Teresa Perales: “Decide tú lo que quieres y ve a por ello sin que te lo impidan los obstáculos”

La aragonesa recibe el Premio Princesa de Asturias de los Deportes. La nadadora española más laureada aún se recupera de las fuertes convulsiones que sufrió en Tokio, pero ya piensa en sus próximos retos en la piscina: el Mundial y París 2024.

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Aquellas sonrisas suyas, espontáneas y simpáticas, le cruzaron de nuevo ese rostro tostado que durante unas semanas había perdido el brillo perenne que le caracteriza. Teresa Perales vuelve a sonreír. Va recobrando el brío y las fuerzas tras su hospitalización de 21 días por las fuertes convulsiones que sufrió a pocas horas de la clausura de los Juegos Paralímpicos de Tokio. Aún no sabe el diagnóstico de lo que le ocurrió. Pese al cansancio por la medicación que tiene que tomar, a la aragonesa se le ve feliz y no es para menos. Al fin ha sido galardonada con el Princesa de Asturias de los Deportes.

El Teatro Campoamor de Oviedo se puso en pie para ovacionar a la nadadora española más laureada de la historia, que derriba de esta forma una barrera más y se convierte en la primera deportista paralímpica en recibir este prestigioso premio. La atleta burgalesa Puri Santamarta (16 medallas en Juegos) se quedó a las puertas de lograrlo en 1996, cuando se lo llevó Carl Lewis. En sus vitrinas luce todos los trofeos posibles que ha ido conquistando en la piscina a lo largo de más de dos décadas. Solo le quedaba uno, el más especial y anhelado, que ya mima en sus manos.

“Es el premio en mayúsculas. Es todo un orgullo y un privilegio, quiero agradecer a la Fundación por escogerme, también por lo que significa para mí y para la sociedad en general galardonar a personas con discapacidad. Lograrlo me ha hecho mucha ilusión, otros años había estado nominada y no pudo ser, pero esta vez no sabía que era candidata, ha sido la sorpresa más bonita. Es un sueño que se hace realidad”, ha recalcado estos días.

“Quién me iba a decir en 1995 cuando oí las palabras ‘no vas a volver a andar’ que el camino que iba a recorrer con mi silla me iba a llevar hasta aquí. Quién nos iba a decir también lo que ha cambiado la sociedad, y en el caso de la discapacidad, para bien. Seguimos sin ser una sociedad ideal, pero ahora al menos lo sabemos y somos muchos, aunque no todos, los que nos esforzamos en mejorarla y hacerla avanzar hacia la igualdad de todas las personas”, ha expresado durante su discurso.

“Mi madre, Sebi, siempre tuvo la certeza de que tenía un sitio al que llegar, que no me iba a quedar siempre bajo la protección que me daban sus alas. Siempre ha estado a mi lado. ‘Mamá, quiero bañarme en la piscina’. Y a ella le faltaba tiempo para ir a comprar un chaleco salvavidas y, literalmente, tirarnos a la piscina. Quién iba a decirme entonces que seguiría nadando 24 años después y que iba a ganar 27 medallas paralímpicas. Seguro que ni siquiera mi entrenador, cuando me dijo que era un diamante en bruto por pulir, pudo imaginarlo. Nunca supe si mi madre lo dudó o si lo imaginaba siquiera porque ella jamás me dijo: ‘no puedes, no debes, no sigas, no lo lograrás’”, ha subrayado.

“Quiero aprovechar este altavoz para decir a los niños y a los no tan niños que no hay que esperar a que alguien nos diga lo que va a pasar o lo que debemos hacer. Hay que pensarlo o soñarlo, decidir tú lo que quieres e ir a por ello, con decisión, sin dejar que los obstáculos te impidan, al menos, intentarlo. Y en el camino, rodearnos de gente, de amigos, de personas que nos digan siempre como mi madre, ‘aquí estoy para ayudarte’. Así, aunque el destino sea distinto al imaginado, el viaje habrá merecido la pena”, ha añadido.

La zaragozana ha reconocido que ha sido uno de los momentos más importantes de su vida y que lo recibe en nombre de los paralímpicos y también de las muchas deportistas “que no lo han tenido fácil ni para llegar ni para mantenerse. Va para ellos”. Con los 50.000 euros pretende crear la Fundación Teresa Perales con dos objetivos: crear una escuela de inteligencia emocional para adolescentes y con campus deportivos, así como promocionar el deporte adaptado en aquellos lugares donde no hay clubes para personas con discapacidad.

Su excelso palmarés avalaba la candidatura de la nadadora aragonesa, que acumula más de 60 preseas entre mundiales y europeos y 27 medallas (siete oros, diez platas y diez bronces) en seis Juegos Paralímpicos (Sídney 2000, Atenas 2004, Pekín 2008, Londres 2012, Río de Janeiro 2016 y Tokio 2020). El último metal lo logró en la capital japonesa, donde tejió aún más prestigio y consolidó leyenda. Allí abordó el reto más difícil de su carrera, con una luxación aguda en el hombro izquierdo que apenas le dejaba entrenar con un solo brazo durante la preparación.

Hubo gente que le dijo que se quedase en España, pero el competir está en su ADN y lleva tantas batallas acumuladas en el bañador que nada iba a frenarla. Venció al dolor y al tiempo con orgullo, amor propio, fe y resiliencia para ampliar su cosecha. Conquistó la plata en los 50 metros espalda S5 y se llevó tres diplomas paralímpicos por sus quintos puestos en los 100 libre, el relevo mixto de 4×50 libre y el relevo femenino de 4×100 estilos. “Casi rozó el milagro, ha sido la medalla más especial por ser la más impredecible”, decía.

Luego sufrió uno de los peores episodios de su trayectoria deportiva y que le obligó a estar hospitalizada primero en Tokio y después en Madrid. Negó que nunca le diagnosticaron un cuadro de ansiedad ni depresión, como trascendió inicialmente, y que tuvo convulsiones o crisis espásticas que eran tan fuertes que durante muchos días era incapaz de controlar su cuerpo. “Están controladas con la medicación, me encuentro mucho mejor, aunque todavía sigo sin diagnóstico clínico. Un médico me dijo que pude ser como cuando te duele la cabeza, te hacen una resonancia magnética y sale todo perfecto porque es un problema funcional, no orgánico, y que en mi caso a lo mejor es lo mismo”, ha comentado.

Pese a que ya no le duele el hombro, está pendiente de pasar por el quirófano, así que no hay plazos para su regreso a la piscina, pero se muestra con muchas ganas, hambre e ilusión por continuar compitiendo al máximo nivel: “Mi cabezonería es la que me llevó a conseguir 27 medallas paralímpicas. Soy consciente de la realidad, de lo que supone ser tan mayor, pero en Tokio gané una medalla. Me retiraré cuando ya no pueda más”. Aún le queda muchas brazadas por dar y sueños que cumplir. Los siguientes retos, el Mundial de junio del próximo año en Funchal (Portugal) y los Juegos de París 2024, donde espera superar a Michael Phelps y a Jessica Long (28 metales).

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