En Villacañas (Toledo) la nieve no forma parte del paisaje. Allí, entre pistachos, almendros y olivos que se extienden por los terrenos agrícolas de la familia de Emilio Redondo, el invierno tiene otros colores. Sin embargo, desde ese lugar seco ha emergido un rider capaz de deslizarse entre los mejores del mundo. El toledano ha firmado una meritoria duodécima posición en el banked slalom de snowboard en los Juegos Paralímpicos de Milán-Cortina.
No es un resultado cualquiera. Es el reflejo de una trayectoria acelerada, de un aprendizaje exprés sobre una tabla y de una voluntad que no entiende de límites. Redondo compitió en la categoría SB-LL2, reservada para deportistas con amputación tibial. En el circuito técnico y ondulado del banked slalom, cada curva exige precisión, cada peralte obliga a confiar en el equilibrio y cada puerta se convierte en una pequeña batalla contra el cronómetro.
El español lo entendió desde la primera bajada. Salió valiente, decidido, buscando velocidad desde el primer giro. Su descenso fue limpio y fluido. Cruzó la meta con un tiempo de 1:00.04, que lo situaba en una sorprendente novena posición provisional. Por un momento, el diploma paralímpico parecía una posibilidad real. Pero la montaña también juega su propia partida.
Una segunda bajada difícil por la nieve
La temperatura subió, la nieve se volvió más lenta y el circuito cambió su carácter. En la segunda bajada, Redondo firmó 1:00.21, una bajada más pulida, pero menos rápida. Tres rivales lograron superarlo y el toledano terminó duodécimo, cerrando su participación en la prueba con un lugar dentro del Top 12.
El oro volvió a quedarse en casa. El italiano Emanuel Perathoner, que ya había conquistado el snowboard cross, dominó también el banked slalom. La plata fue para el suizo Fabrice von Gruenigen y el bronce para el australiano Ben Tudhope.
Para Redondo, el balance sigue siendo positivo: “Estoy contento. He hecho una primera bajada sorprendente de resultado y estaba con la ambición de poder llegar a conseguir el diploma. Creía que podía hacerlo, pero al final el día se ha puesto cálido, la nieve mucho más lenta y, aunque creo que he hecho una bajada más fina, me ha sentenciado el tema de la nieve y ha sido imposible recuperar posiciones”, ha explicado.
Su historia ayuda a entender lo logrado. A los 19 años, un accidente de moto cambió su vida y le costó el pie izquierdo. Cuatro temporadas después, en 2025, ya estaba ganando la clasificación general de la Copa de Europa. Y ahora, en sus primeros Juegos Paralímpicos de Invierno, ha alcanzado los cuartos de final en snowboard cross y un Top-12 en banked slalom. Todo en apenas unos años.
Mientras tanto, en Villacañas, el orgullo crece entre los campos de cultivo donde Redondo sigue echando una mano a su padre cuando no está sobre la nieve. Allí donde nunca nieva, un snowboarder ha aprendido a deslizarse hasta la élite. Y su recorrido apenas empieza.
