En el mundo del deporte, hay gestas que no se miden en segundos ni en metros, sino en convicciones. El atleta Javi Conde, campeón mundial y nueve veces medallista paralímpico, emprendió una batalla que no se libra en los estadios, sino en el terreno de la igualdad. Su objetivo, lograr que los deportistas con síndrome de Down y discapacidad intelectual tengan un reconocimiento real y puedan participar en los Juegos Paralímpicos en condiciones de justicia e inclusión.
“Me duele ver a jóvenes entrenando, esforzándose, sabiendo que jamás tendrán la oportunidad de competir en unos Juegos. Y hay poca solidaridad con los afectados, existe discriminación dentro de las propias discapacidades. Algún día conseguiremos algo, y entonces sí habrá cola de personas que querrán ponerse medallitas”, confiesa el de Basauri.
Ha corrido maratones por causas solidarias, recaudado fondos para oenegés y acompañado a atletas con discapacidad en sus primeros pasos competitivos. Pero ninguna de sus victorias personales parece importarle tanto como esta cruzada. El reclamo no es nuevo, pero la frustración crece con el paso del tiempo.

Una herida que comenzó en Sídney 2000
Para entender esta lucha, hay que retroceder hasta los Juegos de Sídney 2000. Aquella edición marcó un antes y un después. Durante la cita en la ciudad australiana, se descubrió que, en el equipo español de baloncesto, que había ganado el oro, diez de los doce jugadores no tenían discapacidad.
Un fraude que sacudió al movimiento paralímpico y tuvo consecuencias drásticas: la exclusión de los deportistas con discapacidad intelectual en siguientes ediciones. En Londres 2012 se permitió su regreso en algunos deportes, aunque de forma limitada a unos pocos eventos y pruebas.
“Pagaron justos por pecadores. El castigo lo llevan sufriendo miles de deportistas inocentes desde hace 25 años y las instituciones no han sido capaces de solucionarlo. En España contamos con el apoyo de todos los partidos políticos. Estamos dando guerra, pero es como luchar contra dragones con un tirachinas. Eso sí, por dignidad, no vamos a dejar que la llama se apague”, asegura.
Una renuncia contra el silencio institucional
Este año, como gesto de protesta, el Club de Atletismo Paralímpico Javi Conde tomó la decisión de renunciar a participar en el Campeonato de España. “Será muy complicado que encontremos una solución para la próxima edición de los Juegos, pero eso no nos va a frenar”, advierte.
Para el atleta vasco, el problema no es solo el pasado, sino el inmovilismo actual. Organismos como VIRTUS (Federación Internacional de Deportistas con Discapacidad Intelectual) y los propios comités paralímpicos de cada país, entre ellos el español, afirma que no han hecho lo suficiente para revertir esta situación. “Falta valentía y compromiso. Llevamos años pidiendo soluciones, pero no mueven ficha de verdad. Hablan de inclusión, pero en la práctica mantienen a muchos deportistas fuera”, critica.
El objetivo y las ilusiones estaban puestos en París 2024, pero no fue posible. Luego pusieron su esperanza en Los Ángeles 2028, pero sus peticiones para aumentar las pruebas o crear nuevas categorías han caído en saco roto. “El colectivo de discapacidad intelectual, que tiene el mayor número de licencias federativas a nivel global, solo puede competir en escasas pruebas de atletismo, natación y tenis de mesa. No hay ninguna voluntad de que esto cambie. Se ríen de ellos”, recalca.
Montes Solidarios: el deporte como altavoz
Junto a su inseparable compañero de aventuras solidarias Jon Salvador, Conde impulsa desde 2021 el proyecto ‘Montes Solidarios’, una iniciativa que combina el deporte con la reivindicación social. A través de ascensos a montañas y puertos de distintas regiones, buscan visibilizar la situación de los atletas con discapacidad intelectual y síndrome de Down, para mantener viva su demanda de inclusión.
Hasta la fecha, han escalado 48 cimas y puertos tanto en España como en otros países. Entre ellos destacan La Bola del Mundo, La Morcuera y Navacerrada (Madrid); Orduña, La Barrerilla y Zaratamo (País Vasco); las Murallas de Ávila (Castilla y León); el Castillo de Montjuic (Cataluña); el Mirador del Fito (Asturias); Peña Cabarga y Alto Campoo (Cantabria) y el Colle Della Guardia (Italia).
Las próximas metas ya están trazadas: Col de Marie-Blanque (Francia), Puerto de Alisas (Cantabria) y varias ascensiones en Gran Canaria. Cada subida, más que un reto deportivo, se convierte en una bandera simbólica por la igualdad.

Una causa que trasciende el deporte
La lucha de Conde y su equipo no busca únicamente un cambio en los reglamentos deportivos. Se trata de una batalla moral y social, de reconocimiento y respeto. “Estos chicos entrenan, se sacrifican, viven el deporte con pasión, pero el sistema no les permite soñar con lo mismo que los demás”, explica.
La situación actual deja a muchos deportistas en un limbo competitivo, sin espacio en los grandes eventos internacionales. Aunque en los últimos años se han dado pequeños pasos hacia la integración, la creación de una categoría específica para atletas con síndrome de Down sigue siendo una asignatura pendiente del movimiento paralímpico.
“Hasta mi último suspiro lucharé porque se haga justicia”, promete. Su voz, serena pero inflexible, encarna la perseverancia de quien ha convertido cada zancada y cada cima en un acto de resistencia. Mientras tanto, el fuego sigue encendido. En cada montaña que ascienden, en cada atleta que se une a su causa, en cada gesto de apoyo. Porque como dice Conde, la dignidad no se negocia, y la llama de la inclusión no puede apagarse.
