En Helsingborg (Suecia), Eder Rodríguez ha vivido el torneo que cambia una carrera. A sus 38 años, el madrileño ha conquistado su primera medalla continental, una plata histórica en clase 3 -categoría que engloba a deportistas en silla de ruedas- en el Europeo de tenis de mesa paralímpico al quedar 0-3 (7-11, 3-11 y 5-11). Una hazaña que ningún español había logrado antes en esta clase. Es la tercera medalla de España en este torneo, tras los bronces de Gonzalo Rodríguez en clase 7 y de Olaia Martínez en clase 8.
Eder llegaba cargado de confianza, el bronce logrado en octubre en el World Elite de Sao Paulo, venciendo a rivales mejor clasificados que él en el ranking, había encendido una chispa. Restos del impulso adquirido tras su debut en los Juegos Paralímpicos de París 2024 y un año de nivel creciente situaban al madrileño ante una oportunidad que no estaba dispuesto a dejar pasar.
Inicio turbulento, reconstrucción inmediata
Su paso por la fase de grupos reveló un patrón que acabaría repitiéndose: empezar torcido, terminar encendido. En su debut cayó 1-3 ante el irlandés Colin Judge, pero reaccionó con autoridad ante el estonio Kristjan Keskula, a quien venció por 3-0 (11-3, 11-1 y 11-8). Sería segundo de grupo y avanzaría a los cruces. En los octavos, otro arranque en falso, set abajo frente al portugués Stephane Gil-Martins. Y otra remontada, 3-1 (11-13, 11-14, 11-8 y 11-7). Constancia, control emocional y un revés cada vez más afilado.
En cuartos le esperaba un coloso: Florian Merrien, número dos de Europa, figura histórica del tenis de mesa paralímpico con más de cien medallas internacionales, cinco preseas en Juegos y múltiples títulos mundiales y continentales. Un rival que, además, había derrotado siempre a Eder. Ocho enfrentamientos previos, ocho victorias francesas, y apenas un set ganado por el español en todos esos duelos.
Pero las estadísticas también tienen un día en que se rompen. Rodríguez entró desatado y se puso 2-0 (11-9, 11-9). Merrien igualó (7-11, 6-11) y todo quedó para un quinto set épico, tenso, decidido punto a punto. Con temple y un juego agresivo, el español cerró el 12-10, un triunfo monumental que lo lanzó a semifinales.

Revancha contra el alemán Bruechle
Apenas unas horas después llegó otro gigante: el alemán Thomas Bruechle, campeón mundial y europeo, medallista paralímpico y verdugo de Eder en los Juegos de París 2024. El español nunca le había ganado en sus dos precedentes.
Y otra vez, el escenario emocional que parece alimentar al madrileño. Iba perdiendo 0-2 (4-11, 11-13), mantuvo la calma y resurgió. Lo hizo con un plan firme, creyendo en su ritmo y en su contraataque. Empató (11-7, 11-8) y empujó el duelo a otro quinto set no apto para cardíacos. Ahí, el mejor Eder, 12-10 y 3-2, billete a su primera final continental.
En el último escalón esperaba el número tres del mundo, el alemán Thomas Schmidberger: ocho medallas paralímpicas, tres títulos mundiales, diez europeos. Eder peleó sin reservas, sostuvo el pulso y compitió cada punto, pero el germano se impuso por 0-3. La medalla era de plata, aunque supo a oro.
«Estoy en un sueño. Son muchos años de sacrificio, esfuerzo, resultados que no llegaban, muchos partidos que se me iban en el 2-3. Pero llegó el día, mi momento, y aquí estoy, disfrutando de lo que me apasiona, que es el tenis de mesa, y jugando la final del Campeonato de Europa. Orgulloso de representar a mi país y hacer historia en la categoría en silla de ruedas. Y todo esto no habría sido posible sin el apoyo de mi mujer, que está a dos semanas de dar a luz a nuestra hija. No quería dejarla sola por la proximidad del parto, y fue ella quien me animó a venir», ha explicado.
La conquista de un superviviente
El logro tiene un peso emocional que trasciende la mesa. El madrileño encontró el tenis de mesa durante su estancia en el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo, tras sufrir con 14 años un grave accidente de tráfico cuando iba de camino a su pueblo, Cazalegas (Toledo). En un coche sin cinturón, una rueda reventó, el vehículo giró y chocó con un muro de arena. Él salió despedido por la luna trasera hasta caer en el asfalto. El impacto le dejó una lesión medular a nivel D4 y fracturas en codo, clavícula y otros huesos.
Años después, en la Fundación del Lesionado Medular, gracias al impulso de Miguel Ángel Toledo -hoy referente mundial en clase 2-, Eder retomó el tenis de mesa. Dos décadas después, suma más de 20 medallas internacionales, un bronce mundial por equipos en Eslovaquia 2017 y, desde ahora, una plata europea que lo sitúa definitivamente en la élite. Además, rompe una sequía de jugadores españoles en silla de ruedas sin medalla continental, que se prolongaba desde 2001, cuando Manuel Robles (clase 5) subió al podio en Frankfurt.
