Deliber Rodríguez, veloces zancadas con ritmo caribeño

El atleta madrileño, nacido en República Dominicana, es uno de los mejores del mundo en 400 metros categoría T20. Medallista mundial y europeo, ahora va a por su primera medalla en unos Juegos Paralímpicos.

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El atleta madrileño de origen dominicano Deliber Rodriguez durante un campeonato. Fuente: CPE

 

 

De sus cascos emanan canciones de bachata, merengue o reguetón. La música es innegociable en sus entrenamientos, le gusta sentir el ritmo y el fuego de las melodías para motivarse y tener esa alegría en la pista. Deliber Rodríguez lo lleva en la sangre. Fibra pura y potencia, tímido, pero de sonrisa fácil, las suyas son zancadas de superación. Medallista en mundiales y europeos, es uno de los mejores atletas del mundo con discapacidad intelectual en 400 metros T20, prueba en la que tratará de subir al podio en los Juegos Paralímpicos de Tokio.

Lleva ocho años esprintando sobre el tartán y es la única medalla que le falta en su palmarés. Al atletismo llegó tarde, con 20 años, empujado por la insistencia de su hermano Dionibel. A él le gustaba más el baloncesto y, sobre todo, el béisbol, deporte que practicó de niño en la República Dominicana. Hasta los 14 creció en un barrio humilde de la localidad caribeña de Uvilla. “Tuve una infancia dura, allí hay mucha pobreza. Pero vivía feliz jugando con los amigos y trabajando con mi familia en el campo. Mi abuelo tenía cabras y una platanera y siempre estaba allí ayudando en la cosecha”, cuenta.

De niño sufrió episodios de acoso escolar y el béisbol fue su mejor arma para la integración. “En el colegio lo pasé mal, me costaba mucho aprender. Pero tenía talento para el deporte, batear se me daba bien, me gustaba y era más bueno que esos niños que se metían conmigo”, asegura. En busca de un futuro mejor, con 14 años aterrizó en Madrid y comenzó a practicar baloncesto. Luego llegó a la Fundación A La Par, que ha sido clave en su desarrollo personal, profesional y deportivo. “A España le debo todo, aquí me dieron una oportunidad para progresar. El deporte me ha enseñado a esforzarme y a luchar para vencer cualquier obstáculo”, expresa.

Dionibel, que es otro velocista referente a nivel internacional, se empeñó en que probase el atletismo con él, aunque le costó dar el paso: “Le decía que no, corriendo se sufre mucho porque lo veía a veces vomitar después de un entreno. Hasta que fui y me enganchó esa sensación de libertad. A mí antes me daba vergüenza que la gente supiera de mi discapacidad, pero en la pista siento que desaparece, desconecto del mundo, me transformo y puedo hacer algo grande. Ahora pienso que debería de haber empezado antes. Le debo mucho a mi hermano, me ha enseñado a ver las cosas de manera distinta”.

Pronto destapó sus virtudes y las medallas fueron llegando. En mundiales cuenta con una plata en Doha 2015 y una plata y un bronce en Londres 2017, además de numerosas preseas en campeonatos del mundo Virtus para personas con discapacidad intelectual. Una de las últimas ha sido el bronce en el Europeo de Bydgoszcz (Polonia) en junio. “Las tengo colgadas en la pared de mi habitación en el Centro de Alto Rendimiento de Madrid y todos los días las miro, me dan fuerza”, confiesa el atleta del Club AD Marathon, que entrena bajo las órdenes de José Luis Calvo.

Pese a ser un corredor con más fondo, ha tenido que adaptarse al 400 ya que la prueba de 800 metros en su categoría no forma parte del programa paralímpico. “Mi punto fuerte no es la velocidad, soy más fondista, tengo resistencia, pero estoy contento con el rendimiento y con las marcas que estoy haciendo”, apunta Deliber, que compagina el deporte con su trabajo como ayudante de cocina en un restaurante de Madrid. “Se me dan bien los postres y lo de experimentar platos con las sobras de casa”, dice entre risas.

Ahora está centrado en Tokio, sus segundos Juegos Paralímpicos. En Río de Janeiro 2016 quedó quinto y quiere dar un salto más para alcanzar el podio en la capital nipona. Allí no tendrá esta vez a su lado a su hermano Dionibel, que se ha quedado sin plaza. “Desde pequeño hemos ido de la mano en todo, me da pena que no esté, él ha sufrido mucho con lesiones y lo ha dado todo hasta el final. Físicamente no irá, pero en mi corazón y en mi mente siempre estará. Ojalá pueda dedicarle una medalla”, recalca. El atleta de origen caribeño competirá en 400 T20 frente a duros rivales como el brasileño Daniel Tavares, el británico Columba Blango, el venezolano Luis Felipe Rodríguez o el francés Antoine-Charles Kouakou.

“El nivel es brutal, vamos a estar todos en un paño, meterse en la final será caro porque somos nueve o diez atletas con tiempos muy igualados. Tengo una espinita clavada porque en Río no fui capaz de controlar mi impulso y lo pagué caro. Ahora me siento más fuerte, en mi cabeza solo está la medalla, pero soy consciente de lo difícil que es. Si rebajo mi marca personal, que está en 48.84 segundos, estaré satisfecho y tendré muchas posibilidades de cumplir ese sueño. En Tokio voy a exprimirme como nunca, a disfrutar y a pelear hasta el último metro para traerme una medalla paralímpica, la que me falta en mi pared”, añade con una sonrisa.

TEST TOKIO 2020. Conociendo a Deliber Rodríguez

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