La llama volvió a encenderse en el Tirol austríaco y, con ella, también una historia inédita para el deporte español. En los Juegos Paralímpicos de Invierno de 1988, celebrados en Innsbruck del 17 al 24 de enero, España conquistó sus primeras medallas en la nieve. Fue el inicio de un camino que después se convirtió en natural, pero que entonces pertenecía al territorio de los pioneros.
Originalmente, la ciudad canadiense de Calgary iba a albergar la cuarta edición de los Juegos Paralímpicos. Sin embargo, los problemas de financiación obligaron a cancelar el evento con poca antelación. Innsbruck, hospitalaria y experimentada, asumió de nuevo el desafío. A partir de ese mismo año, el Comité Olímpico Internacional decidió que los Juegos Olímpicos y Paralímpicos compartirían siempre sede y candidatura.
España acudía a su segunda cita paralímpica invernal con una expedición modesta pero valiente: siete deportistas dirigidos por el seleccionador Miguel Ángel García y el entrenador Jesús Puente. Entre los 393 participantes de 22 países, el equipo español se abría paso con ilusión y recursos limitados.
Seis compitieron en esquí alpino: Juan José Bombillar, Javier Pascual, Jordi Ylla, Jordi Faurat, Eduardo Norberto -estos tres últimos ya presentes en 1984– y Susana Herrera, la única deportista con discapacidad visual; el resto competía con discapacidad física. En esquí de fondo, por primera vez, España contaba con un representante: el granadino Miguel Ángel Pérez Tello.

Pérez Tello, primera medalla
Las pruebas alpinas se disputaron en Mutters, a cinco kilómetros de Innsbruck, en la entrada del valle del Stubai. El esquí nórdico tuvo lugar en Natters, en un circuito plano con ligeros desniveles. Hasta allí llegó la delegación española tras un viaje de madrugada desde Barcelona, en furgoneta, cruzando el sur de Francia y el norte de Italia durante unos 1.500 kilómetros. Todos menos Pérez Tello, que condujo desde Granada.
Precisamente él escribiría la primera página dorada. El andaluz, escalador que había sufrido la doble amputación de sus pies tras un accidente en la montaña, compitió en la categoría LC3 para esquiadores que competían de pie. El martes 19 de enero, en la prueba de 5 kilómetros, logró la medalla de plata. Era la primera medalla paralímpica invernal de la historia de España.
Días después repetiría hazaña en los 10 kilómetros, sumando su segunda plata. “Los rivales tenían mejores infraestructuras, equipamiento y respaldo, pero fui capaz de pelear ante las potencias”, recuerda con orgullo.
El oro que iluminó la pista
El 20 de enero, en esquí alpino, Susana Herrera -guiada por Jesús Puente- consiguió la medalla de bronce en slalom gigante, categoría B1 para deportistas ciegas. Tuvo que remontar tras haberse saltado dos puertas, pero no cedió.
El 22 de enero llegó el momento histórico. Bajo un cielo despejado y con la nieve reluciendo en la pista austríaca, la esquiadora barcelonesa voló en el descenso para conquistar el primer oro paralímpico invernal español. Fue una victoria luminosa y contundente que abriría camino a siguientes generaciones.

No todo fueron medallas, pero sí gestas silenciosas. En el descenso para deportistas con discapacidad física (categoría LW1), el andaluz José Bombillar sufrió una aparatosa caída cuando, en un salto, se partió la prótesis de su pierna izquierda. Jordi Faurat también cayó y rompió los dos estábilos -muletas con pequeños esquíes en su base- que utilizaba, aunque logró finalizar otras pruebas: fue 17º en slalom y 20º en gigante (LW2).
Javier Pascual, también granadino, terminó 12º en gigante y 13º en slalom (LW4). En categoría LW2, Jordi Ylla fue 24º en gigante, 25º en slalom y 29º en descenso, mientras que Eduardo Norberto firmó un 21º puesto en gigante y un 25º en descenso. Resultados que no subieron al podio, pero que sostuvieron la dignidad de una delegación que competía frente a potencias con mayores medios.
La clausura, celebrada en el estadio olímpico de Innsbruck, contó con la presencia de Guillermo Cabezas, presidente de la Federación Internacional de Deportes de Personas con Discapacidad (ISOD). España regresaba a casa con cuatro medallas -dos platas de Pérez Tello, un bronce y un oro de Susana Herrera- y la certeza de haber abierto un camino. Sobre la nieve del Tirol, España dejó de ser espectadora para convertirse en protagonista.
