La calle cinco vibraba con pequeños saltos. No era nerviosismo. Era hambre, concentración, fuego contenido. David Pineda, musculatura tensa, mirada fija, sabía que había llegado su momento. En el imponente Jawaharlal Nehru Stadium de Nueva Delhi se convirtió en rey de los 400 metros T20 (atletas con discapacidad intelectual) al conquistar el oro mundial.
El deportista numantino iba quinto en los primeros metros, calculando, como si llevara un metrónomo en el pecho. Reservó energía, leyó la curva y apretó. Uno a uno, fue dejando atrás a sus rivales. Los últimos 100 metros fueron un estallido de potencia y rabia. Cruzó la meta en 47.12 segundos. Récord de los campeonatos. Campeón del mundo.
No celebró con euforia. Él quería también el récord mundial, que está en 46.48. La plata fue para el brasileño Daniel Tavares (47.50) y el bronce para el saudí Idris Sufyani (47.55). El otro español en la final, Deliber Rodríguez, que hasta entonces era el referente nacional hasta que Pineda lo destronó, fue séptimo con 48.12 segundos.
El tapado que logró la plata paralímpica en París
Apenas un año antes, Pineda había sido la gran revelación en el Stade de France al lograr la plata en los Juegos Paralímpicos de París 2024. Su nombre se grabó entre los grandes del atletismo español, pero él se fue con un sabor agridulce. Lo dijo sin rodeos: “Quería el oro”. Ahora, en India, lo ha conseguido.
Durante años, el joven atleta negó una parte de sí. No quería que se supiera de su discapacidad intelectual. “Me daban el carnet y lo rompía. Sentía miedo a lo que pensaran los demás. Por vergüenza, por desconocimiento”, confesó. Pero en diciembre de 2023 decidió que era el momento. Dio el paso y, en pocos meses, se convirtió en uno de los mejores.
En las eliminatorias del Mundial de Nueva Delhi ya dejó claro que no venía a participar. Batió el récord del campeonato, algo que repitió en la final, confirmando lo que muchos sospechaban y otros temían. Ha llegado para dominar los 400 metros T20.
El niño de Los Jovillos que voló en Soria
Antes de ser atleta, Pineda fue niño. El mayor de cinco hermanos. Se crio entre platanales y campos de mangos, ayudando a su padre cada mañana antes de ir a la escuela. Jugaba al béisbol con una botella de plástico y un palo de madera. Nació en Los Jovillos, un distrito del municipio de Azua (República Dominicana), un barrio donde las necesidades abundaban, con difícil acceso a agua potable y muchos cortes de luz.
En 2010 emigró con su madre a Soria. Allí, por pura casualidad, entró un día en la tienda de deportes de los míticos Abel Antón y Fermín Cacho. Aquella visita cambió su vida. Poco después se unió al Club Atletismo Numantino y empezó a entrenar con Kike Márquez. No tenía zapatillas de clavos. Fue al primer entrenamiento con calzado de calle. El club le prestó las primeras. Y el deporte le cambió.
En las categorías inferiores brilló con fuerza: campeón de España en pruebas combinadas, bronce europeo sub-20 en 400 vallas con récord incluido (50.41), una marca imbatida desde 1976. Pero llegaron las lesiones, los parones, los días oscuros. Cuando parecía que su carrera se apagaba, apareció una nueva puerta: el atletismo paralímpico.
Dejó las vallas. Se centró en los 400 lisos. Y encontró su lugar. Ahora es el rey del 400 T20. Su victoria en Nueva Delhi representa la conquista personal de alguien que rompió sus propios límites. De un atleta que no quiso esconderse más. David Pineda ha dejado de ser el tapado. Ya no hay cartas ocultas. Ahora, todos saben su nombre.
