En ocasiones, las expectativas están para ser derribadas. Eso ha hecho en Helsingborg (Suecia) el sevillano Gonzalo Rodríguez, que a sus 28 años firmó el mayor logro de su carrera al conquistar la medalla de bronce en el Europeo de tenis de mesa paralímpico, en su primera participación en un torneo continental.
Un estreno soñado para un jugador que compite en clase 7 y que ha aprendido a convivir con la paraparesia espástica, una enfermedad que limita el normal desarrollo de la musculatura. Su camino hasta el podio no ha sido sencillo. Antes incluso de soñar con una medalla europea, tuvo que enfrentarse a un obstáculo que amenazó con apartarlo para siempre de las mesas: una arritmia por preexcitación ventricular que le impedía jugar.
Llegó a pensar que su carrera había terminado. Pero pasó por quirófano, se recuperó y regresó con una fortaleza renovada. Ese impulso comenzó a dar frutos este año al sumar cuatro medallas en torneos internacionales: un oro y tres bronces. Pero su explosión ha llegado en Suecia, donde se ha abierto paso entre los mejores palistas de Europa.
Una pasión desde niño
Su historia empezó de forma humilde, cuando siendo niño recibió una red plegable y una pala una Navidad. Con el tiempo, su talento y su dedicación fueron creciendo de la mano del CTM Hispalis y de las concentraciones con las promesas paralímpicas españolas, hasta llegar a este presente luminoso.
En Helsingborg aterrizó sin presión, con la mentalidad del que no tiene nada que perder. En la fase de grupos arrancó con una vibrante victoria por 3-2 (11-9, 2-11, 2-11, 11-4 y 11-7) ante el polaco Michal Deigsler. Cayó después por 0-3 ante el checo Daniel Horut, pero logró el pase a octavos, donde brilló con un solvente 3-0 (11-5, 12-10 y 11-2) frente al alemán Bjoern Schnake.
Los cuartos de final le presentaron un desafío monumental: el noruego Krizander Magnussen, número 4 del ranking mundial. Rodríguez, situado en el puesto 28, no se amilanó. Construyó una de las grandes remontadas del torneo para imponerse por 3-2 (11-8, 5-11, 8-11, 11-7 y 11-7) y asegurar así un histórico bronce.
En semifinales le esperaba otro rival mayúsculo, el sueco Jonas Hansson. El sevillano compitió con temple y ambición, pero terminó cediendo por 1-3. Pese a la derrota, su actuación confirmó que ha llegado al primer nivel continental para quedarse, recogiendo el testigo en la clase 7 de un referente español como Jordi Morales. Su primera medalla europea ya es una realidad.
