerbaiyano que batió el récord de Europa con 7.36 metros. Ni el campeón de Europa, el británico Zak Skinner (6.91), ni tampoco el campeón mundial en 2017, el estadounidense Isaac Jean-Paul (bronce con 6.93), pudieron superar al español, que en los siguientes saltos se quedó en 6.94 y 6.87. Después hizo dos nulos, se dobló el tobillo y finalizó su participación. Poco importaba, la presea era suya.

“Ha sido espectacular. No tengo palabras para describir lo que es estar aquí y poder saltar en este estadio. Ha sido una experiencia que no voy a olvidar en la vida. Llegaba más confiado que otras veces, sabía que si hacía las cosas bien podía optar a todo. Al final, esa es la clave, creer en ti mismo después de años de trabajo es muy importante. Si llegas aquí sin confianza da igual todo lo que hayas entrenado porque si no crees realmente lo que puedes saltar y lo que vales, no lo vas a conseguir”, ha explicado.

“Lo hablé con Héctor Cabrera el día que lanzó -jabalina-, que si metía un primero bueno el resto tenía que lanar después de él. Yo he intentado emularle porque a nivel de tranquilidad, relajación y motivación para el resto de saltos es un plus. Meter un buen primer salto condiciona más al resto que a lo que tú hagas después, así que en ese aspecto también estoy bastante satisfecho. Estoy en un proceso de adaptación y creo que con el tiempo intentaré hacer saltos más largos”, ha añadido.

‘The Rock’, como así le llaman sus compañeros, nació hace 25 años con albinismo oculocutáneo, una enfermedad congénita, en la que la mácula del ojo no se forma del todo y se queda a un 60%, y afecta a la agudeza visual lejana. Esa falta de melanina también le causa una fotofobia que le obliga a llevar siempre gafas de sol. De pequeño disfrutaba a golpe de patadas sobre el tapiz, hasta que a los 14 años decidió dejar el taekwondo tras conseguir el cinturón negro. Necesitaba nuevos desafíos y en su vida se cruzó el salto de longitud, con el que no para de cosechar medallas. En Tokio, el ‘Saltamontes’ de Alicante se ha graduado en la élite con una dulce plata.

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