El biatlón paralímpico es una de las disciplinas más exigentes y espectaculares del programa de los Juegos Paralímpicos de Invierno. Combina dos habilidades aparentemente opuestas: la resistencia del esquí de fondo y la precisión del tiro, en una competición donde el pulso firme marca la diferencia entre la victoria y la penalización.
En qué consiste el biatlón paralímpico
El biatlón paralímpico mezcla el esquí de fondo en técnica libre con el tiro de precisión a 10 metros. Los deportistas recorren un circuito nevado -que se completa tres o cinco veces, según la prueba- y entre cada tramo deben detenerse en el campo de tiro para acertar cinco dianas.
Por cada blanco fallado se aplica una penalización de tiempo, que se suma al crono final. El ganador es quien completa el recorrido con el menor tiempo total, combinando velocidad, resistencia física y control mental para estabilizar la respiración tras el esfuerzo.
En los Juegos Paralímpicos se disputan tres grandes pruebas: velocidad (Sprint) con 7,5 kilómetros, persecución e individual con 12,5 kilómetros. Las diferencias entre ellas radican en la distancia total, el número de entradas al campo de tiro y el sistema de salida.
Quién practica el biatlón paralímpico
El biatlón paralímpico está dirigido a deportistas con discapacidad física (afectaciones en extremidades superiores o inferiores, lesión medular o amputaciones) y discapacidad visual, incluyendo ceguera total.
La competición se organiza en tres grandes categorías:
- Ciegos y discapacidad visual
- B1: ceguera total.
- B2: pequeño resto de visión.
- B3: mayor resto visual.
Compiten siempre con un guía y utilizan un sistema de rifle electrónico con cámara infrarroja. El blanco es electrónico y los deportistas apuntan mediante señales acústicas: cuanto más intenso es el sonido en los auriculares, más cerca están del centro.
- De pie (categorías LW2 a LW9)
Incluye esquiadores con discapacidad en extremidades superiores o inferiores que pueden competir de pie, con o sin prótesis.
Algunas clases destacadas:
- LW2, LW3, LW4: afectaciones en una o ambas piernas.
- LW5/7, LW6, LW8: discapacidad en uno o ambos brazos (pueden competir sin bastones o con uno solo).
- LW9: combinación de discapacidad en brazos y piernas.
En el tiro emplean carabinas de aire comprimido con blancos mecánicos. En ciertos casos, tras posicionar el rifle, el deportista da la orden y un entrenador acciona el gatillo.
- Sentado (categorías LW10, LW11, LW12)
Destinada a deportistas con lesión medular o doble amputación de piernas.
Compiten en un sit-ski, un asiento o “taburete” adaptado montado sobre dos esquís de fondo. Se impulsan con bastones y utilizan una técnica similar a la clásica.
Existen además clases intermedias (LW10.5 y LW11.5). Para garantizar la equidad, el sistema aplica factores de compensación de tiempo según el grado de afectación.
Material que se utiliza en biatlón
El equipamiento es clave en esta disciplina: esquís de fondo adaptados a cada categoría; bastones, uno, dos o ninguno según la clase; sit-ski para la categoría sentada; carabinas de aire comprimido para deportistas con discapacidad física; rifles electrónicos con sistema acústico para deportistas con discapacidad visual. Cada detalle técnico está pensado para equilibrar la competición sin restar exigencia deportiva.
Historia del biatlón paralímpico
El biatlón paralímpico debutó en los Juegos Paralímpicos de Innsbruck 1988, inicialmente como deporte exclusivo para personas con discapacidad física. Cuatro años más tarde, en los Juegos Paralímpicos de Albertville 1992, se incorporaron oficialmente los biatletas con discapacidad visual.
Durante décadas, la disciplina estuvo gestionada por la Federación Internacional de Esquí Nórdico Paralímpico. Sin embargo, en julio de 2022, su dirección pasó a la Unión Internacional de Biatlón (IBU), reforzando la integración entre el biatlón olímpico y paralímpico bajo una misma estructura internacional.
Más allá de la técnica, el biatlón paralímpico es un desafío psicológico. Tras varios kilómetros de esfuerzo intenso, el deportista debe reducir pulsaciones en segundos y encontrar la calma necesaria para acertar al centro del blanco.
Resistencia, concentración y tecnología se unen en una disciplina que simboliza el espíritu paralímpico: superar límites y convertir la precisión en victoria.
