Era una anodina mañana en la que estaba viendo un poco las redes sociales. Como aún me creo joven, puedo visitar TikTok, pero, como ya tengo 35 años, sigo mirando Facebook. Fue allí donde me apareció una publicación de dxtadaptado.com sobre el calendario de Los Ángeles 2028. Entré por curiosidad. Hace ya algún tiempo que descarté ir a unos Juegos por méritos deportivos, aunque, mientras haya alguna ventana abierta, la esperanza nunca se pierde. Fui como espectador a los Juegos de París y quedé tan encantado que no descarto asistir a los de L.A. de la misma manera, ya que los dos siguientes los veo más inviables por la distancia del viaje.
Leí la noticia y, como me sucede a veces, además de la información que buscaba, me vinieron a la cabeza otras dudas y teorías. Al ver que la noticia la había redactado Jesús Ortiz, no dudé en enviarle unos breves audios -de unos seis minutos cada uno- preguntándole y desarrollando algunas de esas ideas. Él, imagino que para evitar que vuelva a mostrarle toda mi intensidad de golpe, en un momento en el que quizá no esté al mismo nivel y yo le entretenga de sus quehaceres cotidianos, me propuso escribir una columna de opinión en dxtadaptado.com.
Lo primero que pensé fue que preferiría ser coche de bomberos, como Ralph Wiggum. También pensé que quizá tenga cierta facilidad para la verborrea en pódcast, como ya hice anteriormente con ‘La Goalballería’ o ‘10 segundos’, pero no soy periodista ni nada parecido: solo un deportista con tendencia al escapismo mental en esos momentos del día en los que me aburre lo que hago o donde estoy.
Resumiendo mi carrera deportiva: empecé a jugar a goalball a los 12 años, en Sevilla. A los 15 viajé a Venecia a un torneo internacional donde descubrí que aquel deporte al que yo jugaba como chaval, encajado en la Segunda División española, no tenía nada que ver con lo que podía hacerse en la élite europea. Aquello me sirvió para tomármelo más en serio. A los 16 disputé mi primer torneo internacional con una selección española B. Entre concentraciones y torneos oficiales, permanecí en la selección hasta los 30 años, cuando el seleccionador me dejó en «no admisión». Tuve la suerte de jugar europeos y mundiales, aunque nunca llegué a disputar unos Juegos Paralímpicos.
A partir de ahí me tocó vivir cosas que nunca habría imaginado: competir en el goalball de clubes, donde, en el Sporting de Portugal, pude compartir vestuario con ídolos que acabaron siendo compañeros e incluso amigos. También disputé el campeonato de Brasil, donde me siento como un candango más. Además, al tener una enfermedad degenerativa, en 2023 pude comenzar a jugar al fútbol en categoría B1, donde disputé un Mundial. Desde el año pasado juego para el equipo de fútbol para ciegos del Real Betis Balompié, el equipo de mi vida, algo que jamás llegué a imaginar.
Puede que esta pequeña columna tenga algún recorrido e incluso, si la lee la gente, ya estaré satisfecho. Por cierto, otra duda que me surgió fue: ¿esto lo leerá ‘El Langui’? La verdad más verdadera es que me haría ilusión que, a las cuatro de la tarde de un sabadete, se pusiera a leer esto mientras merienda unas cuñas, carmelas o unos pasteles.
Así que le dije que sí, que me apetecía. A ver qué sale. Las reflexiones y teorías que le mandé en aquellos audios las aprovecharé para las siguientes columnas, porque tampoco creo que tenga tanto tema de conversación como para comentarlo todo en esta primera.
