Brazadas en el mar, una salida para los nadadores

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Algunos deportistas paralímpicos entrenan en la playa mientras aguardan la reapertura de las piscinas en Centros de Alto Rendimiento y clubes.

Jesús Ortiz / dxtadaptado.com

La natación sigue estallando ante la desigual desescalada respecto a otros deportes que se está llevando a cabo en España. Solo en la fase 1 se permitirá abrir las piscinas en los Centros de Alto Rendimiento, pero seguirán clausuradas en clubes y en otras instalaciones deportivas. Crece la frustración y mientras aguardan novedades, algunos ven en el mar una salida para dar brazadas. Un puñado de nadadores de la selección española que estará en los Juegos Paralímpicos de Tokio ha optado por zambullirse con neopreno y entre olas para volver a tocar agua.

Sarai Gascón también nada en el mar estos días.

Llevaban ocho semanas de improvisación con trabajo en seco para mantenerse en forma y nunca habían estado tanto tiempo sin nadar. El grupo que dirige Jaume Marcé en el CAR de San Cugat tenía previsto reiniciar los entrenamientos el pasado lunes, pero al quedarse Barcelona en la fase 0 se retrasó la reapertura de ese centro y decidió ir a la playa de Bogatell (Barcelona). “En mi vida había tenido unas vacaciones de dos meses”, dice Núria Marquès, campeona paralímpica en Río 2016 y del mundo en Londres 2019.

“A esto no se le puede llamar entrenar, es nadar un poco para mover unos brazos que llevan dos meses parados. Hago alrededor de 2.000 metros, pero al ser en aguas abiertas no puedo llevar un control que me permita saber la velocidad a la que voy o los metros que hago. Han sido unas sensaciones muy distintas a las que tengo en la piscina, vas con neopreno, al aire libre y no tienes una pared para hacer un viraje, pero era muy necesario tocar agua. Estoy muy contenta, lo echaba en falta”, asegura.

Para la joven de Castellví de Rosanes es injusta la situación de los nadadores, “todos somos deportistas profesionales y tendríamos que tener las mismas opciones y derechos. Estamos a la expectativa, esperamos que nos permitan entrenar en el CAR igual que están haciendo otros, como es el caso de los futbolistas”. Marquès está haciendo estos días de guía de su compañera Marian Polo, cuya discapacidad visual le impide entrenar sola en la inmensidad azul.

El valenciano José Antonio Marí.

“Siempre me ha dado mucho respeto nadar en el mar, así que Núria me hace de guía, nadamos de forma paralela ya que si lo hago sola me pierdo. Las sensaciones son mejores de las que me esperaba, pensé que me iba a notar peor. Lo necesitaba mucho. Tengo ganas de ir a la piscina, me da rabia que se esté retrasando porque lo estamos esperando con muchas ansias”, apunta.

Junto a ellas también se encuentra Óscar Salguero, campeón paralímpico, del mundo y de Europa en 100 braza SB8. “Lo estamos haciendo de forma progresiva porque después de tantos días parados cuesta más arrancar, no es bueno empezar al 100%. Nos ayuda a coger sensaciones perdidas, nos permite tener contacto con el agua y nos quitamos ese peso de encima de estar en casa. Las sensaciones son un poco extrañas entre corrientes y olas, te sientes perdido, pero sentir que estás nadando me ha gustado mucho y me ayudará bastante para no tardar tanto tiempo en coger la forma que tenía antes”, aclara.

Y el cuarto componente del grupo de Jaume Marcé es Toni Ponce, el mejor nadador de las Series Mundiales en 2019, quien recalca que no tenían pensado ir al mar “porque decían que el día 11 podríamos acudir al CAR. No tiene nada que ver el nado que aplicas en aguas abiertas donde no puedo hacer mi estilo principal, la braza, porque el mar no me lo permite y más si está picado. Es ir a rodar para activar la musculación”.

El deportista catalán, que como el resto ha ejercitado el cuerpo a base de estiramientos, pesas y cardio durante el confinamiento, lamenta que toda la temporada “se haya ido al garete. Solo queda el Europeo, que aún está en el aire y tiene pinta de que se va a hacer. Nos dieron un batacazo psicológico tras posponer los Juegos porque son cuatro años que entrenas como una bestia para esa competición y me encontraba muy fuerte, el plan estaba funcionando a la perfección. Es imposible no desmotivarte, no se pierde todo, pero sí mucho. Pasamos de hacer tres sesiones diarias a una y solo de cardio para no perder la forma”.

Con un neopreno que le proporcionó un triatleta del Club Sitges al que pertenece ha podido entrenar estos días en la playa. “Ojalá no tenga que ir mucho más y volvamos a la piscina, que es nuestra oficina de trabajo y no podemos acceder. No entiendo que tengamos que esperar a que se abra una iglesia, un bar o un museo, no veo lógico que estemos en la fase 1 y no en la 0, como los futbolistas. Vemos que no hay vía libre para todos, ganamos medallas paralímpicas, pero ¿no somos profesionales? El CAR es de lo mejor en medidas de seguridad, solo iríamos a entrenar, sin residencia ni comedores”, añade.

David Levecq tras nadar en el mar.

En esas instalaciones entrena otra de las grandes referencias de la natación, Sarai Gascón, que también ha tenido que recurrir a nadar en la playa. “Después de casi dos meses teníamos muchas ganas de volver a nadar sea donde sea y el mar es una buena opción. No nos lo pensamos dos veces y nos compramos un traje de neopreno. Es cierto que estos días está haciendo una climatología mala, está lloviendo y hay olas, pero es un paso adelante el salir para hacer nuestro deporte”, subraya.

Su pareja y compañero de entrenamientos, José Antonio Marí, también da brazadas por Gavá, Castelldefels y La Barceloneta. “Con la ayuda del Proyecto FER pude comprarme un neopreno y salimos al mar desde la semana pasada. No es la comodidad de una piscina, hay muchos factores externos de los que preocuparte como son la corriente, el viento, la lluvia o el oleaje, es un medio diferente, pero al menos nos reencontramos con lo que tanto nos apasiona”, comenta. Otro valenciano, David Levecq, recupera sensaciones, aunque sin poder realizar trabajo de series.

“Estos primeros días han sido para disfrutar y recordar, aunque la memoria no se pierde después de tantos años nadando. He hecho tres kilómetros diarios, pero sin objetivos de ritmo ni acumular demasiado trabajo, solo volver a tener ese feeling con el agua. Es muy difícil fraccionar las distancias o cambiar de estilos como hacemos en la piscina, cuya vuelta se va a alargar bastante porque no estoy becado en el CAR de San Cugat. Paciencia y a seguir entrenando con bicicleta y con una máquina de remo en casa”, explica.

Íñigo Llopis en la bahía de La Concha.

En la bahía de La Concha en Donostia entrena Íñigo Llopis: “Estoy muy contento de volver a nadar, empecé el lunes de la semana pasada, al principio hacía 1.500 metros y ahora alrededor de 3.000. Las sensaciones son bastante buenas después de tanto tiempo, pensaba que me iba a costar, pero de momento bien. La idea es estar lo mejor posible para cuando pueda regresar a la piscina”. Quien ya nada entre corcheras es Jacobo Garrido en el Club Natación Liceo. El gallego, campeón del mundo en 400 libre, ya bracea en la pileta tras un breve paso por la playa de Mera (A Coruña), siendo uno de los pocos afortunados. Por su parte, los nadadores de Barcelona esperan que el Gobierno autorice que el CAR pueda acoger a deportistas desde este lunes. Mientras tanto, el mar es la única alternativa.

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