España ha logrado la quinta plaza en el Europeo de balonmano en silla de ruedas. Un lugar que no estaba en los planes iniciales, porque la ambición era pelear por las medallas, pero que el seleccionador Ricardo Alonso define como “importante” y cargado de posibilidades: abre la puerta al Mundial, donde los cuatro primeros tienen billete asegurado… y donde siempre hay huecos que se liberan. Había que ser quintos. Y lo fueron.
No era un torneo sencillo. El sorteo les había colocado en el grupo más feroz: Portugal y Francia, dos gigantes de la modalidad -oro y plata, respectivamente- y curtidos en un deporte que este año cambiaba profundamente. El salto del 6×6 al 4×4 sin portero, los goles dobles tras giros de 360 grados y la opción de anotar de portería a portería convertían cada jugada en un estallido físico y táctico. Un balonmano más veloz, más eléctrico, más espectacular.
Francia y Portugal, muros difíciles de escalar
España debutó con dudas, perdiendo el primer set ante Francia por 5-11. Pero la reacción fue vibrante: defensa agresiva, ataques en transición y un 8-12 que llevó el duelo al desempate. En los shoot-outs, los franceses fueron más precisos y se llevaron el punto definitivo (11-13).
El segundo choque, ante Portugal, fue una montaña aún más empinada. El primer set cayó del lado luso por 4-6, pese al orden defensivo español. El segundo se jugó con fe, con Miguel García marcando el ritmo ofensivo, pero el final volvió a premiar a los portugueses (8-9). España quedaba fuera de la lucha por las medallas, pero no fuera del torneo.
Orgullo y primera victoria
Quedaba un último partido de grupos ante Rumanía. Y el cuerpo técnico debía levantar los ánimos. Los jugadores respondieron con aplomo. El primer set fue español desde el inicio, guiado por Juan López y Lorenzo Envó (6-4). En el segundo, a pesar del empuje rumano, Miguel García y Envó sentenciaron el triunfo (8-6). Era la primera victoria del campeonato y un soplo de convicción antes de luchar por el quinto puesto.

El duelo por la quinta plaza medía a España con Noruega. Y desde el primer minuto quedó claro que el equipo estaba dispuesto a aferrarse a su objetivo. El 12-3 inicial fue un golpe directo: García, Envó y Carlos Muñoz firmaron un set impecable.
Noruega reaccionó en el segundo (6-5), aumentando la intensidad y emparejando fuerzas. Todo se decidiría en un tercer set donde emergió un nombre propio: Miguel García. Sus cuatro puntos sostuvieron al equipo y sellaron el 4-1 definitivo que valía un quinto lugar trabajado, merecido y muy valioso.
“En el equipo han podido jugar todos, y estoy muy contento porque lo que nosotros proponemos, ellos lo demuestran en pista. Es un grupo muy bueno, que espero que siga muchos años. Un quinto puesto es importante porque nos da opciones para el Mundial. Ese era nuestro objetivo tras no llegar a semifinales”, ha comentado el seleccionador.
Un deporte que crece sin pausa
El combinado español ha estado integrado por Juan López Porta, Lorenzo Envó, José Manuel Barroso, Óscar Pérez, Rafael Benítez, Pablo José González, Miguel García, Diana Cantalejo, Carlos Muñoz y Lucía Martín. Jugadores que representan una disciplina que en España vive una expansión acelerada.
La liga nacional ya cuenta con seis clubes (Inclusport Serbán, Inclubasket Coruña, Bathco Cantabria, Club d’Handbol Palautordera-Salicru, A.D. Dominicos Zaragoza y Club Deportivo Iplacea), apoyados por el impulso firme de la Real Federación Española de Balonmano.
Fintas inesperadas, pases rápidos, giros imposibles y goles que aparecen desde la nada. El balonmano en silla de ruedas es un deporte joven, enérgico y vibrante. Y España, con este quinto puesto, demuestra que quiere formar parte de su futuro más brillante.
