Morales se estrenó en unos Juegos con 15 años en Sydney.
SORAYA MOUSSAOUI / diariodemallorca.es. Debutó en la piscina olímpica de Sydney 2000 con 15 años, y desde entonces no ha faltado a su cita con los Juegos. Esther Morales posee tres medallas de bronce paralímpicas: dos logradas en Atenas, en las pruebas de 100 metros espalda y 50 metros libres. En Pekín volvió a triunfar en los 100 metros espalda. Nació con focomelia, malformación, en su caso, de la mano izquierda, una discapacidad física que no le ha impedido a esta luchadora conseguir todos sus propósitos. Transmite una energía desbordante. La misma que utilizó para colgarse 14 medallas en los Campeonatos Europeos: cinco oros, cuatro platas y cinco bronces; y seis más en Mundiales. En Londres se despedirá de unos Juegos competiendo en cinco pruebas: los 50 y 100 metros libres, los 100 espalda, y en los dos relevos de categoría alta femenina. Eso sí, no es un adiós definitivo.
-Tres Juegos, tres medallas. ¿A por la cuarta en Londres?
-De momento aspiro a meterme en las finales de los 50 y de los 100 metros libres, que son las pruebas que más he preparado. Una vez en la final, estar entre las ocho mejores. No tengo pretensión de ganar ninguna medalla, lo que no significa que no vaya a luchar. Pelearé como una jabata todo lo que pueda.
-¿La experiencia juega a favor o en contra?
– Pienso que la experiencia siempre juega a favor. Ya sabes lo que es, lo que tienes que hacer. Has realizado la prueba mil veces, sabes cómo tienes que nadarla. Sabes lo que se vive antes de una final. Aunque siempre sigue siendo especial, acabas poniéndote nerviosa como la más novata.
-¿Cómo recuerda sus primeros Juegos, con 15 años?
-Justo fueron los Juegos de Sydney y viajar al otro lado del mundo fue un plus. Iba sin expectativas de ganar pero sí de coger experiencia para los siguientes Juegos.
-¿Qué sintió al ganar su primera medalla?
-Mucha alegría. Me puse a llorar como una niña, que lo era. El día antes nadé los 100 libres y quedé cuarta, me desilusionó completamente. Me tiré a hacerlo bien pero no pensaba que fuera a ganar.
-En unos Juegos, ¿con qué momento se queda?
-El momento de la inauguración es el más bonito, el instante en el que dicen el nombre de España y sales. También es muy emocionante cuando nadas o cuando gana un compañero con el que tienes más afinidad.
-¿Cuáles recuerda con mayor melancolía?
-Todos tienen algo especial. Sydney fueron los primeros, en Atenas fue la primera vez que conseguí medalla y Pekín fue la vez que gané presea con mucho mayor sacrificio porque ya era más mayor. Cuando quedaba menos para los Juegos vi que había pasado en el ránking de tercera a séptima, te replanteas qué has estado cuatro años trabajando para no entrar en una final. En general, las de Pekín fueron espectaculares.
-Estos últimos meses, ¿cómo ha sido su rutina?
– He estado entrenando nueve sesiones a la semana, con nueve sesiones en el gimnasio. Una media de seis horas de agua y dos o tres de gimnasia al día.Muchísimos metros e intensidades. Hemos viajado mucho: Sierra Nevada en altura, en Tenerife, en el CAR de Sant Cugat
-¿Cuál es el mayor esfuerzo que tiene que realizar en la piscina?
-Con 27 años el sacrificio es sobre todo el aguantar el día a día. Estos últimos cuatros años han sido muy exigentes, especialmente este último.
-Entre las diferentes pruebas en las que compite, ¿en cuál sufre más?
-La que más me cuesta no la nado: los 400 libres y los 200 estilos. Los 400 libres me obligaban a nadarla, pero la odiaba. Es muy larga, me daba tiempo a pensar demasiado.
-¿Qué le aporta la natación?
-Más que nada, satisfacción personal. Es marcarte unas metas, luchar por ellas, conseguirlas. Me ha enseñado a ser más más exigente conmigo misma. Además, me ha abierto mucho los ojos en cuanto qué es realmente importante y qué no, y sobre todo, a socializarme más.
-¿Su discapacidad la cohibía?
-No, pero quizá yo veía mi discapacidad como algo muy grave y cuando entré en la selección en la categoría 10, que es la más leve de todas, conoces gente que está mucho peor que tú, te das cuenta que lo tuyo es una tontería.
-Entre 2001 y 2009 no se celebró ningún europeo. ¿Dejó en ese paréntesis temporal la natación?
-No, seguí nadando. Campeonatos del Mundo, algunos Open internacionales, pero ningún campeonato europeo que nos agregara a todos.
-¿Se afronta de diferente modo un Mundial, un Europeo a unos Juegos?
-A nivel competitivo todo el mundo prepara mucho más unos Juegos que no un Campeonato de Europa. La experiencia, la vivencia, la cantidad de público, los medios de comunicación que lo siguen€es mucho más espectacular unos Juegos que cualquier otro campeonato.
-¿Qué tiene pensado después de Londres?
– En principio quiero continuar uno o dos años más porque creo que retirarse después de unos Juegos sería demasiado duro para mí.
-Entonces, ¿no se plantea la posibilidad de participar en Río 2016?
-No. Para Río ya no aguanto. Llevo cuatro Juegos y para mí ya es suficiente. Tengo muchos otros planes. No sé si me retiraré después de estos Paralímpicos, pero a Río no llego.
-Cuando deje la piscina, ¿qué tiene pensado?
-Estudié comunicación audiovisual y ahora publicidad y relaciones públicas. Comenzaré con las prácticas después de Londres para terminarla totalmente y empezar a buscar trabajo, aunque no sé si sabría dedicarme a algo relacionado con el deporte. Lo mío es algo más creativo.
-¿Cree que en el deporte con limitaciones físicas tiene mayor importancia el entrenamiento psicológico?
-No, yo creo que en general todos los deportistas tienen que tener el mismo esquema. La persona tiene que saber qué discapacidad tiene, saberla admitir y reconocer qué capacidades tienes con ella y saberla aprovechar. La persona que no tiene asimilada su discapacidad no es capaz de llegar a unos Juegos.