Ni el dolor, ni la incertidumbre, ni una rodilla maltrecha pudieron frenar a Héctor Cabrera. El lanzador de jabalina ha vuelto a demostrar por qué es uno de los grandes del atletismo paralímpico. Lo hizo en el escenario del Mundial en Nueva Delhi, donde se colgó un bronce heroico en la categoría F13, para atletas con discapacidad visual. Una medalla que no solo vale por el metal, sino por el coraje, la fe y la resiliencia que la sostienen.
Llegaba mermado físicamente, con una lesión en la rodilla que en breve lo llevará de nuevo al quirófano. Apenas pudo entrenar en las semanas previas. Su mejor marca esta temporada era de 50.13 metros, lejos de los 64.89 con los que batió el récord del mundo en Dubái 2019 (en categoría F12). Y, sin embargo, cuando más cuesta arriba se ponía el camino, Cabrera apretó los dientes y volvió a creer.
Superó la barrera de los 60 metros
Porque si algo define al valenciano es su capacidad para competir con el alma. Lo demostró en su primer lanzamiento, el más decisivo: 60.27 metros que lo catapultaron momentáneamente a lo más alto de la clasificación. Fue un lanzamiento impulsado por el instinto, por la rabia contenida, por la necesidad de demostrar que aún tiene mucho por dar.
La jabalina surcó el aire como si su trayectoria ya estuviese escrita. Se clavó en el césped con fuerza. Cabrera respiró. Había cumplido. Luego llegaron los ataques del cubano Ulicer Aguilera, plata con 63.37 metros, y del británico Daniel Pembroke, que se colgó el oro con 68.51 metros.
Ambos de clase F13, con mayor resto visual. Cabrera, con apenas un 5% de visión debido al Síndrome de Stargardt, peleó hasta el último intento por arañar centímetros, hasta en dos ocasiones más rozó los 60 metros, pero su primer registro fue suficiente para mantenerlo en el podio.
Un premio a la constancia tras años en el desierto
No era una medalla cualquiera. Era un premio a la constancia, al sacrificio, al dolor acumulado desde aquella fatídica lesión de rodilla sufrida en 2020. Desde entonces, su carrera ha estado marcada por la irregularidad y las visitas al quirófano. Solo un oasis en ese desierto: el bronce paralímpico de Tokio. Pero después, más sombras: fuera del podio en los mundiales de París 2023 y Kobe 2024, y también en los Juegos Paralímpicos de París 2024, donde terminó cuarto.
Es su tercera medalla en mundiales, tras el bronce de Londres 2017 y la plata de Dubái 2019. Aunque este bronce en Nueva Delhi tiene un sabor más dulce. Ahora será operado, pero volverá. Con más fuerza. Con más hambre. Porque Héctor Cabrera no entiende de rendiciones.
“La competición ha sido increíble. Intenté asegurar en el primero para hacer 57 metros, y se me quedó una sensación agridulce porque tirando light hice 60 metros. Luego intenté darle fuerte a la jabalina y me quedé en 59, cuando las sensaciones eran para superar los 64 metros. Aún así, toca disfrutar del bronce después del año tan complicado. En los tres últimos meses apenas he podido lanzar porque la rodilla se me hinchaba y me salía líquido. Doy las gracias a toda la gente que ha estado conmigo, en especial a Juanvi”, ha explicado.
A falta de una jornada, España acumula diez medallas en el campeonato: oros de Iván Cano en salto de longitud T13, de David Pineda en 400 metros T20 y de Alba García en longitud T11; platas de Izaskun Osés en 1.500 metros T13 y de Judith Tortosa en 100 metros T72; y bronces de Alba y su guía Diego Folgado en 100 metros T11, Álvaro Del Amo en lanzamiento de peso y disco F11, Nagore Folgado y su guía Rafa Quijal en 100 metros T12 y Héctor Cabrera en lanzamiento de jabalina F13.
