Daniel Miñana es un ejemplo de que el deporte no entiende de edades ni de finales cerrados. A los 46 años, cuando muchos piensan en poner el punto y aparte, él acaba de abrir un capítulo nuevo en su carrera deportiva. Y lo ha hecho subiendo al podio internacional del snowboard paralímpico, con una plata y un bronce en la Copa de Europa disputada en Kühtai (Austria).
No ha sido un camino recto ni sencillo. Durante años, el valenciano destacó en el ciclismo adaptado español, midiéndose con los mejores tanto en carretera como en velódromo y acumulando medallas nacionales. Compartió entrenamientos y competiciones con una leyenda como es Ricardo Ten, defendiendo los colores del Hyundai Koryo Car. Pero el deporte, como la vida, también permite reinventarse.
Antes de todo aquello, antes incluso del ciclismo, el snowboard ya formaba parte de su vida. Lo practicaba por puro placer, sin pensar en la competición. Hasta que un día de 2004 cambió su historia. Salió a entrenar en bicicleta y sufrió un atropello que lo dejó al borde del abismo: amputación de la pierna izquierda, pérdida del glúteo izquierdo, merma importante del cuádriceps, una osteosíntesis intramedular en el fémur derecho y un pinzamiento en la cadera.
Ciclismo y primeros pasos en el snowboard
Lejos de rendirse, volvió a subirse a una bicicleta. Y, años después, decidió volver a una tabla. Hace cuatro temporadas apostó definitivamente por el snowboard de competición. Empezó desde abajo, con paciencia y perseverancia, abriéndose paso hasta la selección española y compitiendo a nivel internacional.
Durante un tiempo lo hizo incluso frente a rivales con menor grado de discapacidad. Todo cambió en diciembre de 2025, cuando en Landgraaf (Países Bajos) fue clasificado en la categoría SB-LL1, reservada para amputados por encima de la rodilla. A partir de ahí, el trabajo empezó a reflejarse en los resultados.
Kühtai ha sido la confirmación. En el corazón de los Alpes austríacos, este ingeniero de edificación y padre de cinco niñas firmó una actuación sólida y ambiciosa. El primer día se colgó el bronce en el banked slalom, una disciplina tan espectacular como exigente, donde peraltes, montículos, puertas y dubbies castigan cualquier error. Miñana paró el crono en 1:19.41 tras una bajada precisa y sin fisuras.
Sabía, sin embargo, que tenía más dentro. Y lo demostró al día siguiente. Más suelto, más cómodo sobre la tabla y disfrutando del descenso, se lanzó por un trazado complicado, con abundante hielo y máxima exigencia técnica. Cruzó la meta en 1:15.02 y se colgó la plata, solo superado por el rumano Mihaita Papara (1:14.31).
“Esta temporada en Europa no ha podido empezar mejor. El cambio de categoría ha sido clave, ahora compito con deportistas con una discapacidad similar a la mía. Me quedé cerca del oro. En la segunda bajada arriesgué y tuve dos caídas, pero aun así estoy muy contento”, ha explicado.
