Carmen Rubio, una arquera sosegada con la mira en las medallas

La navarra, de 59 años, será la única representante española en tiro con arco en los Juegos Paralímpicos de Tokio. “Sueño con una medalla, pero primero voy a por el diploma”, asegura.

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La puntería es una habilidad, un don que sólo algunos poseen. De eso está bien dotada Carmen Rubio, la arquera sosegada y tenaz que desafía a sus propias emociones y a una diana a 50 metros de distancia y festoneada por cinco círculos concéntricos de colores. El amarillo, el que puntúa nueve y diez y tiene un diámetro de ocho centímetros, lleva casi tres décadas en su visor y en su cabeza. A sus 59 años la navarra continúa entre lo más granado del panorama mundial del tiro con arco adaptado y será la única representante española en Tokio, sus terceros Juegos Paralímpicos.

Su mente está en la competición y en el desafío que se le viene encima, ha trabajado duro durante cinco años afinando su destreza y talento para este momento. El billete para la capital nipona lo logró en el Preolímpico de Nove Mesto (República Checa), trufado con una medalla de oro en Arco Compuesto. “No las tenía todas conmigo porque en 2019 sufrí una peliaguda lesión de hombro, pero el año extra por culpa de la pandemia de la Covid-19 supuso un alivio para mí. Nada iba a frenarme, ha costado lágrimas, pero lo he conseguido”, dice certera, como las flechas que emergen de su arco, con las que sueña alcanzar la gloria en Japón.

Carmen no descubrió el deporte que le apasiona en el cine, no hubo un Robin Hood disparando saetas en los bosques de Sherwood. Llegó al tiro con arco por casualidad a los 35 años, “cuando ya tenía la vida resuelta tras aprobar las oposiciones en el Ayuntamiento de Pamplona”. De pequeña practicó la natación como medio de rehabilitación. Con 14 meses adquirió la poliomielitis, que le afectó la pierna izquierda desde la cadera hasta el pie. “Pertenezco a esa generación de principios de los 60 a los que la parálisis infantil causó estragos. No tiene cura, solo intentos de mejora a través de numerosas operaciones, pero con eso he vivido siempre y he peleado para afrontar cada obstáculo en la vida”, comenta.

En el campo de tiro de Azpa (Navarra), en medio de un paraje de trigales y cereal, tensó su primer arco en 1995. Allí conoció a Enrique Ayerra, su marido y la persona que la pulió como arquera: “Eso sí que fue un flechazo”, bromea. Tres años más tarde se convirtió en la primera mujer en entrar en el equipo español tras ganarse una plaza para acudir al Mundial en Stoke Mandeville, la cuna del movimiento paralímpico y lugar donde Sir Ludwig Guttmann introdujo esta disciplina como herramienta de recuperación para los soldados de la Segunda Guerra Mundial. “Debutar en un escenario idílico por su historia fue increíble, aunque iba muy asustada, era mi primer torneo internacional”, dice entre risas. En Gran Bretaña se colgó su primera medalla, un bronce.

En España mantiene su hegemonía desde 1998, nadie ha logrado batirla. Incluso cuenta con varios hitos en su carrera, ya que, en categoría absoluta, ante rivales sin discapacidad, Carmen hizo tres podios en campeonatos nacionales en sala y una plata al aire libre. En su palmarés también luce un oro europeo (2006), además de un quinto puesto en el Mundial de Italia en 2011 y un sexto en el de Tailandia en 2013. Su modalidad no entró en los Juegos Paralímpicos hasta Pekín 2008, sin embargo, ella se estrenó en Londres 2012, dónde rozó la medalla tras ser quinta. “Los disfruté mucho, han sido los mejores en cuanto a organización. La pena es que perdí por poco en cuartos con la británica Danielle Brown, que luego salió campeona”, recuerda.

En Río de Janeiro 2016 firmó dos novenas posiciones tanto en individual como por equipos junto al ferrolano Willy Rodríguez. “Fueron unos Juegos extraños, no me salió un buen resultado ya que me influyó el no tener al lado a mi entrenador, que es quién me conoce y sabe darme las instrucciones”, subraya. Hizo borrón y cuenta nueva y arrancó el siguiente ciclo con ilusión y hambre para llegar hasta Tokio. Todo iba bien hasta que en 2019 sufrió una caída y se fracturó la glenoides, cavidad articular del hombro derecho. Meses de reposo, tratamientos y una larga espera.

“Estuve una temporada en el dique seco, no daba un duro por mí porque era una lesión muy dolorosa, no podía dormir ni mover el brazo y tuve que volver a aprender a tirar. Y encima me coincidió con los clasificatorios para formar parte del equipo español. Egoístamente hablando, tuve la suerte de que se aplazaron los Juegos por la pandemia y me vino genial para salir adelante”, cuenta. Durante el confinamiento se las ingenió para entrenar con una diana en el garaje de casa, lanzando mañana y tarde. “Pensé que llegar a Tokio era una misión imposible por lo complicado de trabajar en esas condiciones, pero mi entrenador confió en mí y me marcó la ruta. La constancia y la serenidad me han llevado hasta Japón”, asegura.

Respirar, concentrarse, apuntar y susurrar. Cinco años de preparación para jugárselo todo en 15 flechas, las que tira en cada eliminatoria. “Vengo de hacer en República Checa uno de mis mejores campeonatos a nivel técnico, esa está siendo la clave del rendimiento que estoy ofreciendo, no centrarme en los resultados en la diana sino en el trabajo que vengo realizando. Estoy con muchas ganas de demostrar que soy capaz de seguir a un nivel elevado pese a encontrarme con piedras en el camino y con algunas voces que llevan años preguntándome que cuándo voy a abandonar. Tendrán que esperar un poco más porque me siento genial y en un gran momento”, espeta la navarra.

En el Parque Yumenoshima de Tokio confía en poder colarse entre las mejores y pisar el podio que tanto anhela. “Los afronto con la tranquilidad y la seguridad de saber que el trabajo que llevo es bastante bueno. Solo hace falta que en la línea de tiro funcione la persona que está detrás del arco -ríe-. No es hora de experimentar ni de hacer inventos, si pongo en práctica lo entrenado tendré muchas opciones. Sueño con una medalla, pero me gusta ir paso a paso y primero voy a por el diploma paralímpico. Cuando llegue a los cuartos, ya pensaré en semifinales y en la final. No vendo humo ni me pongo un listón, la competición dirá en qué escalón me quedo”, añade.

TEST TOKIO 2020. Conociendo a Carmen Rubio

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