El esquí alpino paralímpico es una disciplina deportiva de alto rendimiento que permite a deportistas con discapacidad competir en pruebas de velocidad y técnica sobre nieve, adaptando el equipamiento y las normas para garantizar la igualdad de condiciones. Este deporte forma parte del programa oficial de los Juegos Paralímpicos de Invierno y destaca por combinar emoción, superación y tecnología.
Al igual que el esquí alpino convencional, las pruebas incluyen descenso, supergigante, eslalon gigante, eslalon y combinada. El esquí alpino paralímpico no solo es un espectáculo deportivo, sino también un símbolo de inclusión y resiliencia. Cada carrera demuestra que las barreras pueden superarse con preparación, apoyo y pasión por el deporte, consolidando a esta disciplina como una de las más impactantes del movimiento paralímpico.
Categorías en el esquí alpino paralímpico
En el esquí alpino, los deportistas participan en tres grupos: ciegos o con discapacidad visual (guiados por un esquiador mediante instrucciones por voz), con discapacidad física que compiten de pie y con discapacidad física que compiten sentados en ‘sit-ski’, una especie de asiento montado sobre esquís.
Para asegurar la equidad en la competición, se utiliza un sistema de factor de tiempo, que ajusta los resultados según la categoría funcional de cada deportista. De este modo, se reconoce el esfuerzo deportivo más allá de las diferencias físicas.
Las tres categorías se subdividen a su vez en un total de 13 clases, en función del tipo y grado de discapacidad de los esquiadores. Para los deportistas con discapacidad física hay diez clases (siete de pie y tres en silla) y tres para deportistas con discapacidad visual.
Discapacidad visual: todos ellos compiten precedidos de un guía que les indica verbalmente cómo desplazarse por la pista.
B1 – Ciegos totales
B2 – Discapacidad visual con un pequeño resto de visión
B3 – Discapacidad visual con mayor resto de visión
De pie: compiten con uno o dos esquís y con ninguno, uno o dos bastones en función de los miembros que tengan afectados.
LW1 – Afectación severa en ambas piernas, como doble amputación por encima de las rodillas o debilidad muscular grave.
LW2 – Deportistas con discapacidad grave en una sola pierna que utilizan un esquí y dos bastones.
LW3 – Afectación menos grave en ambas piernas, como doble amputación por debajo de las rodillas o falta de coordinación. Usan dos esquís y dos bastones.
LW4 – Atletas con afectación menor en una sola pierna que utilizan dos esquís y dos bastones.
LW5/7 – Esquiadores con mayor o menor afectación en ambos brazos que compiten sin bastones.
LW6/8 – Esquiadores con mayor o menor afectación en un solo brazo que compiten con uno o bastones, según sus necesidades.
LW9 – Deportistas con afectación en brazos y piernas, como espasticidad o falta de coordinación, o con afectación en un brazo y una pierna.
En silla: todos utilizan ‘sit-ski’.
LW10 – Esquiadores con lesiones medulares altas que no tienen control sobre el tronco y únicamente se impulsan y maniobran con los brazos.
LW11 – Esquiadores con lesiones medulares medias que puedo mover la parte superior del tronco, pero no la inferior ni las caderas.
LW12 – Esquiadores con lesiones medulares bajas y control total del tronco, pero no de las piernas.
Historia del esquí alpino paralímpico
El esquí alpino depende directamente de la Federación Internacional de Esquí (FIS). Después de la Segunda Guerra Mundial, soldados heridos comenzaron a practicar esquí como forma de rehabilitación y recreación. En 1948 se organizaron los primeros cursos y competiciones de esquí para personas con discapacidad en Badgastein, Austria.
A partir de 1950, se celebraron eventos internacionales de esquí adaptado en diversas regiones, y el deporte fue evolucionando técnicamente y en alcance competitivo. En 1974 se celebró el primer Campeonato Mundial de esquí, consolidando el desarrollo competitivo global de la disciplina.
El esquí alpino se incluyó desde los primeros Juegos Paralímpicos de Invierno, que se celebraron en Örnsköldsvik (Suecia) en 1976. En esa primera edición participaron 78 atletas de 12 países. Desde ese debut, el programa del esquí alpino paralímpico fue ampliándose gradualmente.
