En los Alpes franceses, entre bosques de pinos y cumbres nevadas, la pista de Méribel se presentaba corta, empinada y sin margen de error: la prueba más exigente del esquí alpino paralímpico, el slalom. Allí, Audrey Pascual volvió a demostrar que, incluso en días complicados, su talento emerge con fuerza.
La madrileña de 21 años afrontó la carrera en la categoría LW12-2, destinada a quienes compiten sentadas, con la madurez de quien ya sabe que la montaña exige precisión, reflejos y determinación. Las puertas cerradas, los giros veloces y la pendiente traicionera no le impidieron colarse en el podio, sumando un bronce que refuerza su segunda posición en la clasificación general de la Copa del Mundo.
No fue su mejor día, como si le faltara esa chispa que normalmente la distingue. Aun así, cerró la primera manga en tercer lugar (1:01.87) y replicó la actuación en la segunda para amarrar el tiempo total de 2:01.14, confirmando que la constancia es su mejor aliada. Encima del podio, la alemana Anna-Lena Forster se colgó el oro y la finlandesa Nette Kiviranta la plata.
Undécima medalla de la temporada
Audrey no llega a estas alturas por casualidad. Su palmarés de la temporada es brillante: once medallas en diferentes escenarios europeos -desde Steinach am Brenner hasta St. Moritz, pasando por Saalbach y Feldberg- que dibujan un camino firme hacia los Juegos Paralímpicos de Milán-Cortina 2026. La joven española camina con ambición y confianza, consciente de que está en el momento justo de su carrera.
Por su parte, María Martín-Granizo, la leonesa con discapacidad física que compite a pie, también dejó su huella en Méribel. Con un tiempo de 2:01.21, logró la séptima posición en su categoría, una actuación que confirma su progresión y su capacidad de pelear con las mejores. Ambas volverán a competir en la nieve francesa este jueves en la prueba de supergigante.
