Gustavo Nieves, coraje y pundonor sobre el asfalto

El maratoniano vigués vivirá en Tokio sus quintos Juegos Paralímpicos, donde espera subir por primera vez al podio. “Voy a por el oro, pero firmaría un bronce”, dice.

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Cuando era pequeño a Gustavo Nieves siempre se le veía con un balón en los pies, llegó incluso a vestir la elástica del Celta de Vigo en categorías inferiores. Hasta que un día, con 17 años y de forma inesperada, una pérdida de visión viró su rumbo. Una atrofia en el nervio óptico acabó con su pasión por el fútbol, pero le abrió otra puerta, la del atletismo, primero como fondista y después como maratoniano. Dos décadas lleva brillando con coraje, pundonor y talento.

Ahora se enfrenta a sus quintos Juegos Paralímpicos, una reválida sobre el asfalto japonés que espera superar para sumar su primera medalla. En Sídney 2000 logró diploma paralímpico en 10.000 metros, en Pekín 2008 llegó a la final, rozó la presea en Londres 2012 al lograr un cuarto puesto, mientras que en Río de Janeiro 2016 tuvo que retirarse por el intenso calor cuando iba primero. “Ese día me prometí que volvería a intentarlo. En Tokio tendré otra oportunidad, es la medalla que me falta y voy a por ella”, reconoce el celtiña que nunca se arredra.

El vigués empezó a despuntar muy pronto sobre el tartán, “me puse las zapatillas para mantenerme en forma, pero fui campeón juvenil de Galicia y después, de la mano de la ONCE, acudí a pruebas internacionales y a mis primeros Juegos, todo fue muy rápido”. En 20 años ha coleccionado numerosos metales y ha sido campeón de Europa en 5.000 y en 10.000 metros en categoría T12 (discapacidad visual). Hace un lustro dio el salto a los 42,195 kilómetros que eternizara el mito de Filípides y en Río de Janeiro tuvo su primera prueba de fuego.

“Iba primero, lanzado a por el oro y en el kilómetro 35 me dio una pájara por el calor y me desmayé. Mi problema es que arriesgo demasiado en los entrenamientos con el objetivo de ganar”, confiesa. Tras ello pensó en dejarlo, tuvo que ser operado hasta en dos ocasiones del tendón de Aquiles. “Aquella preparación fue traumática, tenía muchos dolores y tomaba cuatro antiinflamatorios al día”, recuerda. Encontró trabajo en Madrid en una correduría de seguros y volvió a los entrenos con el grupo de Arturo Martín en el Centro de Alto Rendimiento, compartiendo rodajes con compañeros como Fernando Carro o Adrián Ben.

“La ilusión va cambiando, pesa más la experiencia que las ganas y, más que por motivación, corro porque para mí es una forma de vida”, recalca Nieves, cuya perseverancia y espíritu de sacrificio empujaron sus piernas hasta conseguir el billete para Tokio en dos ocasiones. La primera, en el Mundial de Londres en 2019 y lesionado del cartílago de la rodilla: “Corrí con mucho dolor, en las semanas previas apenas podía caminar. Fui con la calculadora y salió bien, ya que se clasificaban los cuatro primeros y quedé cuarto”. Aunque luego, por culpa de la pandemia de coronavirus, tuvo que refrendar su plaza en la maratón de Valencia en diciembre del año pasado y otra vez lo hizo entre algodones porque un par de meses antes había sufrido una fractura de peroné.

Esta temporada ha completado una ardua preparación y llega fuerte tras meses de pico y pala. “Ahora estoy muy bien, a tope. En invierno pasé un frío tremendo entre el CAR y la Casa de Campo de Madrid, después me preparé en lugares más cálidos para simular un poco las temperaturas que nos vamos a encontrar en Japón”, explica. El tiempo será el gran enemigo en los Juegos para una maratón que se celebrará a las 6.30 de la mañana. Confía en que nada calme su apetito, sabe que es su momento, tiene muchas papeletas para subir al podio.

“La prueba tendrá unas condiciones de calor y humedad parecidas a las de Río, así que ganará el que esté más sano, no el que mejor forma tenga. Un poco de pan con miel, un té y a darlo todo para conseguir la medalla que tanto se me resiste”, subraya el gallego, que tendrá en el asturiano Alberto Suárez y en el marroquí El Amin Chentouf a sus principales rivales. “Mi objetivo es ir a por el oro, soy ambicioso, pero firmaría un bronce. Tokio serán mis últimos Juegos, o eso creo. Si consigo algo, quizás sería el momento de decir adiós, aunque iría año a año”, apostilla el indómito maratoniano.

TEST TOKIO 2020. Conociendo a Gustavo Nieves

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