
A veces el deporte es ingrato e injusto. Todo el trabajo, dedicación y esfuerzo de una temporada queda supeditado a una prueba señalada en el calendario, y si el deportista tiene un mal día por enfermedad o problemas físicos, le puede condicionar la preparación del siguiente año. Es lo que le ha pasado al tándem Christian Venge-Noel Martín, que este curso ha vivido una montaña rusa en ciclismo. Han subido al podio en el Europeo y en varias Copas del Mundo, pero una gastroenteritis les impidió rendir al máximo en el Mundial de carretera y ahora una lesión les impedirá competir en el velódromo. Y sin logros no hay becas económicas, algo que complica el futuro para encarar desafíos mayúsculos.
La pareja española apenas llevaba unos meses pedaleando junta cuando conquistó el maillot arco iris en la prueba en línea en Portugal y luego la medalla de bronce en la contrarreloj de los Juegos Paralímpicos de Tokio 2021. Este año su rendimiento ha sido notable, con tres preseas en Copa del Mundo, dos platas en Elzach (Alemania) y un bronce en (Ostende), así como una plata y un bronce en el Europeo en Upper (Austria). Unos resultados que les catapultaron hasta la segunda posición del ranking UCI.
“En marzo llegó la tendinitis de Christian y mi rotura de dedo, con una recuperación a contrarreloj para llegar a las Copas del Mundo de mayo, donde lo hicimos de 10”, asegura Noel. Sin embargo, en el Mundial de Canadá no pudieron optar al podio por problemas físicos y fueron quintos. “Nos dijeron que iban a cambiar el Plan ADOP y que las becas seguras serían si logras medalla en la contrarreloj, pero no si la haces en ruta, algo ilógico e injusto. Nosotros habíamos invertido miles de euros en el tándem de ruta, no tenemos de crono, y en el entrenamiento, así que en dos meses no daba tiempo ni a encontrar material ni a preparar la competición”, relata el piloto abulense.
Además de esa presión añadida, ambos tuvieron que lidiar con una gastroenteritis vírica que contrajo Martín y de la que se contagió su compañero al llegar a Canadá. “Vomité cuatro veces en diez minutos, estuve con diarrea, iba fatal, me recomendaron que no hiciera ningún esfuerzo, pero corrimos y fuimos quintos a pesar de mi salud y de que no teníamos un tándem específico para la contrarreloj, que son más aerodinámicos y más largos”, añade el castellonense, que lamenta que el Comité Paralímpico Español no ha tenido en cuenta su situación a la hora de valorar la beca asignada.
“Han hecho un Plan ADOP sin consultar a los deportistas y en el caso del ciclismo, no cuentan con la ruta como referente, cuando es la prueba reina. Para protegernos de posibles averías o enfermedades nos dijeron que, si en el Mundial bajábamos tres puestos o más respecto al resultado obtenido en Tokio -fueron terceros-, iríamos a un panel de decisión formado por gente del CPE que no tiene conocimientos de ciclismo, y valorarían si nos daban una beca u otra. Como no perdimos tres puestos, íbamos directos a la beca de quintos, es decir, 300 euros al mes. Por hacerlo mejor te castigan”, declara Venge.
“Nos quedamos con cara de tontos. Y a pesar de ser segundos en el ranking mundial, tampoco importa. Es decir, si hubiéramos hecho sexto, sí que podrían valorar las circunstancias en las que llegamos, pero al ser quintos, no. Otro año que nos toca buscar patrocinador. Con beca o sin ella, llueva o haga 40 grados, nosotros seguiremos esforzándonos igual, porque lo llevamos en el ADN”, prosigue Martín.
El infortunio se ha cebado con ellos ya que hace poco Venge tuvo una caída en un entrenamiento y sufrió la rotura de la clavícula y de dos costillas, por lo que tampoco estarán en el Mundial de pista que se disputa este mes en Francia y ya piensan en 2023. “Para vivir, afortunadamente no necesitamos beca, pero si quieres competir con los mejores, ahora mismo no podemos comprar un tándem de contrarreloj porque invertimos todo en uno para la ruta”, comenta el castellonense, que en 2015, cansado del poco apoyo que recibía, ya aparcó la alta competición después de ganar cinco medallas en Juegos Paralímpicos y ser varias veces campeón del mundo.
A sus 49 años sus piernas aún tienen gasolina para dar guerra sobre el asfalto, como demostró en 2021 con el maillot arco iris y el bronce en Tokio. Junto a Martín quiere llegar a París 2024 y optar a su séptima presea paralímpica. “La preparación la vamos a dedicar a la contrarreloj, porque para el CPE la ruta no cuenta. Esto lo hago porque me gusta, no por dinero, disfruto con ello, pero si más adelante me va a suponer un esfuerzo extra, lo dejaré. Solo pensamos en hacer bien las carreras pensando en París”, sentencia.
