
Una desvencijada pelota, dos piedras y una explanada de tierra eran suficientes para sonreír y dibujar sus sueños. En Larache, una ciudad portuaria al noroeste de Marruecos, empezó a revolotear Youssef el Haddaoui con un balón en los pies. Con seis años, junto a su madre y sus cuatro hermanos, se trasladó hasta Reus (Tarragona), donde su padre había emigrado años atrás en busca de un futuro mejor para su familia. Siendo un crío veía un poco, fue en España donde se quedó ciego. El fútbol se convirtió en la luz de su oscuridad y en la última década ha sido una referencia en la selección española.
“Tenía glaucoma congénito, una enfermedad que te hace perder visión progresivamente. De pequeño lo pasé mal porque el sol y las luces me molestaban mucho, a veces me pasaba tres o cuatro meses sin salir de casa, no podía ir al colegio o a la calle a jugar. Me operaron varias veces, pero no salió bien. Mejoré cuando perdí totalmente la visión a los 10 años”, relata.
Se agarró al deporte para combatir la ceguera y practicó atletismo, judo, natación y goalball, pero sin competir ya que no estaba afiliado a la ONCE porque no tenía la nacionalidad española. “Me gustaba correr, comencé como mediofondista, aunque era duro porque solo entrenaba y me costaba encontrar a un guía que encajara conmigo. Acabé dejándolo y estuve dos años sin hacer nada. Solo jugaba al fútbol en el patio del colegio y con mis primos en el parque. Me ponían de defensa, sin moverme, estorbaba mucho”, dice riendo.
A los 19 años fue su compañero de equipo Javi Muñoz quien le habló del fútbol para ciegos. “Empecé en Barcelona y luego montamos un equipo en Tarragona. Desde entonces siempre me ha acompañado la pelota con cascabeles. Cuando estoy en la cancha no pienso en que soy ciego, lo único que intento es disfrutar del deporte y jugar al fútbol”, confiesa uno de los capitanes de ‘La Roja’.
Su pericia con el esférico no pasó desapercibida para el cuerpo técnico de la selección española, que lo reclutó en su primer año. Una de sus virtudes es que es un futbolista con un gran oído que le hace muy bueno en la recepción y en el corte de balón, además de tener olfato goleador y un disparo potente con ambas piernas. “Me considero muy trabajador, me sacrifico por el equipo e intento adaptarme a lo que me pidan para ayudar a mis compañeros”, recalca.

El Haddaoui lleva más de diez años goleando a oscuras y siendo fijo en las convocatorias de ‘La Roja’, con la que ha ganado un bronce en los Juegos Paralímpicos de Londres 2012, varias medallas de oro en europeos y un bronce mundial, entre otros logros. El último fue el título continental conquistado en Roma en 2019, en el que anotó dos goles en la final frente a Francia. “Fue la recompensa a muchos meses de trabajo. No solo nos jugábamos ir a los Juegos, sino que el fútbol español continuara con vida un año más. Este deporte se está estancando y los que mandan deberían de hacer algo porque no están saliendo chicos nuevos”, lamenta.





