Hace apenas cuatro años que lanza bolas de cuero azules y rojas, y, sin embargo, Sara Aller ya es una de las figuras españolas de la boccia. Ha ganado medallas internacionales, compitió en los Juegos Paralímpicos de París 2024 y se ha consolidado como referente femenina en la categoría BC4, reservada a deportistas con discapacidad física grave. Este verano se colgó el bronce en el Europeo por parejas junto a Vasile Agache, y ahora afronta un nuevo reto: la Copa del Mundo de Coimbra (Portugal), del 10 al 15 de noviembre.
Once años atrás, la vida de la leonesa dio un giro radical. Una tarde de agosto de 2014, cuando se dirigía junto a cuatro amigas a un circuito de karts cerca de su pueblo, Benavides de Órbigo (León), el coche en el que viajaban se salió de la carretera y dio varias vueltas de campana. Sara, que iba de copiloto, fue la más afectada.
El accidente le provocó una tetraplejia a nivel C4. La operación se complicó con una parada cardiorrespiratoria y acabó conectada a un respirador. Permaneció nueve meses ingresada en el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo, un tiempo en el que tuvo que reinventarse por completo. No mueve las manos, apenas los brazos, y carece de bíceps.

Descubrimiento de la boccia
La boccia llegó a su vida casi por casualidad, durante las navidades de 2020. Al principio no le convencía, pero decidió probar y, en Valladolid, encontró no solo un deporte sino una comunidad. Inicialmente no le gustaba, pero comenzó a tejer lazos muy fuertes con esta modalidad.
Su progresión fue meteórica. A finales de 2021 debutó con la selección española en el Europeo de Sevilla y, desde entonces, no ha parado de crecer. “Ver lo mucho que he conseguido en tan poco tiempo me hace sentir orgullosa. Cuando estuve en el hospital, sin moverme, me dio pánico el futuro, lo veía negro. Pero confié, acepté desde el primer momento lo que me había pasado, y con ayuda de la familia y los amigos, una actitud positiva y el deporte, salí adelante”, confiesa.
Entrenar en condiciones complicadas
Sara compensa su falta de sensibilidad en las manos con fortaleza mental y una determinación que impresiona. Entrena en León junto a Sandra López, profesora de profesión, y Juan José Castro, el padre de una de sus mejores amigas. “Mis entrenadores no cobran por ello. La boccia, en España, no da de comer; al contrario, nos cuesta dinero. Tenemos que sacar tiempo de debajo de las piedras si quiero seguir a buen nivel”, admite.
Pese al esfuerzo, es consciente de las diferencias con otras rivales. “No es que me vea pequeña, estoy para competir, pero hay países que invierten mucho más, están profesionalizados, sus jugadores tienen más oportunidades de ir a torneos… es difícil equipararnos al resto porque el bagaje internacional influye mucho”, lamenta.

Un bronce con sabor a oro
En el Europeo de Zagreb (Croacia) en verano fue eliminada en la fase de grupos individual, pero se desquitó en la prueba por parejas con Vasile Agache, logrando el bronce y la clasificación para el Mundial de Corea 2026. “Vasile, que lleva más de 20 años en la boccia, me dice que nunca dos tetrapléjicos en España han conseguido lo que nosotros. Nos sentimos orgullosos de dónde estamos pese a todo”, dice.
Aun sin prepararse juntos -ella en Benavides de Órbigo, él en Girona-, el entendimiento entre ambos es total. “Hemos ido a unos Juegos, nos hemos clasificado para un Mundial, somos terceros de Europa… en unas circunstancias complejas. Necesitamos entrenar más, ojalá tengamos más concentraciones para mejorar el nivel”, pide.
Por parejas, Sara suma ya cuatro medallas internacionales: bronce en el World Challenger de Zagreb en 2022, plata en la Copa del Mundo de Póvoa de Varzim (Portugal) en 2023, bronce en el Torneo Clasificatorio para París en Coimbra 2024, y este año el bronce continental en Croacia.
Un nuevo reto en la Copa del Mundo
Ahora regresa a Coimbra, esta vez sin la presión de buscar un billete para el Mundial, pero con las ganas intactas. “Ya no tenemos la presión de tener que conseguir la clasificación, porque la logramos en el Europeo, pero tampoco vamos relajados, queremos hacer un buen papel”, asegura.
En la competición individual se enfrentará a rivales de primer nivel mundial como la alemana Anita Raguwaran, la croata Anamaria Arambasic, la canadiense Alison Levine y la británica Sophie Newnham. “Voy a intentar darlo todo y reflejar el trabajo que hay detrás”, concluye Sara Aller, quien lanza cada bola con la precisión de quien ha aprendido a medir el valor del esfuerzo.
