Pilar, jugadora de baloncesto en silla: «La tarjeta PMR no es para aparcar más cerca, es para poder bajarme del coche»

Pilar Sánchez conduce su propio coche adaptado tres tardes por semana camino del pabellón donde entrena con su equipo de baloncesto en silla de ruedas. A sus 34 años, y con una lesión medular que le provocó una paraplejia tras un accidente de tráfico, tiene reconocido un grado de discapacidad del 76 % y un dictamen positivo de movilidad reducida. Su rutina empieza siempre igual: localizar una plaza PMR libre.

“La gente cree que la tarjeta sirve para aparcar en la puerta. Y no, la tarjeta PMR no es para aparcar más cerca, es para poder bajarme del coche”, explica. Para salir de su vehículo necesita abrir la puerta por completo, montar la silla, que lleva desmontada en el asiento del copiloto, y realizar la transferencia. Todo ello requiere un espacio lateral que una plaza convencional no ofrece.

Qué derechos otorga la tarjeta

Pilar es un ejemplo del buen uso de la tarjeta de estacionamiento. La lleva siempre en el parabrisas, con el anverso visible, y solo la coloca cuando es ella quien viaja. “Si un día mi pareja coge mi coche para ir a trabajar, la tarjeta se queda en casa. Es así de simple”, señala.

El Real Decreto 1056/2014 recoge los derechos básicos de los titulares en todo el territorio nacional: estacionar en las plazas reservadas, hacerlo en zonas de aparcamiento de tiempo limitado durante el tiempo necesario, en los términos que fije cada ayuntamiento, parar en cualquier lugar de la vía el tiempo imprescindible siempre que no se entorpezca la circulación ni se ponga en riesgo a nadie, acceder a zonas de acceso restringido a residentes y solicitar una plaza reservada junto al domicilio o al lugar de trabajo.

Además, la tarjeta se ajusta al modelo comunitario, por lo que es reconocida en los países de la Unión Europea, aunque siempre conviene consultar las normas locales del lugar de destino. “Cuando viajamos a torneos fuera de España la llevo conmigo y nunca he tenido problemas”, cuenta la jugadora.

El día a día de los entrenamientos

Lo que no siempre encuentra es una plaza libre. En el entorno de algunas instalaciones deportivas, cuenta, es habitual ver coches sin tarjeta en las plazas reservadas los días de partido. “Me ha tocado esperar veinte minutos o aparcar en una calle con pendiente y subir empujando la silla. Llego al entrenamiento ya cansada”, relata.

Por eso insiste en la importancia de la concienciación. Recuerda que estacionar en una plaza PMR sin autorización está castigado con una multa de 200 euros y que, en muchas ciudades, puede acabar con el coche en el depósito municipal. Pero, sobre todo, pide empatía. “No queremos que nos regalen nada. Queremos llegar a los sitios en igualdad de condiciones. En la pista compito contra cualquiera; en el aparcamiento, a veces, ni puedo salir”.

Caso ilustrativo basado en situaciones habituales. Los nombres de las personas que aparecen en este artículo son ficticios.