La sonrisa de Marta Francés brillaba con una fuerza especial sobre la moqueta azul del puente Alejandro III. París se desplegaba a sus pies como un decorado irrepetible: la cúpula dorada de Los Inválidos, la Torre Eiffel recortada en el horizonte y el Sena avanzando sereno, ajeno al instante que se estaba viviendo. Acababa de colgarse la medalla de plata en el triatlón de los Juegos Paralímpicos de París 2024. Estaba exultante. Había cumplido su sueño.
Un mes después, en Torremolinos, terminó de confirmar que atravesaba el mejor momento de su carrera proclamándose campeona del mundo en la categoría PTS4, destinada a deportistas con discapacidades moderadas. Los números hablaban por sí solos: 23 pruebas internacionales disputadas, 20 podios (nueve oros, ocho platas y tres bronces) y solo tres abandonos por problemas físicos.
Estaba en la cima. Y, sin embargo, en mayo de 2025 llegó el anuncio inesperado. La triatleta paralímpica decía adiós a la alta competición. No lo hacía por falta de resultados, ni por desgaste físico. Se marchaba, según explicó entonces, por un “bullying incesante”, por el acoso y la discriminación que aseguraba haber sufrido durante seis años dentro de su entorno deportivo. Una carga demasiado pesada incluso para alguien acostumbrada a pelear contra la adversidad.

Una decisión que le costó tomar
“Me costó mucho tomar la decisión. Le di muchas vueltas. El corazón me decía que siguiera, pero la cabeza me decía que no. No podía aguantar más así. La psicóloga y mi familia me ayudaron muchísimo. Estoy feliz de haber dado ese paso. Y si no lo hice antes, algo que intenté varias veces, es porque no quería que nadie me robara mi sueño paralímpico de París”, relata.
La Federación Española de Triatlón activó el protocolo de prevención de acoso y abuso en el deporte, pero la investigación fue archivada por falta de pruebas. Marta, aun así, decidió no continuar por la vía judicial.
“Tengo pruebas suficientes para denunciar, pero no lo hice porque necesitaba salir de esa espiral. Quería oxigenarme, volver a mi tierra, empezar de cero y ser feliz. De adolescente sufrí bullying en dos institutos. Entonces no tenía herramientas para gestionarlo. Ahora, de adulta, sí. Y sabes que la prioridad eres tú. Tenía que protegerme”, explica.
La vida de Marta Francés ha estado marcada por la resistencia. A los 16 años superó un tumor en el cerebelo que le dejó como secuela una hemiparesia lateral izquierda. El deporte se convirtió en su salvavidas. Primero como terapia, después como vocación. En 2019 irrumpió en el triatlón paralímpico y desde entonces no dejó de cumplir objetivos… hasta que decidió parar.

Una oportunidad inesperada
Volvió a Puertollano, su casa. Allí empezó a trabajar como entrenadora personal y a desarrollar actividades deportivas con niños. Necesitaba reencontrarse con lo esencial. Y fue en ese regreso a los orígenes donde apareció una nueva oportunidad.
En su pueblo se unió a un grupo de ciclistas y comenzó a salir en bicicleta. Primero por diversión, luego en pruebas cicloturistas. La motivación volvió a brotar sin hacer ruido, casi sin darse cuenta. A través de una integrante del equipo Pafgio-Dema Femme, logró un contacto que cambiaría su rumbo. El conjunto, de categoría élite femenina, la invitó a una ruta en Alicante durante las pasadas Navidades.
El recorrido no era sencillo. Dos puertos de montaña que, a priori, no jugaban a su favor. Pero Marta resistió, no se descolgó. Y cuando el terreno se allanó, marcó la diferencia. El director del equipo no tardó en sacar conclusiones. “Me dijo: ‘Marta, estás dentro’. No me lo creía. Me puse a llorar. Fue muy emocionante. Me ilusiona muchísimo este reto”, comenta.
Con su fichaje por el Pafgio-Dema Femme, se convierte en la primera persona con discapacidad en incorporarse a un equipo élite femenino de ciclismo. Un hito que asume con orgullo y sentido de la responsabilidad: “Hay que demostrar que la inclusión existe de verdad, que si trabajamos duro podemos alcanzar un rendimiento similar o incluso superior al de personas sin discapacidad”.

Retos sobre la bicicleta debido a la hemiparesia
El desafío no es menor. La hemiparesia lateral izquierda le impide realizar gestos habituales en carrera, como beber de un bidón o comer en marcha. Su mano izquierda apenas puede sujetar objetos pequeños y, si suelta la derecha del manillar, pierde estabilidad. Pero lo compensa con mucha fuerza de piernas.
El ciclismo se ha convertido también en una forma de reinvención tras una etapa amarga. Marta quiso acceder al ciclismo paralímpico, pero según ella, no encontró el respaldo esperado. “Intenté entrar, pero las puertas estaban cerradas. Aquí todos se conocen, funciona mucho el boca a boca. No sé qué dirían de mí, pero no me dieron la oportunidad”, lamenta.
“Me clasificaron en la clase C5, que no me corresponde por mi discapacidad. Creo que fue una manera sutil de decirme que no. Es una pena, porque me gustaría representar a mi país. Y si no, en el futuro lo intentaré en categoría Máster”, añade.
Mientras tanto, se centra en su presente. Forma parte de una plantilla de 11 ciclistas, aunque no todas compiten en todas las pruebas. La selección la realiza el director deportivo, consciente de que la categoría élite es semiprofesional y que solo los mejores clubes acceden a las competiciones más importantes. “El objetivo es llegar a competir en la Copa de España. Pero, sobre todo, mejorar cada día y disfrutar”, sentencia.
