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Carlos Martínez, el pícaro nadador que desafía a la competición

Jesús Ortiz García
12/08/2021 04:11
Natación
El nadador madrileño Carlos Martínez durante una competición. Fuente: CPE

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Lleva desde que era un crío aguantando horas y horas en la piscina, de una pared a otra, dando brazadas en silencio. Con 21 años, Carlos Martínez se ha convertido en uno de los mejores del mundo, pese a mantener una relación de amor y odio con la natación. Es un nadador que rompe los moldes establecidos, aunque suene irónico, no le gusta su deporte. Lo que le diferencia es ese apetito voraz cuando le toca medirse a sus rivales, en la competición se siente en su salsa, disfruta y se crece aportando un extra de autoexigencia. Eso le ha llevado a Tokio, a sus primeros Juegos Paralímpicos. Y avisa: “La puedo liar, voy a pelear por la medalla”.

Ese gracejo, punto pícaro, desparpajo y alma rebelde le ha acompañado desde pequeño, pisando con garbo allá por dónde va. Así ha ido superando cada obstáculo, nada ha refrenado su espíritu vívido y las ganas de comerse el mundo. Con cinco años la vida ya le puso a prueba cuando le amputaron el brazo derecho tras un accidente de tráfico. “Iba a un campamento de verano cuando el autobús en el que viajaba se saltó un stop y otro nos colisionó, haciéndonos volcar. Fui el único afectado grave. Intentaron salvarme el brazo, pero tenía pocas probabilidades de éxito y podía correr peligro, así que tomaron la mejor decisión”, cuenta.

Carlos Martínez, el pícaro nadador que desafía a la competiciónCon esa edad no era consciente de lo que le había ocurrido, él solo era un niño inquieto con ganas de divertirse. Pese a ser diestro se adaptó y aprendió rápido a manejar la mano izquierda. “Al principio pensaba que algún día me crecería otra vez la mano -ríe-. Nunca me volví tímido o me encerré en mí mismo, al contrario, los médicos se sorprendieron por mi reacción, a los dos días ya estaba correteando por los pasillos del hospital. Nadie me trató de forma diferente y eso me ayudó a no sentirme distinto ni a tener complejos. Alguna vez llegué a preguntarme por qué me tocó a mí, pero jamás lo pasé mal. Fui uno más entre mis amigos, incluso con las chicas me ha ido bien, eso me quitó inseguridades y me forjó en lo que hoy en día soy”, confiesa.

El deporte le acompañó en su crecimiento, jugaba al tenis, practicaba kárate, montaba a caballo y nadaba, pero su pasión era el fútbol, con la pelota en los pies destacaba en el patio de su colegio en Pozuelo de Alarcón (Madrid). Con seis años se tiró a la piscina por prescripción médica para combatir los dolores de espalda. A veces lo hacía con desgana y a regañadientes, pero la rehabilitación acuática le venía bien. Su descubridor, Darío Carreras, intuyó que tenía cualidades y les preguntó a sus padres si le dejaban a su hijo en sus manos.

“Tenía nueve años y yo no quería, nadar no me gusta, siempre lo he dicho. No tengo la mejor fisiología para ser nadador, tampoco flexibilidad y mi envergadura es muy justa. Lo que sí tengo es un corazón muy grande, un cuerpo que asimila bien los entrenamientos, me encanta competir y la presión, esa es mi virtud. Con el tiempo supe buscar estímulos para motivarme, como ir con la selección española a campeonatos internacionales, vivir como un deportista, viajar o conocer a gente. A pesar de no ser mi deporte favorito, sí me lo paso bien compitiendo”, recalca el madrileño.

En sus primeros años en la piscina se lo tomó con displicencia, seguía volcándose más con el fútbol. Hasta que, en 2015, una charla con su entrenador y un rapapolvo que se llevó del balear Xavi Torres (16 medallas en Juegos Paralímpicos), seleccionador de las jóvenes promesas de la natación, le pusieron los pies en la tierra. “Estaba en el limbo, tenía pajaritos en la cabeza y ambos me convencieron para dedicarme de pleno a la natación, les estaré agradecido de por vida. Darío es el gran artífice de que yo esté nadando y Xavi hizo que cambiara el chip. A partir de ahí me lo tomé en serio y en mi primera experiencia internacional, en los Juegos Europeos para Jóvenes de Varazdin (Croacia), gané cuatro oros y dos bronces”, recuerda.

De ahí llegó al Europeo de Funchal (Portugal), donde fue quinto, y en 2017 dio el paso definitivo tras instalarse en el Centro de Alto Rendimiento de Madrid. Ese año acudió al Mundial de México y en las temporadas siguientes alcanzó sus mejores logros, un bronce en el Europeo de Dublín 2018, un quinto puesto en el Mundial de Londres 2019 y este curso ha conseguido una plata en 200 estilos SM8 en el campeonato continental de mayo en Madeira, además de batir el récord del mundo en 400 estilos (5:19.86).

“He evolucionado mucho, hay más implicación y responsabilidad por mi parte, adquirí unos hábitos y rutinas para cuidarme fuera del agua, estoy más centrado y con expectativas altas. Voy a más y puedo dar el bombazo”, insiste. Para ir a los Juegos de Tokio, la mínima que le exigían era su mejor marca personal (2:31.08) y el de Pozuelo la dejó en 2:29.02. Martínez está hecho de una pasta especial, de un material que solo revela su naturaleza cuando está en competición. “En los momentos claves saco un plus de ambición que poca gente tiene. No todo el mundo compite igual bajo presión, yo suelo crecerme”, añade.

A la cita de Japón aterriza con más madurez, cargado de confianza y motivación, siendo cuarto en el ranking mundial en su prueba, los 200 estilos. “He sabido valorar y saborear cada etapa del camino hacia esta cima que veía tan lejos hace cinco años. Voy con ilusión, respeto y con responsabilidad, ya que cuando me tire al agua representaré a mucha gente que me ha ido empujando, mi familia, los amigos o mis entrenadores Darío Carreras, Carlos Salvador, Paco Ocete, Xavi Torres y Laureano Gil, otra persona clave en mi carrera. Si tengo un 30% de ganar medalla, me dejaré los huevos y el alma para que suba a un 50 o a un 60%. Voy a poner toda la carne en el asador para estar en el podio, sería la hostia. No intentarlo sí sería un fracaso”, apostilla.

TEST TOKIO 2020. Conociendo a Carlos Martínez

Tags: Equipo español Paralímpicos de Tokio 2020Juegos Paralímpicos Tokio 2020

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