En el snowboard, como en la vida, todo ocurre a gran velocidad. Se sale del portillón con el corazón golpeando el pecho, se sortean saltos y peraltes, se lucha cuerpo a cuerpo, y en cuestión de segundos una línea perfecta puede convertirse en caída. Emanuel Perathoner aprendió esa lección más de una vez. Primero como olímpico. Ahora, como paralímpico tras una reinvención ganadora.
A las puertas de los Juegos de Milán-Cortina 2026, el rider italiano no solo es tricampeón mundial de snowboard paralímpico y uno de los grandes nombres de la Copa del Mundo. Es, sobre todo, el ejemplo de cómo una lesión que parecía un punto final se transformó en un nuevo comienzo.
Perathoner creció en el norte de Italia, entre montañas que no entienden de límites ni excusas. Desde muy joven se sintió atraído por el snowboard cross, la disciplina más explosiva de este deporte: cuatro corredores lanzándose a la vez por un trazado lleno de saltos, curvas peraltadas y obstáculos.
Era competitivo hasta el extremo. Si no sentía que podía ganar, perdía el interés. Esa mentalidad le empujó pronto al circuito internacional. Cuando Italia organizó los Juegos de Turín 2006, él tenía 19 años y soñaba con estar allí. Compitió en el evento de prueba, rozó la clasificación, pero no entró en el equipo nacional y tuvo que verlo por televisión. Aquella frustración no lo detuvo. Ocho años después, estaba al otro lado de la pantalla.

Sochi 2014, el sueño y el golpe
Su debut olímpico llegó en Sochi 2014. Familia y amigos lo miraban desde Italia mientras él, por fin, vivía el ambiente y la dimensión total de unos Juegos. Pero el snowboard es una disciplina que no negocia con la fragilidad. Durante los entrenamientos sufrió una conmoción cerebral y una lesión en la muñeca. Días más tarde, cuando regresó al trazado, un compañero impactó contra él en plena bajada: dos costillas rotas. No le permitieron competir. Cuatro años de preparación se habían evaporado.
Aun así, regresó. En los Juegos de Pyeongchang 2018 no hubo lágrimas anticipadas. Esta vez completó sus carreras, terminó 15º, siendo el mejor italiano en la prueba masculina. Fue rápido, pero un error al final lo dejó fuera de la pelea por las rondas decisivas. No hubo medalla, pero sí resistencia. Después de Corea llegaron sus mejores resultados: bronce en el Mundial de 2019, podios en Copa del Mundo, incluso una victoria en diciembre de 2018 en Cervinia, Italia. El objetivo estaba claro: los Juegos Olímpicos de Pekín 2022. Soñaba despierto con una medalla.
El 14 de enero de 2021 entrenaba para sus terceros Juegos. La rutina del alto rendimiento es repetición y riesgo. Pero esa vez la pierna izquierda no respondió. La lesión fue grave. No era una fractura simple, ni una pausa breve. Fue una ruptura que exigió cuatro cirugías y, finalmente, un reemplazo total de rodilla.
Desde la cama del hospital aún pensaba en Pekín. Pero el calendario avanzaba más rápido que su recuperación. Cuando entendió que no podría caminar sin muletas a tiempo, tuvo que aceptar que el sueño olímpico se había terminado. O, al menos, eso parecía. Buscó el lado positivo incluso en lo irreversible. Esa filosofía sería su salvación.

Volver a caminar y a deslizarse
El primer objetivo fue mínimo y gigantesco a la vez, volver a caminar sin muletas. Lo consiguió en julio de 2022. Ese día no hubo medallas ni público, pero sí una victoria íntima. En septiembre empezó a trotar en la cinta. En octubre volvió a subirse sobre una tabla más de un año y medio después. El sonido del canto cortando la nieve le devolvió algo que creía perdido: identidad.
Algo se encendió de nuevo. Descubrió que su lesión lo hacía elegible para competir en snowboard paralímpico, en la categoría SB-LL2. Pasó clasificación internacional y en noviembre de ese año debutó en Copa Europa. Un mes después, ya estaba en Copa del Mundo, ganando dos oros en Big White (Canadá).
El aprendizaje fue abrupto. Tenía movilidad limitada en rodilla y tobillo. Debía reaprender apoyos, equilibrios, impulsos. Pero tenía algo que nadie podía quitarle: experiencia. Conocía el cuerpo, la técnica, la velocidad. Sabía escuchar la tabla. En su primera temporada ganó el título mundial en banked slalom, fue plata mundial en snowboard cross y logró tres oros en Copa del Mundo.
Después llegó un doble oro en el Mundial de 2025 en Canadá y 25 medallas más en Copa del Mundo, 22 de las cuales doradas, siendo campeón del Globo de Cristal en los últimos años. Pero lo más importante no eran los metales. Lo mejor era volver a sentir, volver a competir y a disfrutar en la nieve. Hoy es un referente del snowboard paralímpico.
Su regreso no solo cambió su carrera, sino también dinámicas en Italia. Antes, los equipos olímpico y paralímpico entrenaban por separado. Desde que Perathoner cruzó de un lado al otro, la conexión se hizo más intensa. Comparten pistas, consejos, experiencias. Ya no compite contra sus antiguos compañeros; ahora los ayuda. Y ellos lo animan.

A por la medalla en Milán-Cortina 2026
Ahora el destino le ofrece algo más que una revancha deportiva. En los Juegos Paralímpicos de Milán-Cortina 2026 competirá a apenas dos horas de su ciudad natal. Por primera vez en una cita invernal, su familia podrá estar en la meta. Allí, su esposa agitará una enorme bandera italiana con su rostro impreso.
Será su debut paralímpico. Después de todo lo vivido, las lágrimas de Sochi, la dureza de Pyeongchang, el hospital, las muletas, el reaprendizaje, Perathoner llega como aspirante real a medalla en snowboard cross y banked slalom. Su palmarés lo avala. También su experiencia y hambre renovada. Si gana una medalla en casa, será histórica. Si no, seguirá sonriendo. Porque ya entendió que el mayor triunfo no fue subir al podio, sino volver a deslizarse. Y eso, para un corredor que una vez bajó llorando sin poder competir, lo cambia todo.
